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Sensesbit, la IA se adentra en la cata de alimentos

La empresa emergente que surgió de un proyecto de doctorado en la Universidad de Santiago de Compostela factura más de medio millón al año

La consejera delegada y fundadora, Maruxa García, y el director de expansión internacional, Isidro Villar en una imagen cedida por la empresa.Sensesbit

La IA no puede sentir, pero sí es capaz de identificar patrones, y eso bastó para impulsar el negocio de la ingeniera agrónoma Maruxa Quiroga. Ourensana de 45 años, Quiroga es la fundadora de Sensesbit, una empresa emergente que analiza datos de catas de productos para compañías del sector alimentario. El proyecto comenzó hace diez años, mucho antes de la aparición de la IA generativa, con un software desarrollado durante su doctorado en análisis sensorial (la ciencia de la evaluar un producto con el uso de los sentidos) en la Universidade de Santiago de Compostela.

El programa identificaba patrones en los resultados de las catas y pronto se comprobó su capacidad para anticipar la reacción del consumidor final. Así, el ejercicio académico se convirtió en la idea del negocio de Sensesbit, que Quiroga dirige. La empresa factura más de medio millón de euros al año, con beneficios, mediante la venta de la licencia de su software a la industria alimentaria.

“Decidimos crear esta empresa para resolver un problema, que era que se lanzaban muchos productos al mercado y fracasaban. Identificamos que el análisis sensorial lógicamente podía ayudar a reducir este riesgo”, comenta Quiroga en entrevista por videollamada. Cada semana, los gigantes de la industria organizan pruebas con decenas de catadores para anticipar cómo recibirá el mercado un nuevo producto o una modificación en la fórmula, cambios que a menudo responden a variaciones en el precio de las materias primas o a conflictos geopolíticos.

Al inicio de la invasión rusa de Ucrania, en 2022, una empresa europea de galletas contrató a Sensesbit ante el recorte en el suministro de trigo y le entregó miles de registros de una cata realizada con insumos de otra procedencia. La empresa de Quiroga identificó un sustituto y resolvió el problema de su cliente, que no percibió modificaciones en la demanda. “Fue como si no pasara nada”, recuerda la consejera delegada.

Más del 70% de los clientes de Sensesbit están en España, entre ellos firmas tan conocidas como Leche Pascual y Vichy Catalán. Fuera de la Península, la empresa gallega cuenta también con clientes en Alemania, México, Colombia y Argentina. “Estamos consolidando los mercados a los que ya hemos llegado”, afirma Isidro Villar, director de expansión internacional, en la misma videollamada. Sensesbit, que ahora cuenta con 15 empleados, todos en España, prevé incorporar hasta siete profesionales afuera para atender la demanda internacional.

El análisis sensorial de catas es un mercado en claro crecimiento, con una previsión de expansión del 30% en los próximos siete años, hasta superar los 7.100 millones de dólares (6.140 millones de euros), según un informe de febrero de la consultora Data Insights Market. En medio del avance de la competencia, Sensesbit ha incorporado la IA generativa en su programa desde mediados de marzo. Esta nueva tecnología, cuyo desarrollo ha llevado a Sensesbit un año, no solo mejora el rigor estadístico de su plataforma, sino que también permite generar recomendaciones publicitarias para los lanzamientos.

“Tú ya no tienes que ver los datos y pensar qué haces, sino que la plataforma ya te prepara la estrategia incluso a un plan a seis meses”, resume Quiroga. La novedad se produce en pleno debate sobre el riesgo de obsolescencia del sector del software, impulsado tras la llegada en enero de una actualización de un modelo de IA generativa, Claude, capaz de programar sin lenguaje de código. Esta capacidad reduce la necesidad de conocimientos técnicos y pone en cuestión el valor de muchos productos de software. Esta preocupación ya se refleja en las Bolsas, con fuertes caídas de grandes cotizadas del sector, como Adobe.

“No nos preocupa cómo la IA se integra dentro del ecosistema del análisis sensorial, podríamos decir, sino que somos partícipe de ellos”, señala Quiroga. Como muchos emprendedores, la consejera delegada de Sensesbit está acostumbrada a los desafíos desde el principio. Recuerda haber sido rechazada por los bancos cuando buscaba financiación en los primeros días de la empresa.

“En aquella época no había líneas de crédito específicas para empresas emergentes, así que era complicado responder cuando me preguntaban: ‘¿Cómo vas a montar la empresa?’”, comenta. El tercer banco al que acudió aceptó su proyecto y le concedió un préstamo de 30.000 euros, suficiente para ponerlo en marcha. En menos de un año, su potencial llamó la atención del fondo de inversión Unirisco, que aportó 150.000 euros, y con ayudas públicas la financiación total superó los 500.000. Recién, han lanzado una segunda ronda de financiación privada con el objetivo de impulsar la expansión al exterior.

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