Los sueños rotos de la refugiada Nema Musa: En Sudán “tenía comida, una rutina y una vida”
El conflicto en Sudán ha provocado el desplazamiento de 12,9 millones de personas. De ellos, más de un millón han huido a Sudán del Sur, donde la poca ayuda que llega peligra tras la suspensión de USAID
Nema Musa (22 años) estudiaba periodismo en el Nile College, en Jartum, la capital de Sudán. Cuando el 15 de abril de 2023 estalló el conflicto que enfrenta al ejército regular del país y a las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido, su plan de futuro se derrumbó: pasó de ser una estudiante con el propósito de “ayudar a los demás” a abandonar su ciudad y convertirse en una desplazada interna. Decidió finalmente huir por carretera y buscar un lugar más seguro en la vecina Sudán del Sur junto a sus dos hermanas y su madre. Ahora vive atrapada en una paradoja: pasa sus días en el centro de tránsito de Renk, un lugar que antes de la guerra era una residencia universitaria y que en estos momentos alberga a 16.000 personas, el doble de su capacidad máxima, según afirman fuentes humanitarias en el terreno. En la imagen, Nema Musa, en el centro de tránsito de Renk, el pasado 14 de febrero.Diego MenjíbarEn la fotografía, un camión cargado con refugiados sudaneses llega al centro de tránsito de Renk, donde son registrados como refugiados por la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), el pasado 14 de febrero. Así llegaron Nema Musa, sus hermanas y su madre. Según los últimos datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) de marzo de 2025, 12,9 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares en Sudán debido a la guerra. De ellos, 8,9 millones son desplazados internos y 3,8 millones han cruzado la frontera para refugiarse en países vecinos.Diego MenjíbarUna vez que los refugiados cruzan a Sudán del Sur, un camión de la OIM les espera para trasladarlos hacia Renk, una ciudad a unos 60 kilómetros donde podrán alojarse en un centro de tránsito. En el camión cargan todas las pertenencias —maletas, comida, colchones o catres—, que han sido capaces de llevar consigo desde que abandonaron su hogar.Diego Menjíbar
Zakiya Bahit (47 años), la madre de Nema Musa, desearía que sus hijas pudieran tener una buena educación y dice que “estaría muy orgullosa de ver a su hija trabajando como periodista”. Nema Musa, en la fotografía, explica que en Jartum tenían “comida, una rutina y una vida”. “Aquí no hay nada”, afirma.Diego MenjíbarNema Musa huyó de Sudán con la libreta de la universidad, los recibos de pago de sus últimos años y su tarjeta universitaria para demostrar que era una estudiante y poder seguir con sus estudios.Diego MenjíbarMarjwuk Oriak Pupit (26 años) retornada sursudanesa, momentos antes de ser trasladada a Renk. Ella cruzó la noche anterior por la frontera de Joda junto con su madre, huyendo de la guerra en Sudán. Hasta el estallido de la guerra civil, Sudán era el país que más refugiados sursudaneses acogía, 800.000 de un total de dos millones esparcidos por las vecinas Uganda y Etiopía. Pero desde abril de 2023, más de un millón de personas han buscado un lugar seguro en Sudán del Sur, según Acnur. De acuerdo con los últimos datos de marzo, 733.530 eran retornados sursudaneses como Marjwuk Oriak Pupit y 344.195 refugiados sudaneses. Diego Menjíbar
Mujeres sudanesas y sursudanesas que huyen de la guerra en Sudán acaban de llegar a Wunthou, tierra segura pero incierta en Sudán del Sur, donde un camión y pequeños autobuses de la OIM las esperan para poder seguir su ruta migratoria, el 12 de febrero de 2025. Los picos de entradas fluctúan en función del conflicto en Sudán. Por ejemplo, las ofensivas en diciembre, correspondientes a los movimientos en el frente con el avance del Ejército sudanés que empuja a los rebeldes hacia el oeste, provocaron la entrada de más de 5.000 personas al día en Sudán del Sur, tanto por pasos fronterizos oficiales cómo informales, según datos de la ONG Médicos Sin Fronteras, que trabaja en la zona. En febrero hubo picos de 2.000 a 2.800 y, desde marzo, la tendencia está a la baja pero con picos de 1.400 al día.Diego MenjíbarNema Musa junto con sus hermanas, Eman (29 años) y Hanna (17 años). Ambas desearían estudiar medicina. A la derecha, Zakiya Bahit, la madre, en una imagen tomada el pasado 14 de febrero. Otro de sus hijos, Mitias, se ha quedado en Jartum cuidando la casa. Diego MenjíbarLa guerra de Sudán, la mayor crisis humanitaria del planeta, ha alterado los sueños de millones de personas, entre ellas los de Nema. Es, además, un conflicto especialmente cruel con las mujeres debido a la violencia sexual perpetrada por ambas facciones enfrentadas. Según datos de septiembre de ONU Mujeres, aproximadamente unos 5,8 millones de los desplazados internos son mujeres y niñas. Tres millones de este grupo son menores de 18 años. En la imagen, la hermana pequeña de Nema Musa, Hanna, plancha ropa dentro de su casa provisional en el centro de tránsito de Renk. Las cuatro paredes y el techo están hechos de placas metálicas. Diego MenjíbarEsta es la casa de Halima Hamed (25 años), que vive en el centro de tránsito de Renk. Cruzó la frontera de Sudán a Sudán del Sur el 26 de julio de 2023 y un camión la llevó junto con su madre y seis niños de menos de siete años a Renk. Su objetivo es proseguir su ruta hacia Estados Unidos, donde tiene una tía.Diego MenjíbarHalima Hamed estudió durante dos años Educación en la Universidad Blue Nile de Damazeen. “Quería ser maestra para ayudar a las personas de mi comunidad, pero ahora me dedico a dar clase a los seis niños que están en casa”, explica. Los pequeños tienen los ojos legañosos e hinchados por la conjuntivitis que sufren como consecuencia de la falta de higiene y las condiciones en las que tienen que vivir. La poca ayuda que les llega peligra después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenara la suspensión de USAID, la agencia de cooperación del país. Más de la mitad de la ayuda humanitaria en Sudán del Sur, el 56,7%, proviene de fondos estadounidenses.Diego MenjíbarSudán del Sur se independizó de Sudán en 2011 tras décadas de conflicto, que incluyeron dos guerras civiles prolongadas. Un conjunto de troncos de madera y neumáticos con una bandera surdanesa en mitad de la carretera que unía la ciudad de Renk, en Sudán del Sur, con Jartum, capital de Sudán, sirve de demarcación fronteriza. En la imagen, un perro descansa en el límite de la frontera, el pasado 12 de febrero.Diego Menjíbar