Escudos contra el impacto del clima
De evitar lo inevitable a resistirlo: infraestructuras más fuertes para reducir el embate del calentamiento global
Durante las horas más devastadoras de la dana que azotó Valencia en 2024, siete tornados derribaron 35 torres de alta tensión. “Gracias al diseño mallado de la red, el suministro se restableció en tiempo récord”, explica una portavoz de Red Eléctrica. La compañía revisa cada año los riesgos climáticos para identificar amenazas relevantes y anticipar su impacto, y ha desarrollado un mapa de vientos con valores máximos esperables. La prevención ya no es un eslogan, sino una necesidad estructural. “Lo que estamos viendo no es solo más eventos extremos, sino mucho más intensos y concentrados en poco tiempo”, advierte Adrián Díaz de Ilarraza, responsable de ingeniería de riesgos y prevención de pérdidas en Generali GC&C.
No se trata de evitar los fenómenos extremos, sino de activar nuevas formas de planificar, mantener y reaccionar. A las grandes redes —energéticas, de transporte, digitales o hidráulicas— les toca evaluar la exposición de sus activos y proyectar cómo responder. “No basta con mantener bien una infraestructura; cuando se aproxima un evento extremo hay que anticiparse, avisar y actuar”, explica el portavoz de Generali GC&C.
La medición es una de las áreas fuertes de Schneider Electric. La vicepresidenta de Power Systems, Martina Tomé, defiende que “debemos repensar la red como una infraestructura viva y capaz de adaptarse en tiempo real”. Para esta compañía francesa “las subestaciones digitales, los gemelos digitales y la monitorización continua permiten anticipar fallos antes de que escalen y evitar efectos en cascada sobre servicios críticos”, señala Tomé.
El objetivo es que, por ejemplo, una caída local no se convierta en un apagón a todos los niveles. El de abril de 2025, de escala nacional, fue una prueba de estrés para las infraestructuras. Los centros de datos, sin embargo, resistieron al corte de luz. Al ser de nueva creación, su adaptación es más ágil. “Tras los episodios de calor récord y las inundaciones recientes, hemos elevado cotas, rediseñado drenajes y reubicado cuadros eléctricos”, explica Alejandro Fuster, director técnico de Spain DC.
La resiliencia del ámbito digital convive con la obra civil, los drenajes y el terreno. El Centro de Investigación del Transporte (TRANSyT) de la Universidad Politécnica de Madrid evalúa la criticidad de los tramos de la red bajo distintas proyecciones climáticas. “Se pueden identificar áreas de actuación para aplicar medidas de adaptación proactiva con el fin de reducir impactos y costes, al tiempo que se prioriza el mantenimiento o la reconstrucción de los tramos más críticos en caso de un futuro evento climático”, explica Emilio Ortega Pérez, catedrático y subdirector de TRANSyT.
Cargas inasumibles
Hace pocos días Cádiz se levantaba con el destrozo de algunos tramos de carretera de la sierra por la tormenta. El decano de la Demarcación del Colegio de Ingenieros de Caminos en Aragón, Rafael López Guarga, incide en que “las cargas que soportan las carreteras empieza a ser inasumible”. “No hay espesor de firme que aguante los millones de toneladas que soportan”. Defiende plantearse el traspaso de mercancías al ferrocarril. Insiste además en que, si bien la red de carreteras estatales es sólida, falta inversión en las autonómicas.
Cita el informe sobre Necesidades de Inversión en Conservación 2025 de la Asociación Española de la Carretera (AEC), donde se indica que el déficit de inversión acumulado en las vías españolas supera los 13.400 millones de euros. “Para ir poniéndose al día y empezar por lo más urgente serían necesarios de inmediato unos 3.000 millones. La red de las Diputaciones provinciales es un desastre y la de las comunidades autónomas, en algunos casos, también”, explica. Ciñéndose a la red estatal, sin embargo, dice que su diseño se apoya en criterios normativos exigentes. “La capacidad de las estructuras se calcula con un período de retorno de 500 años; estos parámetros se consideran suficientes”, añade López Guarga.
Por su parte, el sector constructor asegura que la variable climática ya forma parte de cada proyecto. “La recurrencia, cada vez mayor, de fenómenos climáticos extremos debe ser un criterio más en la planificación de las infraestructuras”, advierte Concha Santos, presidenta de la Asociación Nacional de Constructores Independientes (ANCI). Anticipar escenarios de inundaciones, temporales u olas de calor permite “orientar mejor la inversión pública”, cierra. “Invertir en prevención supone una reducción drástica de los costes a largo plazo”, defiende Juan Ortas, director de aguas de Eptisa. Las inundaciones en España han provocado pérdidas estimadas en 300 millones de euros anuales durante los últimos 50 años, explica Ortas.
A la vez, la transición verde añade capas de riesgo si la integración falla. Desde Generali GC&C advierten de vulnerabilidades asociadas a nuevas tecnologías mal integradas. “Hemos visto cubiertas que no estaban diseñadas para soportar nuevas cargas, como placas fotovoltaicas combinadas con lluvia, nieve o granizo”, señala su portavoz. La resiliencia no promete que no haya daños, pero sí continuidad de servicio y una recuperación más corta. La pregunta ya no es si ocurren fenómenos extremos, sino qué umbral de protección y qué inversión se consideran aceptables para reducir su impacto.
Protocolos y vigilancia
Desde el sector asegurador subrayan que, “una vez puesta en servicio, el mantenimiento de las infraestructuras debe estar protocolizado” y acompañado de “monitorización” de cara a anticipar incidencias y asegurar su resistencia “para los parámetros de diseño”, señalan Zaida Ruiz Fernández y José Luis Cubero Rivera, subdirectores de Mapfre Global Risks. Sobre todo la limpieza y mantenimiento de drenajes, el control de la vegetación y las revisiones del firme y los taludes, desgranan.
Respecto a la dana de Valencia, Rafael López, decano del Colegio de Ingenieros de Caminos en Aragón recuerda que “muchas estructuras sufrieron arrastres o impactos por los materiales que arrastraban las aguas y barrancos”. El estado de los cauces influye: “Ha pasado casi año y medio y no se ha hecho prácticamente nada; los cauces siguen igual de sucios”.