Egipto estrecha el cerco contra la prensa

Las autoridades han detenido a varios periodistas, apercibido o bloqueado medios locales y expulsado a una corresponsal en un intento de controlar la narrativa sobre la pandemia

Marc Español
Abdelfatá Al Sisi (a la derecha, en primera línea), en una visita a una base militar cerca de El Cairo, el pasado abril.- / AFP

En un nuevo asalto a la ya desgastada libertad de prensa en Egipto, las autoridades han intensificado la persecución de periodistas y medios locales y extranjeros en las últimas semanas, en coincidencia con la crisis sanitaria provocada por el coronavirus.

Al menos cuatro periodistas han sido encarcelados. El más destacado, el reportero y fotoperiodista Haytham Hasan Mahgoub, del diario Al Masry al Youm, fue arrestado el pasado día 11 y acusado de difundir noticias falsas y de haberse unido y financiado un grupo terrorista, según detalla su abogado Karim Abdelrady. Los cargos contra Mahgoub, que los días previos a su detención cubrió noticias relacionadas con el coronavirus, forman parte del repertorio habitual con el que el régimen egipcio persigue a periodistas críticos. Un segundo periodista, Moataz Abdel Wahab, fue arrestado poco después que Mahgoub e incluido en el mismo caso judicial, en el que ha acabado atrapado asimismo el reportero Sameh Hanin tras ser arrestado el pasado viernes, de acuerdo con Abdelrady.

Antes que ellos, ya había sido ya detenido el periodista Ahmed Alaam, según el mismo abogado, Ha sido incluido en un proceso judicial de nuevo cuño bautizado como el caso coronavirus, con cargos similares a los anteriores. Un número indeterminado de activistas políticos, abogados y usuarios de redes sociales han sido incorporados al mismo caso en las últimas semanas, sobre todo por criticar la gestión de la pandemia por parte del Gobierno, de acuerdo con la organización de derechos humanos Human Rights Watch.

En medio de este aumento de la intimidación, el pasado domingo las fuerzas de seguridad egipcias hicieron saltar las alarmas al detener brevemente a Lina Attalah, cofundadora y directora del último gran medio independiente del país, Mada Masr. A diferencia de los anteriores periodistas, Attalah fue interrogada rápidamente por la Fiscalía, acusada solo de fotografiar una institución militar sin permiso y puesta en libertad bajo fianza al cabo de pocas horas, por lo que Sharif Abdel Kouddous, también redactor en la publicación, lo considera solo una advertencia. “Existen límites que un reportero de un medio independiente, como Attalah, no puede cruzar, y uno parece ser el simple hecho de hacer periodismo y entrevistar a alguien en lo que [las autoridades] consideran una zona sensible”, observa Abdel Kouddous.

Desde su fundación en 2013, y con Attalah al frente, Mada Masr se ha convertido en un bastión de la prensa libre en Egipto y una referencia de periodismo independiente tanto en el país como en la región, lo que le ha situado en el punto de mira de las autoridades. El pasado noviembre, cuatro de sus periodistas, Attalah incluida, ya fueron arrestados brevemente y su redacción asaltada por la policía, en una escalada sin precedentes. Desde entonces, Abdel Kouddous asegura que no han vuelto a ser hostigados, aunque señala que desde el estallido de la pandemia el régimen del presidente Abdelfatá Al Sisi ha aumentado sus esfuerzos para bloquear aún más el acceso a su página web después de una tregua relativa los meses precedentes.

Este singular recelo va en línea con las advertencias lanzadas a finales de marzo por la Fiscalía General, que alertó de que difundir “noticias falsas” sobre la covid-19 podría comportar elevadas multas y hasta cinco años de prisión. Recogiendo el guante, el Consejo Supremo de Regulación de Medios, la autoridad que autorizar el trabajo de medios locales, ha apercibido a varias publicaciones bajo dicho pretexto.

A principios de abril, las autoridades llegaron incluso a bloquear la página de noticias Darb, vinculada al opositor Partido Socialdemócrata Egipcio. Desde su lanzamiento, solo un mes antes, el diario había cubierto temas relacionados con la situación de los presos políticos en el país en tiempos del coronavirus, así como cuestiones de derechos humanos y de la sociedad civil. “No sabemos quién ordenó el bloqueo, y es muy difícil saber por qué motivo”, reconoce su director, Khaled Elbalshy. “En menos de un mes, Darb se convirtió en una plataforma para una corriente democrática, con sus posiciones y sus noticias, así como [en un espacio] para escritores con opiniones radicalmente diferentes [a la dominante] que no encuentran espacio para expresarse en otros lugares. Y parece que a alguien esto no le gusta”, agrega.

Quienes tampoco han escapado del sensible radar de las autoridades han sido los medios extranjeros, a los que se concede un mayor margen de maniobra. En marzo, el Servicio de Información del Estado, la agencia gubernamental responsable de controlar a la prensa extranjera, anunció la expulsión de la corresponsal de The Guardian en Egipto por cuestionar en un artículo las estadísticas oficiales de contagios. Recientemente, los corresponsales en el país de The New York Times y The Washington Post han sido convocados por el mismo organismo para discutir su cobertura informativa.

Desde la toma del poder de Al Sisi en Egipto en 2013, y especialmente a partir de 2016, los ataques del régimen a la libertad de prensa han sido sistemáticos, tal y como han documentado grupos de derechos humanos. En los últimos años, decenas de periodistas y trabajadores de medios de comunicación han sido detenidos y enjuiciados, redacciones de publicaciones independientes han sido asaltadas, y centenares de páginas web, bloqueadas. Según el Comité para la Protección de los Periodistas, Egipto fue en 2019, junto con Arabia Saudí, el tercer país del mundo con más periodistas entre rejas.

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