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Desidealización parental: del padre ideal al real

El proceso de dejar de ver a los progenitores como héroes debe formar parte del desarrollo de los niños a la vez que los adultos deben ayudarles a crear su propia identidad y criterio

Durante los primeros años de los hijos, todo aquello que hagan los padres les puede parecer perfecto: son prácticamente dioses. Pero a medida que pasan los años, pueden comenzar a surgir pensamientos no tan infantiles en los que los adultos ya no son completamente idóneos: se trata de un proceso psicológico conocido como la desidealización parental. “Es un hito del crecimiento que todas las personas tienen que ir desarrollando a lo largo de estas etapas. Cuando son muy pequeños, los hijos ven a sus progenitores como figuras perfectas por función adaptativa y protectora”, explica Marta Ortiz, psicóloga infantil de la clínica de psicología infantojuvenil Inda. “Sobre los seis o siete años empiezan a entender que sus padres pueden cometer errores, pero aún no son capaces de entender que la opinión de sus padres está mal, en ese aspecto todavía son perfectos”, prosigue. En la adolescencia, según informa la experta, ya es cuando se empieza a entender que las personas tienen diferentes ideas a las propias, y aquí es cuando sus ideas pueden chocar con las de sus mayores.

Los primeros indicios de estos juicios que los niños empiezan a formarse sobre las acciones físicas o morales de sus padres pueden aparecer en momentos muy diversos, sin un inicio fijo. “La edad depende mucho de la madurez que puede tener el niño. Sobre los cinco años empiezan a tener una mayor capacidad cognitiva, que les permite comparar, cuestionar o incluso meterse en algún tipo de juicio de lo que ven en casa”, explica Diego Segura, psicólogo y director de la clínica Segura Psicólogos, en Madrid. “A los ocho ya empiezan a tener un comportamiento diferente al que ven en los padres, y a los 10 o 12 ya es cuando buscan la coherencia entre lo que los padres dicen y hacen y a ver esa disonancia”, añade.

Aunque este proceso madurativo infantil puede suponer ciertas dudas en los progenitores, ya que pueden pensar que pierden su estatus de responsable, los expertos afirman categóricamente que es muy importante que fomenten que sus hijos comiencen a formar su propio criterio, aunque ello suponga perder la idealización de las figuras paternas. “Es fundamental que los niños comiencen a cuestionar a sus padres, porque, de no hacerlo, si no desarrollan este pensamiento lógico y crítico, son incapaces de cuestionar también lo que van experimentando o lo que les puedan decir los demás”, sostiene la psicóloga Alicia Gandarillas. “De cara a la adolescencia, si no pasan por esta etapa, estaremos creando seres tremendamente influenciables”, agrega. Además, según prosigue, “serían muy dependientes de la aprobación externa y no tendrían buena autoestima y se considerarían inferiores a los demás”.

“Hay un momento en el crecimiento de los hijos que nos pueden ver como imperfectos”, retoma Segura. “Al principio podemos ser un superhéroe o un ‘todo lo que dice mi padre va a misa, pero según vas creciendo, también vas moldeando tu personalidad”, continúa. El psicólogo explica que es cuando comienzan con el juicio crítico y la capacidad de poder cuestionar. ”Ese descubrimiento hay veces que conlleva una cierta decepción, porque ves a tu padre como el perfecto y ya no lo es”, añade. Además, señala a la adolescencia como el punto donde, por la edad y el comportamiento, se empiezan a relacionar más con los amigos y fuera del contexto que los padres pueden controlar y el momento en el que se inicia este cambio de mentalidad respecto a los padres.

En un estudio publicado en Frontiers en 2024, titulado Autonomía e identidad: el rol de dos tareas del desarrollo en el bienestar de los adolescentes, se hace hincapié en que la autonomía emocional implica que el adolescente debe soltar la imagen idealizada de sus padres. Además, concluye que los jóvenes con un fuerte sentido de la identidad pueden disfrutar de un mayor bienestar general, al mismo tiempo que resaltan la importancia de animarles a profundizar en sus valores, intereses y aspiraciones.

¿Y cómo deberían reaccionar los padres a estas primeras críticas de los hijos o su comienzo de desidealización parental? “Tienen que aprender a manejar esta situación. A reconocer sus errores y enseñar la capacidad de autocrítica que también les sirve a los chicos como un modelo”, aconseja Ortiz. La psicóloga infantil recomienda enseñarles a hacer críticas constructivas desde el respeto: “Establecer un diálogo asertivo, donde haya mucha confianza, y que ellos aprendan a hacer estas críticas. Es fundamental que los niños aprendan que sus padres son capaces de reconocer errores y que ellos puedan empezar a hacerlo”.

Sin embargo, en algunos casos este proceso de desidealización puede traspasar la barrera del respeto y transformarse en una percepción de pérdida de autoridad, que puede derivar en gritos o comportamientos irrespetuosos por parte de los hijos. “Muchas veces, la crítica está condicionada por lo que siento. Si una crítica con un tono concreto me lo tomo como un ataque personal, probablemente mi respuesta está condicionada a lo que siento”, explica Segura, que añade: “Imponer algo a los adolescentes es una estrategia que, bajo mi punto de vista, no es la adecuada. Creo que debería ser la última acción. Hay que negociar un poco las reglas o normas que podemos tener en casa, explicarles por qué las ponemos, lo importante de la convivencia, lo que es la responsabilidad, el compromiso o intentar llegar a un acuerdo". Para Segura, hay que generar situaciones en las que los chavales sientan libertad para poder expresarse: “También se debe trabajar en cómo tienen que expresarse y en qué momento y tono. Es fundamental que mi hijo o hija tenga los valores que considero que como padre debo trasmitirle”.

Además, según considera Gandarillas, en las familias con dos adultos es importante que exista coherencia entre ambos en el estilo de crianza: “Hay padres que ante estos primeros juicios se sienten criticados, lo llevan a lo personal, actúan a la defensiva e intentan imponer su criterio de forma más autoritaria. Y luego hay otros que son capaces de recoger estas críticas, aprender a gestionar sus emociones y las de sus hijos con respeto, y deciden tener una crianza más respetuosa, es decir, que recoge más la opinión y necesidades del niño”.

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