Kois, activista vecinal: “En EE UU existe un movimiento para que haya gallinas en los patios traseros”

El autor del libro ‘Huertopías’ defiende la profesionalización de una parte de la agricultura urbana, pero advierte del riesgo de hipertecnologizar los cultivos

José Luis Fernández Casadevante, el pasado lunes en el Huerto Utopía, en Vallecas, Madrid.Andrea Comas

Ya sea en una simple maceta, en una azotea o en un barrio entero, para el sociólogo José Luis Fernández Casadevante (Madrid, 46 años), más conocido como Kois, la agricultura urbana es mucho más que huertos o cultivar hortalizas. En el nuevo libro Huertopías (Ed. Capitán Swing), este activista de movimientos vecinales recopila algunas de las experiencias más llamativas del mundo de este tipo de cultivos que buscan renaturalizar las ciudad...

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Ya sea en una simple maceta, en una azotea o en un barrio entero, para el sociólogo José Luis Fernández Casadevante (Madrid, 46 años), más conocido como Kois, la agricultura urbana es mucho más que huertos o cultivar hortalizas. En el nuevo libro Huertopías (Ed. Capitán Swing), este activista de movimientos vecinales recopila algunas de las experiencias más llamativas del mundo de este tipo de cultivos que buscan renaturalizar las ciudades, construir vínculos entre los vecinos y poner en duda el actual sistema alimentario.

Pregunta. ¿Qué tiene de particular el caso de Todmorden con la agricultura urbana?

Respuesta. A las afueras de Manchester, Todmorden es una pequeña localidad donde hace unos años surgió una iniciativa muy emblemática que se llama Increíble y comestible. Unas amigas empezaron a organizar una red grande de gente para cultivar en espacios públicos infrautilizados, con una filosofía bastante particular: cualquier persona o turista puede coger libremente los alimentos cultivados. No siguen un criterio productivo, sino crear vínculos y generar cambios de mentalidad y de hábitos. También han conseguido que muchos servicios públicos de proximidad instalen huertos con una vocación demostrativa, en lugares significativos como la comisaría, el parque de bomberos, los colegios, el centro de salud….

P. Asegura que los huertos urbanos han dejado de ser una anécdota en España.

R. El salto en España se produce en torno a los años 2010 con la crisis financiera y el momento 15M. De 16 municipios con proyectos de agricultura urbana se pasa a 460. Se produce un cambio enorme.

P. Los huertos tienden a propagarse en las ciudades en momentos turbulentos.

R. Es una constante histórica, desde que llega la revolución industrial y la agricultura se queda un poco arrinconada en los márgenes de la ciudad, esta vuelve recurrentemente en contextos de crisis socioeconómica y en las guerras mundiales.

P. ¿Por qué plantar tomates ayuda a construir ciudades?

R. Aparte de alimentos, los huertos producen cosechas intangibles que tienen que ver con cómo se reconstruyen los vínculos a nivel local, a escala de barrio. Estos espacios son mucho más inclusivos que otras experiencias asociativas, por lo general, los huertos están rodeados de una valla que es transparente, los vecinos ven lo que pasa dentro y es fácil que te inviten a pasar. Normalmente, la gente entra de una a una y sale de cuatro en cuatro. Estos lugares ayudan a fortalecer tejidos asociativos, vecinales, a generar redes informales de ayuda mutua, de solidaridad, de amistad. La gente empieza a compartir conversaciones sobre las plantas y acaba hablando de sus propias vidas.

P. Pero también defiende una profesionalización de la agricultura urbana. ¿No es así?

R. Una de las líneas que está emergiendo a escala internacional es la necesidad de profesionalizar la agricultura urbana. Por lo menos, una parte de ella, no la social, recreativa, comunitaria, que ya tiene su propio desarrollo y que está muy consolidada. La idea es maximizar la producción y que se oriente a la venta de proximidad. En el mismo Madrid tenemos el proyecto Barrios Productores, todavía en construcción, un vivero de empresas agrarias municipal. La idea es que se cede suelo, como dos hectáreas, para iniciativas profesionales de agricultura urbana.

P. ¿Puede dar algún ejemplo de iniciativa comercial que esté ya funcionando?

R. Me gusta mucho Sole Food Street farms, una de las granjas urbanas comerciales de mayor envergadura del mundo, que está en el barrio más pobre de Canadá, Vancouver Downtown Eastside. Cultivando en 2.000 macetas enormes han conseguido generar 20 puestos de trabajo, la mayoría ocupados por personas del barrio que van rotando. Aparte de suponer un cambio enorme en el paisaje de una zona degradada, esta iniciativa producen 30 toneladas anuales de alimentos ecológicos, de alta calidad. Una parte de las verduras y hortalizas se comercializa mediante un sistema cooperativo sostenido por la comunidad, así como la venta en mercados de productores y restaurantes locales.

