“Es un trampantojo, ni siquiera te pone cachonda”: ¿se han vuelto irreales los cuerpos y el sexo en pantalla?
Cada vez hay más sexo y cuerpos desnudos en pantalla, pero según el público, sexólogos y analistas, cada vez menos erotismo. Los fenómenos ‘Más que rivales’ o ‘Cumbres borrascosas’ son los últimos ejemplos
Jadeos, revolcones, detallados catálogos de posturas y alegres coqueteos con la dominación y la sumisión. La ficción ha dejado un febrero intenso en las pantallas. Primero empezó en la televisión. Más que rivales, disponible en Movistar Plus+, convirtió en un seísmo social la relación entre dos jugadores profesionales de hockey. Luego llegó a los cines Cumbres Borrascosas, libidinosa relectura del clásico de Emily Brontë que llevó en masa al público a las salas. Sin embargo, entre tanto fan acalorado, también han surgido voces críticas con ambos fenómenos, sobre todo por su manera de representar el sexo.
Con la película se enzarzó primero la crítica profesional. “Es casi erótica, pseudo romántica y supuestamente trágica, como una noche de fiesta llena de emociones impostadas”, escribió Peter Bradshaw, crítico del periódico inglés de The Guardian. Con la serie, fue el cómico Jordan Firstman, conocido por su papel en I Love LA, el que cuestionó sus escenas íntimas. “Lo siento, pero así no es como los hombres gais follamos. Existen muy pocos contenidos que de verdad lo sepan retratar”, confesaba en una entrevista para la revista New York Magazine. Sus declaraciones marcaron un cisma en la legión de fans que ya empezaba a cosechar la serie.
El conflicto resulta paradójico. En un momento en el que las escenas de sexo desenfrenado parecen omnipresentes y conquistan territorios inexplorados hasta la fecha, del testosterónico mundo del deporte canadiense a los desoladores páramos de Yorkshire, surgen críticas que sitúan su aproximación, con cuerpos inalcanzables y elaboradas coreografías, a kilómetros de distancia del verdadero erotismo. ¿Están el sexo y el cuerpo más idealizados que nunca? Pero, sobre todo, ¿están acabando con el interés de la audiencia? Se lo hemos preguntado a académicos, sexólogos y espectadores.
Los estudios más recientes ya avisan de este hartazgo del público. O por lo menos de los espectadores más jóvenes, que son grandes consumidores de este tipo de productos. La universidad de UCLA en Los Ángeles, cuna de los grandes talentos de Hollywood, lleva años registrando la desconexión de la generación Z con las escenas de sexo en su informe de consumo audiovisual. El de 2025 titulado Get Real, o ¡Sé realista! en español, revelaba que casi un 50% de los jóvenes consultados creía que había demasiado sexo en el cine y en las series y el 60% reclamaba historias que se adentrasen más en la amistad de las parejas que en el sexo que tenían. El rechazo viene provocado por una clara tendencia en la ficción, pero la cuestión es de dónde nace la obsesión de la industria por estas escenas.
Adrián Chico, psicólogo, sexólogo y autor de Sobreviviendo en el mundo gay (Bruguera, 2026), defiende que la necesidad de bombardear con sexo al espectador está muy relacionada con la sobreestimulación digital. “Ahora el sexo en ficción no solo busca narrar intimidad, sino generar impacto visual, un impacto que cada vez debe ser mayor debido a toda la intensidad de estímulos a la que estamos acostumbrados con el porno y las redes sociales”, explica. “Se representa con más visibilidad, más explícito, más presente, pero también menos profundo, menos conectado y mucho menos imperfecto. Aparece como si fuese natación sincronizada; coordinado, exitoso, intenso, fácil, una fusión perfecta sin errores, cuando la realidad es torpeza, nervios, ratos buenos y ratos menos buenos, pero sobre todo, conexión”.
En concreto, del fenómeno Más que rivales, que Chico ya ha abordado en consulta con sus pacientes, cuestiona la manera en la que representa los desnudos de sus personajes: “La trama es genial, ¿pero la vería la misma cantidad de gente si los hombres no tuvieran ese cuerpo? Estamos viviendo un culto al cuerpo masculino hipermusculado, definido, bajo en grasa y completamente rasurado”. Además, esta perfección corporal requerida en la ficción, entre tantos otros lugares, se exagera por momentos con la irrupción de la inteligencia artificial. “La IA no crea el canon, pero lo amplifica. Estamos empezando a consumir imágenes hiperperfeccionadas, sin poros, sin imperfecciones, sin asimetrías. Eso eleva el umbral de lo que consideramos normal, y cada vez distorsionamos más la realidad”.
