Terraplanismo lingüístico (o lenguaplanismo)
Qué clase de libertad es la que priva al alumnado de los mejores escritores en función de su nacimiento
La Conselleria d’Educació, Cultura i Universitats acaba de presentar el proyecto de modificación del currículo de la materia Valencià: llengua i literatura para el Bachillerato. Esta modificación es en definitiva una censura sin precedentes sobre ...
La Conselleria d’Educació, Cultura i Universitats acaba de presentar el proyecto de modificación del currículo de la materia Valencià: llengua i literatura para el Bachillerato. Esta modificación es en definitiva una censura sin precedentes sobre autores no nacidos en la Comunidad Valenciana. Esto es, en la práctica, sobre autores catalanes o baleares. El argumento es la preservación de las “señas de identidad” valencianas por encima de las que puedan proporcionar las identidades llegadas de otras comunidades del estado con la misma lengua.
Explicar esto es tan tedioso como infame y demencial resulta la propuesta. La primera cuestión viene referida a la unidad de la lengua, llamada valenciano aquí y catalán en el resto del dominio lingüístico. Parece que a Pérez Llorca y a María del Carmen Ortí, su consejera de Educación, les ha dado un ataque de trumpismo y, como perfectos antiilustrados, han decidido que los dictados de todas las universidades con departamentos de lenguas románicas de todo el planeta que reconocen la unidad lingüística del catalán, no son más que delirios científicos. Tal vez equiparables a aquellos que afirman que la tierra gira alrededor del sol o que las vacunas protegen de las enfermedades. Quizá el Gobierno autonómico sea más de largas sobremesas que de dictámenes de especialistas.
Quizá no tienen en cuenta que alguna vez iletrados españoles como Dámaso Alonso, entonces presidente de la RAE; Vicente Aleixandre, entonces reciente premio Nobel de Literatura; Emilio Alarcos; Fernando Lázaro Carreter; Jesús Pabón, entonces presidente de la Real Academia de Historia; Antonio Buero Vallejo; José María Pemán; Camilo José Cela; Miguel Delibes; Luis Rosales, y otros sospechosos de separatismo catalán como ellos firmaron una carta en la que afirmaban que es “culturalmente aberrante todo intento (como el que contemplamos) de desmembrar el País Valenciano de la comunidad idiomática y cultural catalana por la que, como escritores e intelectuales españoles, no tenemos sino respeto y admiración, dentro de la cual el País Valenciano ha tenido y tiene un lugar tan relevante”. (Lo de País Valenciano no lo he escrito yo, claro, sino ellos, y el paréntesis de actualidad también).
Entonces, ¿de qué va esta reforma curricular? Para hacernos una idea, podemos probar con una pequeña demostración inversa. Imaginemos que el Gobierno catalán, este actual o cualquier otro más nacionalista, hubiese propuesto excluir de sus temarios académicos a escritores y escritoras no nacidos en Cataluña con el propósito rayano en la imbecilidad de preservar sus señas de identidad. ¿Qué maldito complejo veríamos en ello? ¿Qué titulares con acusaciones de supremacismo no leeríamos? ¿Cuántos tertulianos no moverían la cabeza de un lado al otro de los televisores con riesgo de salirse por los laterales de la pantalla y aires de decir que no puede ser, no puede ser? Pues bien, eso no ha pasado ni parece que vaya a pasar en Cataluña. Sin embargo, lo que he contado al inicio del artículo sí que va a pasar delante de todos nosotros en el País Valenciano. Sinceramente, ¿pueden ustedes imaginar que los autores castellanos no nacidos en esta tierra han de ser silenciados o relegados del temario precisamente por haber escrito desde Sevilla o Madrid? ¿Podemos prescindir, aquí en la Comunidad Valenciana, de Cervantes, de Lorca o de Machadi, por nombrar a solo a algunos? ¿Puede prescindir el resto de España del valenciano Blasco Ibáñez o de los argentinos Borges y Alejandra Pizarnik, o del mexicano Rulfo, o del colombiano García Márquez? Si alguien en España propusiera eso, ¿Qué se pensaría o se diría? La respuesta no tengo que escribirla, la estoy leyendo en cada una de las circunvoluciones de su lúcido cerebro de lector.
Sin embargo, los estudiantes valencianos sí tendrán que prescindir de Ramon Llull, de Josep Pla, de Pere Calders, de Mercè Rodoreda, de Josep Maria de Segarra o de Quim Monzó, por nombrar solo a algunos escritores muy relevantes de la literatura catalana que no es que entendemos, es que forman parte de toda nuestra tradición literaria. ¿Se imaginan a un profesor de castellano a quien se le impidiese hablar de la narrativa hispanoamericana porque los hispanoamericanos no conjugan los verbos igual que en la Península? Es que estamos hablando de esto, señor Pérez Llorca. Aunque de lo iletrado de su propuesta tal vez se deriva una ignorancia que lo incapacite para el asombroso mundo de las metáforas. Con su propuesta, cualquiera con sentido común sabe que no se pretende reforzar ninguna seña de identidad que no sea otra que la de la lengua castellana, al debilitar voluntariamente aquella con la que el castellano, de momento, todavía convive aquí.
Tal vez el señor Pérez Llorca tiene algún complejo con su lengua materna, en su partido saben mucho de eso. Yo, en cambio, utilizo su lengua oficial sin complejo alguno y, como escritor valenciano en esa lengua, exijo al señor Pérez Llorca y a su partido que no nos tomen a los demás por imbéciles acomplejados. Los escritores y las escritoras valencianos que escribimos en catalán sabremos defendernos solos, y en última instancia, si no lo hacemos, peor para nosotros. Desde luego no queremos que venga nadie a protegernos de nadie ni de nada, menos aún de aquellos hermanos en las letras que nos han hecho escritores a nosotros, junto, por supuesto, a otros como Ausiàs March, Joanot Martorell o cualquiera de los buenos escritores valencianos que existieron y que existen.
¿No estamos siempre con la libertad para arriba y la libertad para abajo? Pues díganme qué clase de libertad es la que priva al alumnado de los y las mejores en función de su nacimiento. Si una parte de la sociedad pide que los profesionales sanitarios tengan algún conocimiento de las lenguas oficiales para preservar la libertad del ciudadano que se dirige a ellos, desde las filas del PP se contesta rápidamente que lo importante es que el médico acierte y cure, es decir, que sea bueno, no cómo hable ni donde haya nacido. ¿No vale esto para la literatura? Parece que en el caso de la literatura lo interesante no es tanto que seamos buenos o no, sino que los hombres y mujeres de letras hayamos nacido por aquí cerca. Total, es literatura, y valenciana (o catalana), es decir, para ellos, nada. Pero la literatura, en cualquier lengua, también tiene sus poderes curativos, y estos no tienen nada que ver con el lugar donde la madre del escritor o escritora los alumbró. No seamos tan pequeños. Tan mediocres. Tan cutres.
Se trata de una censura en toda regla que encaja perfectamente con el espíritu trumpista. Pérez Llorca y los suyos se convierten así en estultos lenguaplanistas, algo que no hizo ninguno de sus antecesores del PP. Y no le echen la culpa a Vox, el partido ultra no echaría este gobierno a perder si el PP se mantuviera firme con los consensos científicos como había hecho hasta ahora. Se trata, sí, de un atentado de los peores, aquel que se perpetra contra la libertad de los que han de aprender y por eso, como escritor valenciano, lo denuncio.