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Desempleo
Opinión

Más que números

El reto que enfrenta el país en materia de desempleo es sustantivo y abordarlo requerirá coraje por parte de las autoridades. Sin una reactivación económica, sin un repunte de las inversiones, sin incentivos eficaces, el escenario de emergencia laboral de los últimos tres años se tornará crónico y difícil de revertir

Feria Nacional de Empleo, en Santiago de Chile, el 18 de noviembre de 2025.Ministerio del Trabajo y Previsión Social

El desempleo es un drama que va más allá de los números. Pero los números son un elemento de análisis fundamental, no para contradecir a quienes sostienen que el país no enfrenta una emergencia laboral, sino para hacer una composición de escena que ayude a entender las múltiples dimensiones en juego en este problema, uno que se ha tornado crónico y complejo.

A continuación, algunos datos.

Cada décima de la tasa de desempleo en el país equivale a poco más de 10.000 personas que buscan trabajo y no logran encontrarlo. Personas a las que cada vez les toma más meses encontrar empleo, al punto que hoy el desempleo de larga duración está en los niveles más altos desde 2022, afectando de manera más intensa a las mujeres y los jóvenes de entre 18 y 25 años, grupos para los cuales la tasa de desocupación supera el 22%.

El desempleo lleva 38 meses sobre el 8%, nivel excepcional para un período sin crisis externa y que está lejos de las tasas observadas durante buena parte de la década pasada, que oscilaban en la banda del 6% al 7%, cerrando incluso en varias mediciones trimestrales bajo el 6%. De hecho, el último dato de 8,3% de febrero tiene el agravante de no dar señales de mejora pese a corresponder al tradicionalmente mejor momento estacional del empleo.

Pero eso no es todo: las cifras de los últimos meses muestran que la creación de puestos de trabajo no está repuntando. Y muy probablemente no lo harán a corto plazo, como podría inferirse a partir del índice de avisos de ofertas de puestos de trabajo que elabora el Banco Central, el cual está estancado en niveles históricamente bajos. A lo anterior se suma que el registro de cartas de despido por necesidades de la empresa que informa la Dirección del Trabajo sigue elevado y con una tendencia al alza.

Asimismo, cuando se mira con detención el perfil de los nuevos ocupados, tampoco se aprecian señales alentadoras. Un 90% de estos corresponde a personas que lo hacen en la informalidad, incorporándose a un grupo donde actualmente hay unos 2,5 millones de personas que trabajan en condiciones de precariedad, en empleos de menor calidad, con falta de certezas y protección social.

Otro antecedente importante para valorar el estado de cosas en el mercado del trabajo es que a nivel de expertos se ve con preocupación el desacople que se está registrando entre la actividad económica y la creación de puestos de trabajo, así como el comportamiento anómalo que exhibe el país en el contexto regional, donde se aprecia una recuperación del mercado del trabajo. Hoy, de hecho, el país es top 2 en desempleo en América Latina y top 5 entre las naciones de la OCDE.

Esos son los números. Y, probablemente, se podría aportar más que configuran un panorama preocupante para el mercado del trabajo.

Si el crecimiento económico, las expectativas y un mayor dinamismo de las pymes son palancas para comenzar a vislumbrar un cambio de tendencia, habría que decir que las circunstancias actuales, con un deteriorado escenario internacional, un inesperado Imacec negativo en febrero, y un freno en los niveles de confianza empresarial y de consumidores, no permiten anticipar un cambio significativo a corto y mediano plazo. Tampoco lo hace la estrechez fiscal y la consecuente disminución del gasto público, así como la progresiva entrada en vigor de regulaciones que inciden directa o indirectamente en el costo de la mano de obra.

El reto que enfrenta el país en materia de desempleo es sustantivo y abordarlo requerirá coraje por parte de las autoridades. Sin una reactivación económica sólida, sin un repunte de las inversiones privadas, sin incentivos eficaces a la contratación y formalización del empleo (en un mundo donde hay fuerzas poderosas que mueven a la sustitución de trabajadores), sin una efectiva red de capacitación de trabajadores, el escenario de emergencia laboral de los últimos tres años se tornará crónico y difícil de revertir, con las consiguientes consecuencias sociales. La buena noticia es que cada vez son más las personas que asumen que el diagnóstico de emergencia no es una exageración, sino que un necesario acto de honestidad.

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