Cuerpos de ficción
En los desnudos aparece una cuestión fundamental para entender la reacción a las escenas íntimas: ¿los cuerpos tan perfectos pueden acabar matando el interés y el erotismo genuino? “Sí, y esto es muy interesante. Para mí el erotismo necesita vulnerabilidad, imperfección, humanidad y hasta un punto de inseguridad cute. Cuando el cuerpo es demasiado perfecto, se convierte más en un objeto que en una persona real e imperfecta con la que fusionarse”, opina Chico. Pero este punto es debatible. El profesor Santiago Fouz Hernández, catedrático de cine en la Universidad de Durham, especialista en masculinidades en la pantalla y autor de Cuerpos de cine (2013), prefiere no dar por hecho esa noción de cuerpo perfecto. “Es un concepto muy subjetivo. Hay tendencias dominantes pero también gustos tan variados como lo son los espectadores. Mucha gente sentirá rechazo al tipo de cuerpo que describes, otros lo encontrarán atractivo”, explica. Para comprobarlo basta con preguntar a esa misma generación Z de la que hablan los estudios. Planteamos la cuestión en uno de esos grupos de jóvenes que casi usan Letterboxd, aplicación para cinéfilos, como su red social predilecta. “Creo que ya no se quiere ni erotizar, ni representar realidad, lo único que se busca es un estímulo estético para el ojo. Es como un trampantojo con el que ni siquiera te puedes poner cachonda”, defiende Carmela R., de 26 años.
En cambio, a Pedro E. de 27 años, le generan una sensación más contradictoria: “Hay algo que impulsivamente me atrae de esos cuerpos, nos lo han metido en la cabeza. Pero la hipersexualización me aleja mucho, no me veo representado. El sexo es algo mucho más complejo que ver un culo hinchado”. “El problema no son los tíos mazados ni las tetas enormes, sino cómo muestran las escenas íntimas. Siento que estoy viendo una peli y, de repente, cortan a un anuncio de Calvin Klein. No se sugiere nada. Entiendo que a la gente le ponga, pero a mí no”, añade Clara F. de 22 años.
Independientemente de los gustos personales, el catedrático Fouz Hernández reconoce que los cuerpos de la ficción actual, especialmente los masculinos, constatan la victoria final del gusto por el culturismo: “Algo que antes se consideraba un espectáculo puramente excepcional, pienso en Eugene Sandow, el padre del culturismo que se exhibía en circos a principio del siglo pasado, ha pasado a estar generalizado”. Los cuerpos espectaculares no son nada nuevo para el cine y su eclosión se puede rastrear hasta los años setenta. Ya entonces, asegura, se daba un fuerte contraste entre el Hércules del culturista Steve Reeves del péplum y el Kirk Douglas de Espartaco y apareció el llamado miedo a la toga en las entre las estrellas, consistente en “qalgunos actores de Hollywood en los años sesenta, cuyo físico a veces algo enclenque no respondía a las exigencias del guión”. Sin embargo, el imperio de estos cuerpos escultóricos no llegó hasta los principios del siglo XXI con el auge de los héroes y superhéroes, de Brad Pitt en Troya, a Chris Hemsworth en Thor o Henry Cavill en El hombre de acero. “Ahora se toma como estándar de ciertas masculinidades contemporáneas y se ignora que la preparación física de los actores no es permanente. La popularización de las rutinas de gimnasio de algunos de estos actores para algunas películas son un buen ejemplo de esta obsesión con el físico, que puede convertirse en un tipo de yugo”, explica.
Precisamente Más que rivales ha provocado que se viralicen las rutinas de entrenamiento de glúteos de los actores Hudson Williams y Connor Storrie. Pese a que Fouz Hernández advierte del peligro de difundir estos cánones, celebra la valentía de la serie para mostrar la homosexualidad en el deporte y está convencido de que lentamente esa diversidad se irá instaurando también en los cuerpos. En la historia, defiende, ningún canon es eterno: “Confío en que regresemos a referentes más reales, como pasa casi siempre. Todo cansa y las audiencias tienen más criterio del que se les otorga a veces”. Hasta entonces, Chico recomienda llevar las dudas y fantasías sexuales a terapia en vez de al cine. “El problema no es ver ficción, sino no educar a los jóvenes, y a todos, en realidad, para que aprendan a diferenciarlo de la fantasía”, puntualiza. ¿Una pista para empezar? El cine siempre miente y, si es en cuestiones de alcoba, aún más.