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La fuga de tres asesinos aviva el fantasma del narco en Argentina

Los sicarios huyeron con un arma de juguete de un penal de máxima seguridad

Alejandro Rebossio
De izquierda a derecha, Víctor Schillaci, Martín Lanatta y Christian Lanatta, los tres sicarios que se fugaron el pasado domingo.
De izquierda a derecha, Víctor Schillaci, Martín Lanatta y Christian Lanatta, los tres sicarios que se fugaron el pasado domingo.AFP

Las fuerzas de seguridad de Argentina se han lanzado a la caza de los tres sicarios del narcotráfico que se fugaron el pasado domingo con un arma de juguete por la puerta principal de un penal de máxima seguridad de la provincia de Buenos Aires. La nueva gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, que asumió el poder hace tres semanas después de 28 años de hegemonía peronista en el distrito más poblado del país, ha ofrecido una recompensa de 150.000 dólares por cualquier tipo de información.

Un informante dijo este martes haberlos visto en la provincia de San Juan, vecina de Chile, a unos 900 kilómetros de General Alvear, el pueblo desde el que huyeron los presos.

Uno de los reclusos escapados, Martín Lanatta, es quien en agosto pasado, en plena campaña electoral, acusó al entonces jefe de Gabinete de Ministros del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) y candidato a gobernador bonaerense, el peronista Aníbal Fernández, de haberles ordenado un triple asesinato en 2008 en medio de una pelea por el negocio de la droga en el país.

Fernández perdió los comicios de octubre después de aquellas acusaciones. La ganadora fue Vidal, del partido Propuesta Republicana, el mismo del nuevo presidente argentino, Mauricio Macri.

La fuga de presos supone la primera crisis política que enfrenta la gobernadora bonaerense, según interpreta la prensa argentina. Vidal reaccionó echando a la cúpula del servicio penitenciario que había heredado de su antecesor, el peronista Daniel Scioli, rival de Macri en las últimas elecciones presidenciales. Además, interpretó que se trató de un “mensaje mafioso” por su decisión de luchar contra el narcotráfico, que también fue una de las tres principales promesas electorales de Macri. Las otras propuestas del entonces candidato a la presidencia fueron unir a los argentinos y acabar con la pobreza.

“El narcotráfico ha penetrado en la política”, sentenció Vidal. Lo que en otros países latinoamericanos es moneda corriente desde hace décadas, en Argentina aún provoca sorpresa y estupor.

En la prensa argentina algunos especulan con que el sistema carcelario dejó huir a Lanatta, su hermano y otro condenado por el triple homicidio para evitar que sigan haciendo declaraciones contra Aníbal Fernández.

En cambio, el exjefe de Gabinete kirchnerista opina que la liberación de los presos supone una devolución de favores a quienes lo perjudicaron en la campaña. En concreto, sospecha de Vidal y de sus propios rivales internos dentro del peronismo.

Un sistema catastrófico

Fernández le pidió a la gobernadora que halle con vida a los tres fugados. “Le diría a Aníbal Fernández que en este caso se llame a silencio”, le respondió Vidal. Fernández contraatacó: “Ni loco me llamo al silencio. Están gobernando de una forma amateur superlativa. Nadie puede llegar a la provincia sin saber que el Servicio Penitenciario de allí es una catástrofe. Es una catástrofe hace muchos años”.

De este modo, Aníbal Fernández cargó contra su correligionario Daniel Scioli. Además en su perfil de Facebook puso una foto trucada de Vidal con un cartel que dice: “Liberamos a tres homicidas narcos que me dieron una mano para ganarle a Aníbal, pero la culpa es del gobierno anterior”.

Una diputada aliada de Macri, Elisa Carrió, también apuntó contra el anterior Gobierno bonaerense de Scioli. En concreto, pidió que el juez que investiga las complicidades de los carceleros en la fuga indague también a quien entonces era el ministro de Justicia de Scioli, Ricardo Casal. “No puedo contestar semejante disparate”, respondió Casal, que añadió que la fuga “nada tiene que ver con la política”.

El caso de los presos fugados huele tan mal como la muerte en febrero pasado del fiscal Alberto Nisman, el que había acusado a Cristina Kirchner de supuesto encubrimiento de terrorista.

Demuestra la podredumbre del sistema carcelario de Argentina, superpoblado, con violaciones a los derechos humanos y plagado de prebendas para los presos dispuestos a sobornar a sus guardias. Sea quien sea el responsable de la fuga, el caso devela también las profundidades de la corrupción política del país.

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