El Aena: lotería para escritores
¿Qué dinero puede comprar la entrega absoluta y brutal, la obsesión enfermiza, el sacrificio de una vida entera persiguiendo lo inaprensible?
Literatura y dinero: qué términos más antitéticos. Nada se aleja más del materialismo capitalista que la vivencia radicalmente profunda y gozosa que provoca la lectura. O la intensa emoción de crear a través del lenguaje. Pero, ay, las palabras y las frases no llenan neveras ni pagan facturas y los escritores no hemos conseguido, hasta la fecha, sobrevivir alimentándonos de papel y tinta, ni chupando la pantalla del ordenador. De ahí la esquizofrenia: en la intimidad de la página en blanco buscamos lo sublime, lo ideal, nos mueve la libertad artística. Fuera de ella tenemos que buscar el modo ...
Literatura y dinero: qué términos más antitéticos. Nada se aleja más del materialismo capitalista que la vivencia radicalmente profunda y gozosa que provoca la lectura. O la intensa emoción de crear a través del lenguaje. Pero, ay, las palabras y las frases no llenan neveras ni pagan facturas y los escritores no hemos conseguido, hasta la fecha, sobrevivir alimentándonos de papel y tinta, ni chupando la pantalla del ordenador. De ahí la esquizofrenia: en la intimidad de la página en blanco buscamos lo sublime, lo ideal, nos mueve la libertad artística. Fuera de ella tenemos que buscar el modo de obtener ingresos, como cualquier hijo de vecino. Pero ¿qué dinero puede comprar la entrega absoluta y brutal, la obsesión enfermiza, el sacrificio de una vida entera persiguiendo lo inaprensible? Pues no se lo digan a mis editores, pero eso no tiene precio. A los escritores nos convendría más no ser de carne y hueso, no tener que comer ni dar de comer a los nuestros. Celebro que los cinco finalistas y la ganadora del premio Aena reciban un ingreso considerable, me alegro por ellos. Pero el resto de currantes de las letras seguiremos picando piedra en la mina para sostenernos biológicamente y así no dejar de escribir por inanición. La precariedad del sector llega a niveles dramáticos, y sin base la cultura se desmorona.
¿Pero tú qué harías con un millón de euros? Fue la pregunta más repetida en la cena del miércoles con motivo de la entrega del Aena. Creo que todos los escritores desheredados de la tierra respondimos lo mismo: comprarme un piso. Bueno, antes hay que pagar el 48% de IRPF que vuelve al Estado que da el premio, así que de millón nada. ¿Taparíamos agujeros como dice la gente que haría con el Gordo de Navidad? La mayoría buscaríamos un sitio donde meter todos los libros, y los niños, el marido, la mascota, un sitio con una “habitación propia” donde seguir trabajando. Porque somos autónomos pagando la cuota mínima y ya sabemos lo que nos espera: seremos, seguro, viejos pobres de solemnidad. Con mucha obra publicada y muchos reconocimientos pero comiendo latas de atún todos los días.
Durante la cena, yo no pensaba en el millón; pensaba en lentejas. Asistí con un hambre canina y, como en todas las fiestas literarias, la comida era escasa. Una viene del campo y sigue asociando lo festivo con la abundancia. En casa tenía unas suculentas lentejas con chorizo, y Aena nos sirvió una gamba y un filete de rodaballo. Exquisito todo, pero mi estómago me pedía más chicha. ¿Cuántos platos de lentejas podría comprarme con un millón de euros?