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El peronismo abraza la “unidad en la diversidad” para evitar una catástrofe electoral

Las corrientes internas del partido que gobierna en Argentina declaran un alto el fuego como estrategia contra “el retorno de la derecha”

Peronismo Argentina
Un afiche callejero conmemora el 17 de octubre de 2022 el Día de la Lealtad Peronista, en el centro de Buenos Aires.JUAN MABROMATA (AFP)

El peronismo tiene el don de la supervivencia. Pese a los achaques de la edad -pronto cumplirá 80 años desde su primer triunfo electoral en Argentina-, reacciona cuándo se percibe demasiado cerca del precipicio. Lo hizo en mayo de 2019, cuando Cristina Kirchner engendró la candidatura de Alberto Fernández que venció a Mauricio Macri con el 48% de los votos. Y lo hizo otra vez ahora. El jueves de la semana que pasó, el peronismo volvió a juntarse tras un año de peleas internas. Fue, como hace cuatro años, por pura necesidad. En octubre hay elecciones generales y las cosas no pintan bien para el partido de Gobierno. Mientras arrecia la crisis económica, el presidente y su vice no se hablan. 33 dirigentes -entre ellos Alberto Fernández, pero no Kirchner -acordaron tras cinco horas de discusiones en la sede del partido unirse “en la diversidad” para “evitar el retorno de la derecha”. Es, al final del día, lo que mejor saben hacer los herederos de Perón: juntarse para ganar elecciones.

La coalición que gobierna Argentina se llama Frente de Todos. El “todos” incluye a Kirchner y el kirchnerismo, a Alberto Fernández y al albertismo, y a Sergio Massa, ministro de Economía, y el massismo. Pero la cosa no termina ahí. En la bolsa también hay gobernadores que buscan su propio espacio, sindicalistas poderosos y líderes de movimientos sociales. En diciembre pasado, horas después de ser condenada por corrupción a seis años de cárcel e inhabilitación para ejercer cargos públicos, Kirchner anunció en un video que declinaba cualquier aspiración electoral. “No seré candidata a nada”, dijo. Su decisión abrió un agujero en la estrategia del Frente. Kirchner es la figura más convocante del peronismo, aunque no tanto como para ganar en soledad. Sin Kirchner, Alberto Fernández, cuya popularidad no supera el 30%, vio una puerta abierta para su reelección, en una carrera en la que también participa Sergio Massa. El mapa, que parece simple, oculta un entramado complejísimo.

La reunión del jueves fue una especie de catarsis colectiva. El albertismo le reprochó al kirchnerismo que no lo deja gobernar. El kirchnerismo le achacó al presidente que “se corta solo” y no escucha al grupo mayoritario de la coalición. El massismo advirtió que el ruido político complica los esfuerzos de Massa por bajar la inflación (que en 2022 se acercó al 100%) y por cumplir con las metas de austeridad fiscal y acumulación de reservas acordadas con el FMI hace un año. Massa había prometido un IPC menor al 4% en marzo, pero el 6% registrado en enero ya vuelve imposible cumplir con esa meta. Está en veremos, incluso, que pueda cerrar 2023 con el 60% de inflación que figura en el presupuesto aprobado por el Congreso.

“Ningún mal resultado en un partido me va a sacar de la pelea en el campeonato por bajar la inflación”, dijo Massa luego de la reunión. Si fracasa, sus aspiraciones presidenciales se esfuman. Y ahí está el presidente, expectante. Fernández demora todo lo que puede definir si será o no candidato, mientras el kirchnerismo le advierte que ni sueñe con un nuevo mandato. En el cónclave se acordó al menos que habrá elecciones primarias (PASO) en agosto, como exige la ley, pero siempre que Fernández se baje. “Pensamos que es muy difícil que se realicen unas PASO contra el presidente”, dijo el ministro de Interior, Eduardo de Pedro, representante de Kirchner en la reunión del Frente de Todos. Una campaña donde los candidatos critiquen la gestión debilitaría aún más a la Casa Rosada, piensan en el kirchnerismo.

¿Y Cristina Kirchner? La vicepresidenta es, incluso en su debilidad, la figura más convocante del peronismo. Pero sus problemas judiciales lastran cualquier estrategia política. En el cónclave peronista se resolvió formar una comisión para convencerla de que sea candidata, ya sea a presidenta o a senadora por la provincia de Buenos Aires, su bastión electoral. Alberto Fernández estuvo de acuerdo: suscribe a la tesis kirchnerista de que Cristina esta proscripta desde diciembre, cuando fue condenada por corrupción. Obtuvo, a cambio de su apoyo, la promesa de que el fuego amigo contra su gestión no será letal, como hasta ahora.

“Hubo un gran compromiso de todos los sectores de realizar un plan de acción para solicitarle a Cristina que revea su decisión” de no ser candidata, dijo el ministro De Pedro. El operativo clamor alcanzará su cénit el 24 de marzo, durante las conmemoraciones por un nuevo aniversario del golpe militar de 1976. La propuesta apenas oculta una contradicción en el discurso oficial: Kirchner se dice proscripta, pero como la sentencia no está firme, ni lo estará en el corto plazo, no está impedida de ser candidata.

La oposición, mientras tanto, mira los vaivenes de la Casa Rosada con el entusiasmo de quien ya se siente ganador. Pero esa misma convicción de triunfo ha recalentado más de la cuenta su propia interna por elegir candidato. El expresidente Mauricio Macri mantiene el suspenso de su candidatura, mientras alimenta la pelea interna.

Esta semana se lanzará a la carrera el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, el centrista Horacio Rodríguez Larreta. Su decisión lo enfrenta a Macri y a los sectores más a la derecha de Juntos por el Cambio, como se llama la coalición opositora. Allí está a la espera Patricia Bullrich, exministra de Seguridad de Macri, mientras buscan su propio espacio los dirigentes de la Unión Cívica Radical (UCR), partido centenario que supo ser el principal contrapeso del peronismo. Faltan ocho meses para las elecciones presidenciales en Argentina, una eternidad.

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