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Planazo de sábado noche: curling y a cepillar

Han descalificado al deportista olímpico ucranio Vladyslav Heraskevych por llevar un casco con imágenes de 24 deportistas muertos en la guerra contra Rusia. Por una vez, podrían haber mirado para otro lado

El deportista olímpico ucranio Vladyslav Heraskeych en un entrenamiento, este 11 de febrero, con el casco con víctimas de la invasión rusa.Alessandra Tarantino (AP Photo / LaPresse )

La competición olímpica curling, ya saben, esa especie de petanca sobre hielo con cepillos, alcanzó en Italia un 11% de audiencia televisiva, dos millones de espectadores de media, un sábado por la noche. Qué planazo. Pero es verdad que es algo distinto, lo ponen ...

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La competición olímpica curling, ya saben, esa especie de petanca sobre hielo con cepillos, alcanzó en Italia un 11% de audiencia televisiva, dos millones de espectadores de media, un sábado por la noche. Qué planazo. Pero es verdad que es algo distinto, lo ponen una vez cada cuatro años, es lo bonito de los Juegos. Esto siempre ha sido así, pero en este tiempo tan loco ha generado oleadas de memes, vídeos de gente imitando el curling con el robot aspiradora y una escoba, auténticas corrientes reivindicativas, y luego todo ese pseudoperiodismo de Wikipedia que hay ahora, que te explica que ya Pieter Brueghel el Viejo pintó unos campesinos holandeses jugando al curling en 1565. Todo apasionante, no cabe duda. En la saturación colosal de información en la que vivimos siempre es bienvenido, más bien anhelado, el pequeño detalle curioso, lo que parece original, friki, que no ha sido contado (¡los medios nos lo ocultan!), y genera tendencias, debates, titulares, que compensan esa angustia de las grandes noticias que preferimos no leer. Grandes noticias que, a todo esto, quedan en segundo plano, porque no sabemos cómo digerirlas. Hay algo bulímico en todo esto, de ansia de consumo, como si la información fuera una droga más, cuando antes ponías la radio un rato, te sentabas a leer el periódico o veías el telediario y luego seguías con tu vida. No sé si se acuerdan: vivíamos desinformados la mayor parte del tiempo, pero cuando te informabas, te informabas.

Hay muchas historias humanas en unos Juegos Olímpicos, miren ese esquiador que ha confesado entre lágrimas, al ganar una medalla, que le puso los cuernos a su novia, confidencia sin la que podíamos haber seguido viviendo tranquilamente, pero que obliga a abrir el enésimo juicio moral público, y a ver qué hacemos con él, si le perdonamos la vida o le echamos de los Juegos, como la sabandija que es. Pero a mí me llama la atención, porque es una cosa seria y eso ya da más repelús, el caso del ucranio Vladyslav Heraskevych, campeón de skeleton, otro deporte raro (se lanzan boca abajo en un minúsculo trineo). Lo han descalificado por llevar un casco con imágenes de 24 deportistas ucranios muertos en la guerra tras la invasión de Rusia, cuatro años ya, porque el Comité Olímpico (COI) considera que viola el veto de propaganda política en los Juegos. En las fotos aparecían, por ejemplo, Victoria Ivashko, 9 años, yudoca, muerta en 2023 por un misil que cayó en su casa en Kiev. O Kateryna Diachenko, 11 años, estrella de gimnasia artística, muerta en un bombardeo aéreo en 2022 en su casa de Mariupol. O Yevhen Malyshev, 19 años, biatleta olímpico que murió en 2022 mientras entregaba ayuda humanitaria en Járkov. En el mundo de la casita de Bad Bunny, de los shows reivindicativos y el exhibicionismo sentimental, no me fastidies que por una vez no podías mirar para otro lado. Pero el caso es que conmueven también las lágrimas de la presidenta del COI, Kirsty Coventry, que intentó convencerle durante una hora, pero que se veía atrapada entre las reglas y el corazón. El COI explicó que hay 130 conflictos en el mundo en este momento y no se pueden hacer excepciones, si no aquello se descontrola. Yo creo que los dos hicieron bien, ella por seguir las reglas, en un momento en que saltárselas mola y es tendencia mundial, y el otro, su corazón, por hacer lo que cree que es justo pagando un precio, una dolorosa renuncia, pues la renuncia es lo menos de moda de este mundo. Ambos lo hicieron a pesar de las consecuencias: ella, sentirse una mierda —declaró llorando que le entendía perfectamente—, y él, no cumplir el sueño de su vida. Fue un espectáculo más raro de ver que el curling.

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