P. Asegura que la agricultura urbana más profesionalizada está apostando claramente por las granjas verticales. ¿En qué consisten?

R. Una granja vertical es como se denomina al cultivo de alimentos dentro de las ciudades en espacios cerrados, recuperando naves, sótanos, aparcamientos… Son iniciativas con un alto grado de tecnologización, que sustituyen el suelo, el sol y los nutrientes orgánicos por circuitos artificiales cerrados de agua, nutrientes y luz artificial, con LED. En general, se usan para cultivar alimentos de hoja que se venden como hiperfrescos. Es una modalidad que tiene sus bondades y resulta interesante para climas en los que prácticamente no haya sol, con determinadas dificultades. Pero también supone otros riesgos. Una lechuga de una granja vertical usa cien veces más energía que una tradicional.

P. ¿No comparte entonces este tipo de profesionalización?

R. Se está empezando a invertir mucho en este tipo de agricultura urbana, fondos de inversión de capital riesgo y grandes tecnológicas, así como importantes cadenas de supermercados, como Wallmart. El riesgo está en hipertecnologizar la agricultura urbana y depender de verduras con unos balances energéticos enormes o de sistemas de patentes de las empresas. La agricultura urbana surgió para plantear una transformación y democratización del sistema alimentario, pero eso no está en este modelo.

P. Cuenta que en China ya hay incluso edificios urbanos que son grandes criaderos de cerdos.

R. En la ciudad china de Ezhou hay un edificio que parece de viviendas y es una macrogranja urbana de cerdos.

El autor del libro 'Huertopías' en un momento de la entrevista.Andrea Comas

P. ¿Qué son los agrobarrios?

R. El concepto de agrobarrio nace en Detroit, una ciudad que ha vivido un colapso sociourbanístico. En el proceso de reconstrucción, se puso en marcha una iniciativa para regenerar una zona urbana degradada por medio de una granja urbana, profesionalizada, pero con fuertes vínculos comunitarios. A partir de ahí están alimentando a miles de personas y se ha desatado un pequeño movimiento en todo Estados Unidos que empieza a entender el interés de la agricultura como estrategia para regenerar zonas urbanas degradadas. Ya no se trata de introducir huertos de forma aislada, sino de concebir estrategias integrales de intervención a la escala de barrio.

P. En este caso no solo se trata de agricultura sino también de ganadería. ¿No es así?

R. Sí, tienen cabras, tienen cerdos, y necesitan superficies más grandes para cumplir estándares de bienestar animal. Estas granjas están más orientadas a la educación ambiental, pero también aprovechan la leche y los huevos. En EE UU existe un movimiento que pide flexibilizar los criterios de ganadería urbana, para facilitar incluso que haya gallinas en los patios traseros.

P. En las elecciones de 2023 Isabel Díaz Ayuso propuso que cada balcón de Madrid tenga una planta. ¿Qué opina?

R. A mí la idea de que cada balcón tenga una planta me parece muy interesante. No como la gran medida para actuar frente al cambio climático, porque desde esta óptica es ridícula, no es seria. Pero en términos de cultivar una nueva sensibilidad ambiental resulta interesante. Si empiezas por una planta, acabas teniendo más.

P. ¿Qué es la miel de aeropuerto?

R. Es miel procedente de una red de aeropuertos que tienen colmenas. En algunas ciudades las condiciones para tener abejas son muy exigentes, porque te aplican la misma normativa de ganadería industrial, por ello se recurre a los aeropuertos. Una de las primeras iniciativas surgió en Hamburgo y luego pasó a replicarse en aeropuertos de toda Alemania y de todo el planeta.

P. ¿Considera realmente viable alimentar a las ciudades con estos sistemas de agricultura?

R. Por mucho que se cultive dentro de las ciudades, hay que tener claro que estas no van a ser autosuficientes. La cuestión no es a cuánta gente se da de comer, sino a cuánta gente se conecta con la necesidad de desarrollar sistemas alimentarios alternativos. Los estudios nos dicen que la gente que participa de agricultura urbana come más verdura, se preocupa por comer de estacionalidad, por comer de proximidad, por si sus alimentos han sido cultivados o no de forma ecológica y por las condiciones laborales de las personas que lo cultivaron. Por lo tanto, sería como un aliado estratégico para cambiar el sistema alimentario.

P. ¿Qué piensa del miedo a que el reverdecimiento de los barrios contribuya a su gentrificación?

R. Hay que arriesgar. La gentrificación es un problema, y otro problema es tomar la gentrificación como categoría unicomprensiva de los problemas en la ciudad. Los movimientos vecinales no podemos estar entre la espada y la pared, pensando que cualquier mejora que consigamos para los barrios puede acabar acelerando las dinámicas de expulsión. En algunas ciudades americanas empezó a haber manifestaciones vecinales contra la llegada del transporte público o contra la construcción de parques. Estamos llegando a dinámicas absurdas.

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