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ELECCIONES EN COLOMBIA
Opinión

“A la izquierda le gusta que haya pobres”

Con las frasecitas sobre la inseguridad, los atentados y la violencia como producto de la derecha, la izquierda dejó ver las costuras de su estrategia de manipulación emocional

Simpatizantes de Iván Cepeda, durante la Conmemoración del Día Internacional del Trabajador, en Bogotá, el 1 de mayo.NATHALIA ANGARITA

“La derecha ya empezó con su estrategia de vender miedo para que la gente vote por ella”, dicen unos. “A la derecha le gustan los atentados terroristas porque eso les da votos”, argumentan los más atrevidos. Ambas frases, más que venir de un concienzudo análisis político, no son más que lugares comunes que en los últimos días han empezado a hacer circular algunos políticos afines al Gobierno de Petro para hacer énfasis en lo inconveniente que resulta para Colombia no solo votar por la derecha, sino que exista una derecha en el espectro político y democrático.

Más allá de que esas afirmaciones se hacen sin mostrar una sola prueba respecto a tan perversa acusación, lo interesante llega cuando, como un mero ejercicio argumentativo, se busca construir una serie de frases que funcionen de manera parecida, pero ahora soportando una teoría de la conspiración que tenga como punto de partida los sectores de izquierda.

“A la izquierda le gusta que haya pobres” o “la izquierda avanza en su tarea de empobrecer a los colombianos para que haya más necesitados que voten por ella”, podrían ser algunas de las frases surgidas de ese potencial ejercicio de extrapolación. Incluso, se podría hacer un esfuerzo extra y darle mayor consistencia a tal señalamiento que, repito, sirve mucho en este ejercicio retórico. ¿Qué tal decir? “Lo mejor que pudo hacer la izquierda fue desfinanciar el sistema de salud para echarle la culpa a los privados de la mala atención. Así justifican los cambios que quieren hacer a todo el sistema y logran conseguir más votos en las próximas elecciones”.

Por eso dije más arriba que lo interesante llega cuando se busca construir un concepto similar, pero aplicado a la otra orilla del espectro político. Porque mientras desde la izquierda señalan sin pruebas a los políticos que no hacen parte del Pacto Histórico de ser una especie de vampiros ávidos de sangre y muerte, lo que sí está más que demostrado es la indolencia del actual gobierno con miles y miles de pacientes que viven la larga agonía del sistema de salud que, por decisión única del presidente y su ministro de salud, viene marchitándose sin importar los muertos que resulten.

Pasa algo similar con la educación universitaria. Antes del Gobierno de Petro, los jóvenes de escasos recursos que querían acceder a las universidades privadas más prestigiosas del país podían contar con el respaldo de los créditos del ICETEX. Pero como ya vimos que el razonamiento político-electoral de los integrantes del Pacto Histórico tiene como esquema crear nuevas necesidades (o amplificar las existentes) para sobre ellas movilizar a los votantes, pues ahora los jóvenes que se gradúan del bachillerato ya no cuentan con respaldo estatal para su acceso al crédito. Si quieren estudiar, que entren a la universidad pública. Cosa que no estaría mal si todas las universidades públicas tuvieran estándares similares a los de las universidades privadas, pero ese ya es otro asunto.

El hecho es que, con las frasecitas sobre la inseguridad, los atentados y la violencia como producto de la derecha, la izquierda dejó ver las costuras de su estrategia de manipulación emocional en términos generales: lo suyo no es llegar a resolver problemas, sino crearlos. Una vez consolidado el problema, se puede culpar a alguien (oposición, medios, empresarios o agente extranjero) de lo que no funciona bien y acto seguido se vende como la solución a tan delicado problema. Sea cual sea la verdad, ¿quiénes son las víctimas? El mismo pueblo que unos y otros dicen defender.

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