Es vital reconocer que el cerebro es manipulable para defenderse mejor
La neurología recomienda evitar la multitarea o la atención dividida como paso clave para no caer en la trampa de los criminales
I’ve written about loads of scams. This one almost got me. Es inusual arrancar un texto con una frase en inglés en un medio que llega a 350 millones de hispano parlantes. Es inusual, también, la traducción. “He escrito mucho sobre estafas. Esta casi me engaña”. Lo publicó el 18 de septiembre pasado el periodista Michael Wilson, que trabaja para The New York Times, y está especializado en ciberseguridad y fraudes. ¿Cómo resulta posible llevar al filo del timo a un experto en detectarlos? “Era un miércoles de agosto, un poco antes del almuerzo. La llamada procedía de un 212, que en Nueva York puede ser casi todo, una escuela o la farmacia. Así que contesté”, relató.
Antes de seguir con la historia, su trama y desenlace, hay que contar que este caso es traído por Susana Martínez Conde, una de las neurocientíficas más reconocidas del mundo. Sobre todo en el campo de las ilusiones perceptivas y cognitivas. Dirige su propio laboratorio en la Universidad Estatal de Nueva York y concluyó el postdoctorado en Harvard.
Ha preparado para este evento que organiza El PAÍS, en colaboración con BBVA, una intervención que es una guía para navegar por un mundo donde crece el engaño. “Me gustaría empezar” —arrancó— “con una definición. ¿Qué es la ilusión? Una percepción subjetiva que no se corresponde con la realidad objetiva”. Y muestra varios ejemplos. Una imagen que parece atravesada por líneas oblicuas. Un espejismo. Únicamente hay líneas verticales y horizontales. Todo esto sucede en nuestro cerebro. Dos pájaros parecen repletos de colores. Falso. Es una fotografía en blanco y negro. Solo se ha solapado una rejilla con colores y nuestro cerebro se encarga de asignarlos a la imagen que existe debajo. “¿Por qué experimentamos ilusiones en vez de la realidad. No hay una respuesta definitiva. Aunque los neurocientíficos hemos conseguido aislar ciertos principios: las limitaciones neuronales generan engaños neuronales. El cerebro está limitado por el tamaño del cráneo”, reveló Martínez Conde. Y el número de neuronas es finito. “Ante tanto exceso de información de la vida actual, el cerebro tiene que elegir. “Y no le gusta el caos. Busca el orden. La estructura. Aunque la realidad sea desordenada”, explicó.
Dejemos la sede central de BBVA y regresemos al artículo de Michael Wilson. La llamada procedía de su banco, Chase, y querían verificar una transferencia —2.100 dólares, unos 1.800 euros— hecha a su favor a través de una plataforma (Zelle) que utilizan 150 millones de personas para recibir dinero a través del teléfono. “Número equivocado”, respondió. “No tengo una cuenta en Chase”. “Pero alguien ha abierto una en su nombre” —replicó el interlocutor— “con dos transferencias de Zelle. Y hace un par de minutos han intentado enviar esos fondos a San Antonio (Texas)”.
Wilson comprobó el número de teléfono que aparecía en Google en la pantalla y correspondía con una sucursal neoyorkina del banco. “En Chase jamás le vamos a pedir información personal ni contraseñas. Lo pasamos con un supervisor”, dijo la voz. “¿Desde cuándo en un timo hay un supervisor?”, se cuestionó Wilson. ¿Sería verdad? Tras unos segundos, el supuesto operador se identificó como Mike Wallace, le sugirió que abriera su cuenta de Zelle, y él le ayudaría a revertir esas transferencias. Pero su escepticismo le llevó a sospechar que era un fraude. En algo que debería haber descubierto en 16 segundos; tardó 16 minutos.
Engaños millonarios
El FBI cifra, según The New York Times, en 16.600 millones de dólares (un récord de unos 14.400 millones de euros) el dinero que generan los engaños por internet, y su reflejo fueron 860.000 quejas solo en ese país el año pasado. ¿Dónde anda nuestro cerebro? “Le gusta” —lo hemos visto— “la estructura, el significado; llegar a conclusiones”, indicó Martínez Conde.
Si un experto en ciberseguridad como Wilson baja la guardia, puede ser noqueado. Los malos han utilizado varias estrategias: la manipulación emocional (una forma de distracción); el temor y la ansiedad por el robo de su identidad; la presión y la sobrecarga mental. “Algo que es importante aceptar en neurociencia es que la multitarea no existe”, apuntó la científica. “Resulta imposible entrenarse para hacer dos cosas a la vez”.
De regreso a la ciberseguridad, en el incidente del periodista guiaron a la víctima, paso a paso, centrando siempre su atención en una tarea concreta. Abrumándolo con instrucciones para evitar que reflexionara y utilizando la presión de la urgencia. Todo fue una escalada sutil. Ninguno de los pasos era especialmente alarmante. Entonces, ¿cómo protegernos? “Evitando la multitarea o la atención dividida; parar, estemos lo que estemos haciendo, y concentrarnos al máximo en la situación; sospechar de la urgencia, y lo más importante: entender que nuestro cerebro resulta manipulable. Esto nos preparará para responder mejor en situaciones de riesgo”, sintetizó la experta.