La industria militar española se juega contratos de miles de millones en su relación con EE UU
En el foco, la venta de material para renovar las fragatas F-100 de Navantia por 1.700 millones. Sapa, que participa en la producción de los nuevos blindados estadounidenses, y Santa Bárbara también están expuestas
La industria militar nacional tiene mucho que perder en el enfrentamiento comercial entre España y EE UU por la postura del Gobierno de Pedro Sánchez respecto a la guerra con Irán. Uno de los contratos en juego es la venta de EE UU a España de material por valor de 1.700 millones de dólares (unos 1.462 millones de euros al cambi...
La industria militar nacional tiene mucho que perder en el enfrentamiento comercial entre España y EE UU por la postura del Gobierno de Pedro Sánchez respecto a la guerra con Irán. Uno de los contratos en juego es la venta de EE UU a España de material por valor de 1.700 millones de dólares (unos 1.462 millones de euros al cambio actual) para poner al día las fragatas F-100 fabricadas por Navantia. El Departamento de Defensa estadounidense preautorizó a finales de enero esta operación en un escrito en el que indicaba que todavía estaba pendiente de ratificación definitiva por ambas partes. Este contrato, del que se harán cargo gigantes del sector como Lockheed Martin, RTX Corporation o General Dynamics, es clave para la renovación de unas fragatas que complementarán a las nuevas F-110 de la armada, de las que Navantia ya entregó una primera unidad en septiembre, con la botadura en Ferrol de la F-111 ‘Bonifaz’. Tanto Navantia como el Ministerio de Defensa han rehusado hacer comentarios sobre este contrato.
Otra compañía española con importantes intereses en EE UU es Sapa, el fabricante de las transmisiones de los 8x8 Dragón del Ejército de Tierra español. Esta empresa vasca, que a su vez es el tercer accionista de Indra, con el 7,94% del capital de la tecnológica, anunció en octubre que fue seleccionada por el Ejecutivo estadounidense para entrar en el proyecto de los nuevos blindados del ejército de EE UU, para los que hará las transmisiones. Este es, a día de hoy, uno de sus contratos más importantes. Si bien Sapa no ha dicho a cuánto asciende el valor de esta operación, fuentes del sector explican que es “un programa entero, del que irán saliendo contratos. No es un único contrato como tal”.
Su compañero de viaje en este proyecto, la estadounidense General Dynamics (GD), también se juega bastante en las relaciones entre EE UU y España. En su caso, la compañía está en conflicto con la administración de Pedro Sánchez a través de su filial española, Santa Bárbara, que está bregando por no quedarse fuera de los grandes contratos que el Estado está asignando a su industria nacional. España está priorizando a Indra, compañía de capital español, a la que quiere transformar en la gran empresa tractora en el sector nacional de las plataformas terrestres militares.
Santa Bárbara ha presentado un contencioso-administrativo ante el Tribunal Supremo contra los 3.002 millones de euros en préstamos públicos plurianuales al 0% de interés, que Industria dará a Indra y Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) para el desarrollo de la nueva artillería móvil sobre ruedas y cadenas del Ejército de Tierra. CincoDías adelantó esta semana que Santa Bárbara solicitó proteger ciertos documentos y fragmentos de su recurso a Indra, EM&E, Oesía y Telefónica —estas dos últimas también se han visto afectadas, porque el recurso es contra el Real Decreto al completo y en él había más proyectos, no solo el de artillería—, algo que el Supremo ha rechazado.
Santa Bárbara asegura que se le dejó fuera de los dos contratos de artillería, que ascienden a 7.240 millones —también presentó un recurso de alzada contra los contratos en sí—, cuando ellos ya tienen las capacidades para hacer frente a ellos, al contrario de lo que sucede con Indra y EM&E, según Santa Bárbara. Su propuesta era el Némesis, un sistema de artillería blindada basado en el vehículo Ascod de GD, equipado con un cañón AGM 155 mm/L 52 totalmente automatizado. Ni Sapa ni Santa Bárbara han hecho valoraciones ante las preguntas de este periódico.