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Columna

Próxima estación, Aragón

La crisis ferroviaria perjudicará más al PSOE que la patética gestión del caso de acoso en Móstoles al PP

Por lo que dicen las encuestas, este ciclo de sucesivas elecciones regionales lleva trazas de replicar lo ocurrido en Extremadura: clara mayoría de derechas, con un PP dependiente de Vox para asentar su gobernabilidad, y un PSOE a la baja...

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Por lo que dicen las encuestas, este ciclo de sucesivas elecciones regionales lleva trazas de replicar lo ocurrido en Extremadura: clara mayoría de derechas, con un PP dependiente de Vox para asentar su gobernabilidad, y un PSOE a la baja. En el flanco de la izquierda, ya sea nacional o regionalista, sopa de letras, aunque aquí es donde pueden preverse más oscilaciones según la comunidad autónoma de que se trate. Cuando le toque a Andalucía, ahora sacudida por las inundaciones, será el único momento en el que puedan percibirse algunas oscilaciones interesantes. Primero, porque una de las candidatas es la vicepresidenta del Gobierno; y, en segundo lugar, porque será puesta a prueba la solidez de Vox. Es también la zona donde el PP presenta a su candidato más popular. La gran pregunta es ver hasta qué punto este regionalismo electoral encadenado puede tomarse como una muestra de lo que pueda pasar en las generales.

A la velocidad con la que va la política, tanto dentro como fuera de España, su convocatoria para el año que viene puede alterar considerablemente las cosas. Lo que no sabemos es en qué dirección. Un mayor declive del PSOE puede ser compensado por el derrumbe del sector a su izquierda, que parece incapaz de hablar con una sola voz, haciendo buena la opinión de Tony Judt de que “tiene una larga tradición de pelear por fragmentos de doctrina mientras cede el mundo a sus adversarios”. Aunque en nuestro caso se trata más bien de una pelea entre personalismos. ¿Pero de qué les sirve a los socialistas mantener el tipo si el fraccionamiento acaba disminuyendo el saldo neto de escaños para su bloque?

Y en la derecha el misterio es Vox, único partido al alza. Misterio, porque ignoramos cuál es su techo, pero también porque comulga con los principios y actitudes trumpistas que tanto están perjudicando a Europa. Que un partido supuestamente nacionalista comulgue con quien nos quiere debilitar y convertirnos en súbditos del neoimperialismo estadounidense es algo que se me escapa. O pensar que el cabreo puede convertirse en programa de gobierno. Con todo, quizá lo más sorprendente es que el PP haya sido incapaz de evitar su ascenso. Feijóo carece de la fórmula para pararlo; Ayuso lo intenta haciéndose casi indistinguible de Vox; solo Moreno Bonilla parece haber dado con la tecla, pero su voz solo resuena en su tierra. Para más inri, Vox traslada al ciudadano corriente la percepción de que la ingobernabilidad no es exclusiva del Gobierno central, sino que se extenderá también en aquellas regiones con mayorías de derechas. O sea, un pan como unas tortas. Gane la izquierda o la derecha, nada nos librará de las guerras intestinas en cada bloque.

Volvamos a Aragón. La única novedad auténtica es el trasfondo de la crisis ferroviaria en una de las zonas donde más se ha disfrutado del AVE. Lo más probable es que esto vaya en detrimento de la candidatura de Pilar Alegría, tan asociada al Gobierno de Sánchez. Creo que esto perjudicará más a los socialistas que la patética gestión del presunto acoso del alcalde de Móstoles al PP, cuyos electores muestran menor sensibilidad para estas materias, aunque puede que saque a algunas socialistas desencantadas de la abstención. No hay muchas más novedades en este contexto temporal que puedan tener efectos electorales en esta región. Todo el pescado vendido. Mientras tanto, se suceden las tragedias meteorológicas, que acentúan la percepción, tan aguda en periodos electorales, de que la política muchas veces sigue rituales distintos de los que exige atender a la realidad. Acentuar las divisiones en vez de arrimar todos juntos el hombro. Menos mal que esta vez Andalucía no está siendo Valencia.

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