La encrucijada de Junts
El antaño moderado nacionalismo centrista adopta ahora la misma fraseología tremendista de Vox y PP
Tanto Junts como Podemos exhiben sin disimulo una persistente incomodidad y disgusto por verse a sí mismos como compañeros de viaje del Gobierno de coalición del PSOE y Sumar. Aborrecen a este Gobierno, aunque sea por motivos opuestos, pero lo salvan con sus votos cada vez que peligra su continuidad. Lo...
Tanto Junts como Podemos exhiben sin disimulo una persistente incomodidad y disgusto por verse a sí mismos como compañeros de viaje del Gobierno de coalición del PSOE y Sumar. Aborrecen a este Gobierno, aunque sea por motivos opuestos, pero lo salvan con sus votos cada vez que peligra su continuidad. Lo han hecho otra vez esta semana porque la alternativa que encarnan PP y Vox es, para ellos, sencillamente muchísimo peor.
En el caso de Junts, vivir en esta contradicción es particularmente frustrante porque en el partido de la derecha nacionalista sigue vivo el recuerdo de la época dorada en la que su líder Jordi Pujol dominaba el escenario político catalán y podía alternar sus alianzas en el español, ora el PSOE, ora el PP. Aquello terminó en un ya lejano 2003, de la mano de Pasqual Maragall. Luego, imprudentemente convertida al independentismo por Artur Mas y aliada con ERC y la CUP, aquella derecha moderada se adentró en una década larga de turbulencias hasta descubrirse de pronto convertida en el partido radical de un Carles Puigdemont exiliado en Bélgica.
Para el partido de Puigdemont esa etapa finalizó cuando en 2022 rompió su alianza con ERC. Desde entonces se halla en una delicada encrucijada de la que nunca termina de salir. En su último congreso, celebrado en 2024, decidió alinearse con las posiciones ideológicas neoliberales, abandonó sus veleidades socialdemócratas fundacionales y puso fin a algunas ambigüedades en materia social, que eran precisamente las que durante décadas le habían permitido actuar como fuerza centrista y progresista y pactar con la izquierda independentista.
Desde entonces no ha cesado de crecer la animadversión entre el partido de Oriol Junqueras y el de Puigdemont. En la nueva situación creada por esta ruptura, Junts porfía para alzarse como el partido conservador de Cataluña y erigirse como alternativa al Govern de Salvador Illa. Pero se encuentra con que el espacio de las derechas está ya ocupado.
Así es como Junts se ha lanzado a competir con Aliança Catalana y Vox en la denuncia de los inmigrantes como invasores; a rivalizar con el PP en la descripción de la fiscalidad como una asfixia en la que perecen las empresas, se ahogan los autónomos y las familias sufren estrecheces. El antaño moderado nacionalismo centrista adopta ahora la misma fraseología tremendista de Vox y PP que presenta a Cataluña como un “infierno fiscal”, un territorio abonado para la ocupación ilegal de viviendas donde la población vive atemorizada por la delincuencia común y la inseguridad general.
Con las variaciones locales correspondientes, esta es la formulación que impulsa en las últimas décadas el crecimiento electoral de la derecha y la extrema derecha en Europa y América. Y este será el futuro perfil de Junts si persevera en la línea que adoptó en 2024 al abandonar el centrismo y los guiños sociales que le permitían escoger aliados. Lo que le sucede, sin embargo, es que en su actual encrucijada Junts tiene cerrada la salida por la izquierda, mientras sus adversarios de PP, Vox y Aliança Catalana le taponan también la de la derecha. De ahí que, cada vez que es necesario, sus diputados salvan al Gobierno de Sánchez que, al fin y al cabo, es el que en 2020 les sacó de la cárcel.