Madrid ante el 8M: la persistencia de una lucha imprescindible
En un contexto donde resurgen discursos que cuestionan el feminismo y banalizan la violencia machista, reivindicar la igualdad no es una consigna ideológica, es una defensa de la democracia misma
El 8 de marzo, Día internacional de la Mujer, no es solo una conmemoración histórica ni una jornada simbólica; es, sobre todo, un recordatorio de que la igualdad real sigue siendo una tarea pendiente.
Madrid no es ajena a esta realidad. La igualdad formal reconocida en las leyes no se ha traducido todavía en igualdad efectiva en las oportunidades. Las brechas salariales, la feminización de la pobreza, la sobrecarga de los cuidados o la infrarrepresentación en determinados espacios de poder siguen marcando la vida de miles de mujeres madrileñas.
El 8M no es, por tanto, una fecha para la autocomplacencia. Es un punto de encuentro entre memoria y futuro: memoria de las mujeres que abrieron camino frente a la discriminación y futuro para las generaciones que no están dispuestas a heredar las mismas desigualdades. En un contexto donde resurgen discursos que cuestionan el feminismo y banalizan la violencia machista, reivindicar la igualdad no es una consigna ideológica, es una defensa de la democracia misma.
Madrid tiene la responsabilidad de situarse a la vanguardia de esa transformación. La lucha feminista en nuestra ciudad ha sabido conectar históricamente con los problemas reales de la vida cotidiana: el acceso a la vivienda, la precariedad laboral, la organización social de los cuidados o la soledad no deseada de muchas mujeres mayores. Hablar de feminismo en Madrid es hablar de barrios, de servicios públicos y de un modelo de ciudad que pone la igualdad en el centro de las decisiones.
Precisamente por esa capacidad de articulación social resulta especialmente preocupante el rumbo que han tomado las políticas municipales en los últimos años. Lo que estamos viendo no es solo una falta de ambición, sino un progresivo borrado político de la igualdad como prioridad de ciudad.
Madrid ha pasado de contar con una red territorial de Espacios de Igualdad que trabajaban desde la prevención, el empoderamiento y la intervención comunitaria, a un modelo de Centros Integrales de Atención a la Mujer (CIAM) que diluye el enfoque feminista y lo sustituye por una visión meramente asistencial. Se han reducido recursos, se han debilitado espacios de participación y se ha relegado la igualdad a un lugar secundario dentro del organigrama municipal. No se elimina el discurso, pero se vacía de contenido. No se niega formalmente la igualdad, pero se desactiva su capacidad transformadora.
A ello se suma la externalización de estos servicios en empresas adjudicatarias, que ha derivado en condiciones laborales precarias para muchas de sus trabajadoras, con salarios bajos y conflictos recurrentes que han desembocado en huelgas y movilizaciones. Esta situación no solo afecta a quienes sostienen el servicio; repercute directamente en la calidad y continuidad de la atención a las mujeres, debilitando un sistema que debería ser un pilar de promoción, empoderamiento y protección.
Frente a esta deriva, desde el PSOE en el Ayuntamiento de Madrid defendemos una agenda feminista ambiciosa y transformadora. Proponemos recuperar y ampliar la Red municipal de Espacios de Igualdad en los 21 distritos, con gestión pública directa y una orientación comunitaria sólida. Estos espacios deben volver a ser puntos de encuentro de prevención, formación y participación, abiertos también a la juventud mediante escuelas feministas que trabajen la igualdad desde edades tempranas. Planteamos la remunicipalización de estos servicios como una medida imprescindible para reforzar su carácter público, garantizar estabilidad en los equipos profesionales y devolver coherencia a unas políticas que requieren continuidad y especialización.
El 8 de marzo no es únicamente una fecha para celebrar avances; es una llamada a sostenerlos y ampliarlos. En un mundo donde los derechos pueden retroceder con rapidez, el feminismo nos recuerda que la igualdad no es un estado alcanzado, sino un proceso que exige voluntad política, recursos y compromiso social.
Madrid no puede resignarse a que la igualdad efectiva entre mujeres y hombres sea un horizonte lejano. No puede aceptar que nacer mujer siga condicionando el acceso al empleo, a los ingresos o al tiempo propio. Madrid tiene que ser un referente en políticas públicas valientes y eficaces que reduzcan las brechas de género y mejoren la vida de las madrileñas y del conjunto de la ciudadanía.
Por eso, este 8M salimos a las calles para teñir Madrid de morado, para convertir cada barrio en un espacio de reivindicación y esperanza. Salir a la calle no es un gesto simbólico: es afirmar que no vamos a aceptar retrocesos, que no vamos a normalizar la desigualdad y que no vamos a permitir que el feminismo sea silenciado o desdibujado. Cada derecho conquistado nació de la movilización colectiva. Cada avance futuro dependerá de nuestra capacidad de organizarnos, de alzar la voz y de sostener una agenda feminista firme y transformadora. Porque sin feminismo no hay democracia plena.