Columna

Incendios

Diego empezó a repartir la comida en los comederos. El hombre le dijo: “Loco, hacés bien en traerle comida a los animales. A nosotros mejor dejarnos morir”

El tronco de un árbol arrasado por el fuego en la Amazonia.L. Correa (AP)

Pasaron cosas. Un supremacista blanco mató a 22 personas a tiros en un complejo comercial de El Paso, Texas. Donald Trump aseguró que pretende comprar Groenlandia. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, se opuso al acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur porque, cuando empezó a incendiarse el Amazonas, se dio cuenta de que el presidente de Brasil le había mentido acerca de sus compromisos climáticos, una condición fundamental para la firma de aquel acuerdo, lo que demuestra que Macron es cándido o no lee los diarios: en julio, en conferencia de prensa internacional, Bolsonar...

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Pasaron cosas. Un supremacista blanco mató a 22 personas a tiros en un complejo comercial de El Paso, Texas. Donald Trump aseguró que pretende comprar Groenlandia. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, se opuso al acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur porque, cuando empezó a incendiarse el Amazonas, se dio cuenta de que el presidente de Brasil le había mentido acerca de sus compromisos climáticos, una condición fundamental para la firma de aquel acuerdo, lo que demuestra que Macron es cándido o no lee los diarios: en julio, en conferencia de prensa internacional, Bolsonaro había dicho que si “los datos de deforestación de los últimos 10 años fueran verdad, la Amazonia ya no existiría”, y que “la Amazonia es nuestra, no de ustedes”. Mientras tanto, en mi pequeña vida, pasaron cosas: aprendí a hacer pan con masamadre y escuché una frase. Diego, el hombre con quien vivo, alimenta desde hace años a unos gatos callejeros en los bosques de Palermo, Buenos Aires. Les lleva agua y comida, les fabrica refugios que coloca sobre los árboles. Los gatos están en una zona difícil en la que travestis ofrecen sus servicios y varios grupos se reúnen para fumar paco: pasta base. Diego los conoce bien; cada tanto le piden dinero o agua y él les da. El otro día, uno de los hombres de ese grupo se le acercó con cuatro cuchillos de muy mala traza y quiso venderle uno. “No te miento”, le dijo, “me los robé hoy a la tarde”. Diego le respondió que no tenía un solo peso y que, además, no necesitaba cuchillos. El hombre le preguntó si tenía un encendedor. Diego le dio el suyo. Después, empezó a repartir la comida en los comederos. El hombre lo miraba hacer y, de pronto, le dijo: “Loco, hacés bien en traerle comida a los animales. A nosotros mejor dejarnos morir”. Esa frase fue mi incendio del mes de agosto.

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