Verónica Forqué en los cielos
En el libro biográfico ‘No soy Verónica Forqué’, firmado por su hija y por el dramaturgo Antonio Álamo, se abordan temas que solo se comentaban ‘sotto voce’ porque aquí, si todo el mundo fuera franco, no quedaba piedra sobre piedra
Algún medio sacó el video de la llegada de María Iborra a casa de su madre, Verónica Forqué. María iba con mallas, una bomber y gafas de sol. Los flashes la ametrallaban con la misma ráfaga sonora que los hubiera acompañado en una alfombra roja, pero el sonido era bien diferente; la ocasión también lo era.
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Algún medio sacó el video de la llegada de María Iborra a casa de su madre, Verónica Forqué. María iba con mallas, una bomber y gafas de sol. Los flashes la ametrallaban con la misma ráfaga sonora que los hubiera acompañado en una alfombra roja, pero el sonido era bien diferente; la ocasión también lo era.
Verónica Forqué se había suicidado al poco de terminar la emisión de Masterchef Celebrity. Tras el gran revuelo, la vida siguió, la televisión siguió. Forqué había sufrido en carne propia alcance y consecuencias de la edición televisiva. Se cogían sus peores caras, sus salidas de tono, sus primeros planos con los ojos desencajados. Verónica era un cuadro de Rouault en movimiento. En la superficie de su cara, la ira, y al fondo, el dolor. La televisión no se contempla, la televisión se ve, y en el mejor de los casos se mira. Esa edición de Masterchef Celebrity parecía un catálogo de hordas infernales (si un día llega a mis manos la Configuración del Lamento y la toco, seguro que me salen media docena de estas personas dando voces y haciéndose selfies). Había concursantes cuyo currículo era medrar de fiesta en fiesta, y había concursantes con una carrera imbatible y alguna factura pendiente. En este último grupo estaban, entre otras, Verónica Forqué y Victoria Abril. Así es la tele, “muslámen y lentejuela”, como decía un productor. No entiendo cómo algunos concursantes de Masterchef no le han dejado a Jordi Cruz y a Samantha (el otro da un poco igual) un regalito en el postre como el del final de Caótica Ana.
En varios medios del grupo Vocento ha sido publicado el adelanto del libro biográfico No soy Verónica Forqué, firmado por su hija y por el dramaturgo Antonio Álamo. María Iborra Forqué, más conocida como Virgen María, ha abordado temas que solo se comentaban sotto voce porque aquí, si todo el mundo fuera franco, no quedaba piedra sobre piedra. A ella le da igual, su mundo es el de la performance, donde los demás no entendemos nada y el artista… pues a veces tampoco, pero ahí está su visión. Por esto (además de por ser la hija) es la indicada para contarnos quién fue esa pelirroja de ojos vivarachos que un mal año se coló en nuestras televisiones a fingir que aquella guerra iba de saber cocinar. Ojalá el libro no cause solo revuelo y empecemos a pensar antes de hacer.