Cartas al director

Novela por entregas

El llamado caso Lledó se había convertido en EL PAÍS en una apasionante novela por entregas. Desde hacía varias semanas, nuestro primer afán ante el periódico era descubrir con qué nuevos alardes dialécticos nos sorprendería la cuestión. Los Nieto, Laín, Sádaba, algún editorialista y tantos y tantos otros han sido capaces de deleitamos cada mañana con su demoledor ingenio, reservado sólo para ocasiones de gala. ¿Cuántos habrá que han quedado en el anonimato por culpa de un desconocido guionista obligado a seleccionar entre tanto material?Como era de esperar, el tema languidecía, y menud...

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El llamado caso Lledó se había convertido en EL PAÍS en una apasionante novela por entregas. Desde hacía varias semanas, nuestro primer afán ante el periódico era descubrir con qué nuevos alardes dialécticos nos sorprendería la cuestión. Los Nieto, Laín, Sádaba, algún editorialista y tantos y tantos otros han sido capaces de deleitamos cada mañana con su demoledor ingenio, reservado sólo para ocasiones de gala. ¿Cuántos habrá que han quedado en el anonimato por culpa de un desconocido guionista obligado a seleccionar entre tanto material?Como era de esperar, el tema languidecía, y menudeaban ya los días en que ninguna línea aparecía sobre tal caso. Los que desde fuera asistíamos a tan encendida pugna habíamos entrado otra vez en la tediosa rutina informativa.

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Mas he aquí que, inesperadamente, José L. García, introduciendo argumentos inéditos en tan vehemente polémica, nos devuelve la esperanza de un renovado aluvión de réplicas, contrarréplicas y arbitrajes. Alguien debería recopilar, ordenar y editar tanto talento, reflejo incomparable de un país empeñado en demostrar su propia mediocridad.- José M. Polo. .

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