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Una generación que sabe decir basta

Los lectores y las lectoras escriben sobre la Generación Z, el auge de los gobiernos iliberales, y el narcisimo en las redes sociales

A los adolescentes de hoy se les llama “difíciles” con la misma ligereza con la que antes se aplaudía el aguante. Pero lo que muchos adultos leen como problema es, en realidad, una competencia: saben poner límites, no se dejan explotar y dicen lo que sienten sin pedir disculpas por existir. Crecer en un mundo con invasiones, violaciones flagrantes de derechos humanos y un auge del fascismo no invita a la docilidad. Invita a desarrollar un radar fino para detectar abusos y a rechazar los contratos emocionales de siempre: trabajar gratis “por experiencia”, callar “por educación”, aceptar “porque así se hizo siempre”. Se les acusa de frágiles cuando, en verdad, son claros. Confunden esa claridad con falta de respeto quienes esperaban obediencia. Pero pedir descanso, salario justo, salud mental y verdad no es capricho: es un programa ético mínimo. Tal vez lo “difícil” no sean ellos, sino el espejo que nos ponen delante. Ese espejo donde se ve un mundo que no supimos cuidar. La pregunta es nuestra, no suya: si les damos espacio, recursos y confianza, ¿serán esta vez los jóvenes quienes nos enseñen a salvar lo que aún puede salvarse?

Fiona Dobal. Madrid

Más políticas sociales

La deriva en la que está entrando el mundo en el que vivimos resulta muy preocupante. Domina ya el “todo vale a cambio de que se cumplan mis intereses”. De nada sirven las normas de diplomacia establecidas, los acuerdos y tratados internacionales que a lo largo de nuestra historia han preservado el correcto funcionamiento de nuestras democracias, las fronteras y la integridad territorial, de nada sirve nada... Vivir con la zozobra y el temor en el cuerpo dependiendo del humor con el que se despierte cada día el ácrata de turno, se ha convertido en habitual. Nuestro país no está ajeno a esta vorágine. La ultraderecha española, afín al trumpismo, inmersa en el fango de los bulos, la desinformación, creando caos y miedo en nuestra sociedad, solo podrá ser combatida con políticas sociales que creen justicia social.

Alberto Bouzas Guillan. Vigo

“Mi balance del año” en las redes sociales

Lo confieso abiertamente: no entiendo ni creo que vaya a entender la extraña necesidad de tanta gente de mostrar su vida en el escaparate de las redes sociales. Sé que no es una opinión novedosa en una sociedad que, aparentemente, va empezando a ser consciente del lastre de vivir pegado a una pantalla, pero al ver estos días atrás la cantidad de publicaciones en las que se hace balance del pasado año y se muestran los propósitos y buenos deseos para el actual, me pregunto qué escondido resorte nos lleva a hacer eso: ¿necesidad (in)consciente de llamar la atención creyéndose uno más importante de lo que es? ¿Satisfacer un caprichoso deseo de eufórica vanidad? ¿Urgencia por no quedarse al margen en un mundo digital donde todo el mundo actúa como copias? Y me pregunto, ¿entenderemos de una vez por todas que no somos tan divos como para importarle a tanta gente, que a la mayoría de contactos que nos sigue le interesa un cuerno si subimos una foto en el gimnasio, o junto a nuestro precioso perrete Pancho? De verdad, no hay por dónde cogerlo.

Álvaro Sánchez Cosculluela. Zaragoza

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