El cooperativismo luce músculo económico sin perder alma social
La confederación del sector impulsa fórmulas de inyección de capital para las empresas que no debilitan su gestión autónoma
La entrada de capital externo choca con la idiosincrasia cooperativa. Es incompatible. La esencia de estas organizaciones radica en que el núcleo de decisión permanezca siempre en manos de sus socios. Cuando el capital inversor gana protagonismo, ese equilibrio se rompe y el poder de decisión se desplaza de los miembros asociados al inversor. Es decir, el objetivo económico empieza a imponerse al propósito social.
En un escenario marcado por la incertidumbre económica y las tensiones geopolíticas, el modelo de economía social ha demostrado tener grandes dosis de resiliencia. Sin embargo, las nuevas transformaciones industriales y sociales obligarán a este modelo de empresa a contar con herramientas financieras a la altura de todos estos retos. “En las cooperativas existen fórmulas propias y alternativas de financiación que complementan el modelo tradicional”, sostiene la presidenta de la Confederación de Cooperativas de Euskadi (Konfekoop, según sus siglas en euskera), Rosa Lavín. Eso sí, la responsable advierte de que siempre deberán “mantener el control” y “la toma de decisiones dentro de la cooperativa”.
El marco jurídico vasco contempla distintas figuras que amplían las opciones financieras sin poner en riesgo dicha autonomía. Existen, por ejemplo, cooperativas mixtas, en las que puede haber participación capitalista siempre que el 51% del capital social siga perteneciendo a los socios cooperadores; también está figura de la persona socia colaboradora, que aporta fondos pero con derechos limitados de gestión; y las aportaciones especiales o subordinadas, que permiten captar recursos de entidades no cooperativas sin conceder derechos de voto.
“Desde Konfekoop siempre hemos defendido y promovido estas fórmulas para ampliar el abanico de posibilidades de financiación de las cooperativas”, recalca Lavín. En su décimo aniversario al frente de la confederación, destaca la existencia de tres fondos específicos que suman más de 4,5 millones de euros, los convenios con entidades bancarias y la colaboración con Elkargi. “Son instrumentos diseñados para fortalecer el tejido, favorecer la inversión productiva y garantizar el protagonismo de las cooperativas en su propio desarrollo”, desgrana Lavín, cuya dirección representa a millar y medio de empresas.
Diversificación
Para el director general de Elkargi, Zenón Vázquez, la diversificación de las fuentes de financiación es clave en una gestión económica eficaz. Su compañía, como Sociedad de Garantía Recíproca (SGR), apoya a las empresas mediante avales y financiación: “Se trata de complementar o de suplir con diferentes alternativas la complicada salida o emisión en mercados de capitales”. Según Vázquez, “las cooperativas deben diversificar sus fuentes de financiación, siempre que eso no apriete el zapato”. Una empresa de este tipo puede optar, por ejemplo, “por fondos de deuda o por fórmulas alternativas, como IVE, ICO, Cofides o Cepides, entidades que actúan como colaboradores financieros”, aclara.
Más allá de herramientas financieras, Vázquez pone el acento en la importancia de la formación para profesionalizar la función financiera. “Me da igual que sea una cooperativa, que sea una empresa familiar, que sea la entidad que sea o la forma jurídica que sea”, sostiene en una entrevista telefónica. “Estamos viendo, y hemos visto en los últimos años cómo se han desarrollado diferentes mecanismos para mantener ese sistema y ese modelo, pero desarrollando la gestión financiera”.
Modelo reconocido
El reto de la formación en materia financiera llega en el Año Internacional de las Cooperativas, declarado por parte de Naciones Unidas. Aunque el contexto esté caracterizado por la inestabilidad, el modelo vasco de cooperativismo ha sabido seguir creciendo y proyectándose en los principales foros internacionales. “Esta proclamación trasciende lo simbólico ya que supone un reconocimiento al papel esencial que desempeñamos en la construcción de sociedades más resilientes, cohesionadas y equitativas”, sostiene Rosa Lavín, presidenta de la Confederación de Cooperativas de Euskadi (Konfekoop) .
Los resultados de sus estudios demuestran que las comarcas con mayor porcentaje de empleo cooperativo presentan mejores posiciones. “Por ejemplo, Debagoiena (Gipuzkoa), con el porcentaje más alto de empleo cooperativo, se sitúa en el primer cuartil en indicadores de renta y pobreza, y en el segundo cuartil en brecha salarial y desigualdad de ingresos”, detalla Lavín con evidente orgullo.
La asamblea general de esta organización reunió a más de 200 representantes del mundo cooperativo. En este encuentro se presentó de forma oficial el nuevo plan estratégico hasta 2028, una hoja de ruta diseñada para fortalecer la influencia y la proyección del cooperativismo. Los cuatro ejes del documento se centran en fortalecer su influencia institucional; fomentar la colaboración entre cooperativas; atraer talento a nuevos sectores para generar valor real, y modernizar la organización, haciéndola más digital y cercana a las personas.
Las instituciones también han aprovechado este momento para valorar su papel. El Parlamento vasco ha aprobado recientemente una proposición no de ley para reconocer al cooperativismo como “motor estratégico para un desarrollo económico más democrático y sostenible”. Además, insta al Gobierno vasco “a reforzar su papel en el diálogo institucional, impulsar el tejido industrial cooperativo y fomentar el emprendimiento colectivo”. La iniciativa contempla la mejora de los instrumentos estadísticos para medir el impacto del sector.
Konfekoop agrupa a 1.400 cooperativas que generan más de 62.300 empleos directos y reúnen a más de un millón y medio de socios. Entre 2021 y 2024, el número de empleos directos generados por las cooperativas ha crecido más de un 9% y el número de socios ha aumentado un 6,9%. Estas entidades facturan 11.600 millones de euros anuales, según los datos de la confederación.