Álvaro García Ortiz: “Con mi condena hemos perdido todos, también el Supremo”
El ex fiscal general del Estado asegura que siempre creyó en que sería absuelto porque “no había carga probatoria”
Lo primero que hizo Álvaro García Ortiz el pasado 20 de noviembre, cuando la Abogacía del Estado le comunicó que el Tribunal Supremo lo condenaba por revelación de secretos a dos años de inhabilitación, fue llamar a su esposa, también fiscal. “Hubo un momento de silencio hasta que me dijo: ‘No me lo puedo creer’”, relata el ex fiscal general del Estado en la primera entrevista concedida tras su condena, que la noche de este domingo se emitió en el programa Lo de Évole de La Sexta.
García Ortiz cuenta que siempre pensó que el proceso contra él por filtrar datos sobre el novio de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, imputado por un fraude fiscal de 350.000 euros, quedaría en nada porque “no había carga probatoria”. Pero a lo largo de las actuaciones judiciales vivió otros momentos que, según confiesa, sobrepasaron lo imaginable para él. Como cuando la UCO registró su despacho por orden del instructor de la causa, Ángel Hurtado: “Fue una cosa casi delirante, no me creía lo que estaba pasando”.
Después de dar la noticia a su esposa, relata, lo llamó su hijo y le preguntó por qué lo habían condenado. “Y mi respuesta fue: ‘No sé’”. El Supremo, en una acción inusual en un caso como este, había hecho público el fallo y no la motivación de la sentencia, que se demoró casi tres semanas. “Tardé 20 días en saberlo mientras todo el país hacía una elucubración político-jurídico-personal sobre cuál había sido el motivo”, lamenta.
A lo largo de la hora y media de entrevista emitida por La Sexta, la palabra más repetida por García Ortiz es “institucional”. El exfiscal asegura que sigue manteniendo el mismo respeto que antes por el sistema y, en consecuencia, prefiere guardarse sus opiniones personales sobre ciertos asuntos. Pese a la insistencia de Jordi Évole, no logra arrancarle ni una crítica directa al tribunal que lo condenó ni al instructor del caso. Incluso dice que no puede dudar de la profesionalidad de todos ellos. Eso sí, deja caer que el prestigio de las instituciones no ha salido bien parado: “¿Quién ha ganado con esta sentencia? ¿la justicia española? ¿el Tribunal Supremo con una sentencia controvertida? Yo creo que hemos perdido todos”.
Sobre la enorme diferencia entre los argumentos de los cinco magistrados conservadores que lo condenaron y las dos progresistas que emitieron un voto particular a favor de la absolución, García Ortiz reflexiona: “Es paradójico que se puedan dar dos interpretaciones diametralmente opuestas sobre el mismo hecho jurídico”. También muestra su discrepancia sobre el enorme poder que atesora la Sala Segunda del Supremo, la encargada de juzgar a todos los aforados, como es su caso: “Los poderes del Estado no pueden estar concentrados en una sola Sala del Supremo que instruye, que es la única instancia y que además pone la sentencia”.
El ahora fiscal de la Sala Social del Supremo comenta cuál fue su reacción al escuchar el audio del presidente del tribunal que lo condenó, Andrés Martínez Arrieta, anunciando entre risas a un grupo de abogados que se iba a “poner la sentencia” sobre el caso: “Sentí un profundísimo dolor. Me afectó mucho, en lo personal y más aún en lo institucional”.
García Ortiz insiste en que borraba periódicamente sus teléfonos porque contenían “información sensible que la gente ni puede imaginar”. De no haberlo hecho, agrega, esa información hubiese sido filtrada a los medios: “Iba a acabar en un goteo [de filtraciones] que me iba a perseguir toda la vida”. Reconoce otra cosa que lo perseguirá a él y a “todos los fiscales de España”: el comentario de Pedro Sánchez en 2019 diciendo que la Fiscalía depende del Gobierno. “Eso no se corresponde con la realidad”, señala, porque, si bien al fiscal general lo nombra el Ejecutivo, luego no lo puede cesar, lo que le concede libertad “para hacer prácticamente lo que quiera”.