Lo que evitamos mirar
Las lectoras y los lectores escriben del caso de Noelia Castillo, el cambio horario, la decisión del voto y la subida de impuestos
Noelia Castillo ha optado por la eutanasia en un mundo que, como ella misma dijo, “va cada vez a peor”. He leído decenas de comentarios juzgando la legislación, la educación o la conciencia. O sobre haber tenido una vida difícil. He visto mensajes como “pobres padres”. Pobres nosotros, que elegimos mirar desde fuera para no incomodarnos demasiado. Como si fuera más fácil pensar en quienes se quedan que en quien ya no puede más. Pobres nosotros, que nos consolamos con los vivos, mientras nadie se pregunta si la vida que estaba viviendo era digna. Solo vemos el final, olvidando lo que lo precede. Lo convertimos en un debate, cuando solo asoma el reflejo del verdadero problema que estamos evitando mirar.
Amalia Arellano Ruiz. Sevilla
Un disparate
Sin entrar en la polémica sobre que horario es más conveniente, quiero hacer notar que, por desconocimiento u olvido, España lleva una hora de adelanto con el huso horario que nos corresponde. Estamos con el huso de Berlín desde que en 1940 Franco decidió cambiar a España a ese huso posiblemente por congratularse con Hitler. Quiere esto decir que tanto con el horario de verano como con el de invierno vamos desfasados. Nuestro huso horario es el de Greenwich, como lo tiene Portugal. Así que con el horario de verano llevaremos dos horas de adelanto respecto al meridiano que nos toca. Un disparate.
Alfonso Munoz Romero. Almadén (Ciudad Real)
Miren a Chile antes de votar
La crisis del petróleo no cayó del cielo: la empujaron Trump y Netanyahu ellos, con sus egos inflados. Y mientras tanto, nosotras —las de siempre— pagamos la gasolina, la cesta, el alquiler. Chile, mi país, lleva dos semanas con José Antonio Kast en el poder. Dos semanas. Y ya sé todo lo que necesito saber: rebaja de impuestos a los ricos, y el resto que se apañe. Pedro Sánchez, con todas sus contradicciones, construyó un escudo social. Kast construye un muro para que los pobres no molesten a los ricos mientras siguen acumulando. En este versus no me pierdo: sé de qué lado estoy. Y les pido, con toda la urgencia que tengo en el cuerpo, que los ciudadanos españoles lo recuerden antes de votar. Miren a Chile. Miren a Argentina. El laboratorio ya está encendido. No da lo mismo. Nunca dio lo mismo.
Verónica Vega. Barcelona
Más que justicia social
Cuando se plantea subir los impuestos a las grandes fortunas para corregir nuestra creciente desigualdad, suele reaparecer un viejo mantra: el dinero no compra la felicidad. Esta idea lleva años desmentida. El investigador Matt Killingsworth demostró que, lejos de detenerse, la relación entre ingresos y bienestar continúa aumentando de manera significativa incluso por encima de los 500.000 dólares anuales. Pero hay un dato aún más revelador: la brecha de felicidad entre la clase alta y media es casi tres veces mayor que entre ingresos medios y bajos. Gravar a las grandes fortunas no es solo una cuestión de justicia social, es también una forma de redistribuir calidad de vida.
Adrián Romero. Madrid