Editorial:

El triunfo del APRA

LOS RESULTADOS de las elecciones peruanas no significan simplemente la confirmación de unos sondeos que venían apuntando al APRA como seguro ganador. Contienen otros datos con un significado profundo; indican un viraje muy serio en la vida del país andino. A los 55 años de su fundación, y por primera vez, el APRA ha triunfado en las elecciones presidenciales. Y con un porcentaje de votos que se acerca al 50%. A la vez, el segundo partido es la Izquierda Unida, que obtiene un 23%. Hasta hace dos o tres semanas, se preveía que un partido de derecha, Coordinación Democrática, quedaría en segundo ...

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LOS RESULTADOS de las elecciones peruanas no significan simplemente la confirmación de unos sondeos que venían apuntando al APRA como seguro ganador. Contienen otros datos con un significado profundo; indican un viraje muy serio en la vida del país andino. A los 55 años de su fundación, y por primera vez, el APRA ha triunfado en las elecciones presidenciales. Y con un porcentaje de votos que se acerca al 50%. A la vez, el segundo partido es la Izquierda Unida, que obtiene un 23%. Hasta hace dos o tres semanas, se preveía que un partido de derecha, Coordinación Democrática, quedaría en segundo lugar. Ha ocurrido algo completamente diferente: el APRA y la izquierda marxista totalizan el 70% de los votos; es un hecho sin precedentes, y no sólo en Perú. Después de cinco años de la presidencia conservadora de Belaúnde Terry, caracterizada por la aceptación de los dictados económicos del Fondo Monetario Internacional, se levanta una gran marea de la ciudadanía que desea y pide un cambio.El APRA (siglas de Alianza Popular Revolucionaria Americana) fue pensado por su fundador, Raúl Haya de la Torre, durante su exilio en México, y creado en 1930 como un movimiento antiimperialista, portador de un nacionalismo con vocación continental, inspirado en la tradición de Simón Bolívar. La envergadura del APRA se fue restringiendo al ámbito peruano; su ideología y sus programas políticos han sufrido evoluciones confusas, con alianzas contradictorias, unas veces hacia la derecha, otras hacia la izquierda. Por eso el APRA actual representa algo diferente de su contenido fundacional; es un partido que ha mejorado unas relaciones, tradicionalmente de enemistad, con los militares; se apoya principálmente en las capas medias, con una orientación socialdemócrata. Su actual líder, el futuro presidente Alan García, representa una posición centrista dentro del partido, lo que ha contribuido en gran medida al traspaso del voto de muchos antiguos electores de Belaúnde Terry; no se puede olvidar que éste obtuvo el 45% de los votos en 1980, y ahora su partido ha sido barrido.

Las consecuencias desastrosas de la política económica del actual Gobiemo son la causa fundamental de su derrota: la ruina de extensas zonas agrarias, la acumulación de masas miserables en los suburbios de las grandes ciudades, la penetración de la pobreza en las capas medias, y, a la vez, una desigualdad social cada vez más escandalosa, con el cáncer de una corrupción que mina la estructura misma del Estado. Será el problema número uno para el futuro presidente: pero introducir cambios serios en la política económica para tener en cuenta las realidades más angustiosas del país se enlaza objetivamente con la necesidad de una política más independiente, menos sometida al FMI y a otros poderes extranjeros, de aflojar la soga de la deuda exterior y obtener una moratoria.

Es sintomático que el efecto político ante un movimiento terrorista con fornas de violencia tan brutales como las de Sendero Luminoso no haya sido un vuelco de la opinión hacia soluciones reaccionarias, partidarias de la máxima dureza represiva. Se observa una comprensión de que, sin atacar unas realidades sociales terribles, la represión en sí no puede resolver el problema. El candidato aprista ha dado una imagen de voluntad reformadora, pero al mismo tiempo de energía. Ante el reto del terrorismo, quizá uno de los datos más importantes sea la participación masiva en las elecciones, que ha superado el 90%. Se refleja así una voluntad casi unánime de democracia, que aísla a los partidarios de la violencia. Por otro lado, reforzará la voluntad de los jefes militares, expresada antes de las elecciones, de acatar los resultados y de servir con disciplina al poder que de ellas emane.

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Por el marco en el que se va a iniciar, en el próximo mes de julio, la presidencia de Alan García -segura ya, aunque precise aún de una segunda vuelta- se anuncia como una experiencia de democracia con una carga social más fuerte que en otros países latinoamericanos. La democracia política necesita demostrar en América Latina no sólo que suprime los horrores represivos que han caracterizado a numerosas dictaduras militares, sino que puede iniciar reformas sociales ante situaciones absolutamente insostenibles.

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