El Supremo da la razón a un comerciante de Lleida tras nueve años de pleitos

Jaume Bertran Minguell, un reputado comerciante de La Seu d"Urgell, ha obtenido en el Tribunal Supremo la recompensa a casi nueve años de interminables pleitos contra Banca Catalana, que deberá indemnizarle con 107,5 millones de pesetas por haberle embargado injustamente todo su patrimonio. El Supremo ha anulado una sentencia de la Audiencia de Lleida que revocó la dictada antes por el juzgado de La Seu.

El juzgado de La Seu había condenado a la entidad bancaria por considerar que había actuado de forma negligente contra el comerciante. Bertran, de 55 años, casado y con tres hijos, pas...

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Jaume Bertran Minguell, un reputado comerciante de La Seu d"Urgell, ha obtenido en el Tribunal Supremo la recompensa a casi nueve años de interminables pleitos contra Banca Catalana, que deberá indemnizarle con 107,5 millones de pesetas por haberle embargado injustamente todo su patrimonio. El Supremo ha anulado una sentencia de la Audiencia de Lleida que revocó la dictada antes por el juzgado de La Seu.

El juzgado de La Seu había condenado a la entidad bancaria por considerar que había actuado de forma negligente contra el comerciante. Bertran, de 55 años, casado y con tres hijos, pasó de la noche de la mañana de tener un próspero negocio a una situación de ruina tras quedarse sin vivienda y sin la Antigua Casa Cosmet, una tienda centenaria de ropas de decoración del hogar en la que había invertido los ahorros de toda su vida para que uno de sus hijos pudiera continuar el negocio familiar. El embargo de todos sus bienes durante tres años mermó su capacidad financiera y repercutió en su vida familiar. Los problemas de Bertran comenzaron hace nueve años, cuando Banca Catalana decidió ejecutar una póliza de crédito de 15 millones de pesetas, avalada por 10 miembros de la junta directiva de la Unió de Botiguers de Catalunya. Esta entidad, que tenía más de 2.000 afiliados y de la que el comerciante de La Seu era vicepresidente, pretendía comprar el Banc de Girona, entonces en quiebra, para convertirlo en el Banc del Botiguer, pero la operación no llegó a cristalizar porque los comerciantes descubrieron irregularidades. Pese a que la póliza venció el 15 de agosto de 1981, Banca Catalana no la reclamó por vía ejecutiva hasta diciembre de 1989, tras la crisis del grupo. A Bertran le fueron embargados todos sus bienes y no pudo devolver los créditos que había solicitado para convertir la tienda más antigua de la ciudad en un establecimiento moderno.

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