El milagro económico español
Si la guerra de Irán no alumbra una catástrofe económica, este país tiene mejores puntos de apoyo que sus vecinos
Si la guerra de Irán no alumbra una catástrofe económica, y aunque la crisis mantenga su preocupante ritmo de galope, este país tiene mejores puntos de apoyo que sus vecinos.
Así, el déficit público al 2,2%; la deuda, 24 puntos por debajo del peor pico de la pandemia, en marzo de 2021 (124,2%); la el...
Si la guerra de Irán no alumbra una catástrofe económica, y aunque la crisis mantenga su preocupante ritmo de galope, este país tiene mejores puntos de apoyo que sus vecinos.
Así, el déficit público al 2,2%; la deuda, 24 puntos por debajo del peor pico de la pandemia, en marzo de 2021 (124,2%); la electricidad, entre un tercio y la mitad más barata que los socios; el empleo rozando los 22 millones de cotizantes, cuando eran menos de 10 millones en 1985, antes de entrar en la Europa comunitaria.
Al final la base va siendo el potente crecimiento económico. No solo en el trienio 2022-2024 el PIB de España ha crecido a un ritmo 3,25 veces superior a la media de la eurozona. Es que el FMI pronostica para este año un alza de la economía del 2,1%. Y ya el dato español del primer trimestre (alza del 0,6%) duplica el alemán (0,3%).
¿De verdad estas cifras no pespuntean un milagro económico? Complacencias y ninguneos aparte, ¿acaso no sirven a todos, de todas las sensibilidades, como plataforma de futuro? O sea, para mejorar lo pendiente, que solo se identifica bien cuando se reconoce lo ya alcanzado.
Los lectores críticos —¡gracias!, nos obligan a más— aducen, raudos, que el crecimiento es un concepto algo etéreo, que no da cuenta al detalle del progreso real, ni de la equidad o injusticia en su distribución.
Cierto, si se comparan las rentas de las clases trabajadoras con las de los ejecutivos bancarios, por ejemplo. Cierto, porque en épocas de crisis (y llevamos algunas) los salarios tardan más en equipararse a la inflación, y en sus primeros compases (a veces en todos), se registran pérdidas de poder adquisitivo. Y eso resulta dramático respecto al problema de la vivienda.
Pero también es noticia el salto de los sectores menos protegidos. El 10% más pobre de los asalariados aumentó un 50% su remuneración entre 2017 y 2023 (Instituto de Estudios Fiscales). Y además, si el empleo es la mejor política social porque difunde efectos positivos en todos los ámbitos, su evolución resulta relevante. Desde la pandemia ya no ocurre que cada crisis se maneje con ajustes de empleo, o sea, con más paro. Ya no.
Además, otras dos maldiciones tradicionales capotan. La inversión total, pública y privada, lleva cinco años tomando pulso. Por quinto ejercicio ha aumentado continuamente: en 2025 creció un 5,1% (Fundación BBVA e IVIE).
Y la productividad, incluso en fase de alto absentismo, también: empezó a recuperarse en 2014 (Gobierno Rajoy), hasta 2019, al ritmo de un 0,5%. Y se duplicó al 1% de media entre esa fecha y el año pasado (Primer Informe del Consejo de Productividad de España): esa es la madre de todas las batallas: para asegurar aumentos de rentas; para exportar más, para competir mejor; para mejorar el Estado del bienestar. Aún falta bastante para acabar de colmar la brecha con la media de la UE. Pero la nave va.