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‘Tres adioses’: una sufridora con causa. Pero no me cautiva

Isabel Coixet narra esta historia correctamente, buscando sutileza, intentando no chantajear ni abrumar sentimentalmente al espectador

Francesco Carril y Alba Rohrwacher, en 'Tres adioses', de Isabel Coixet.

Solo tengo agradecida memoria de dos películas en la ya cuantiosa filmografía de la hipersensible directora Isabel Coixet. Aunque casi todas se me olviden rápido y me resulten tan intensas como empalagosas, dos de ellas me parecieron conmovedoras. Son ...

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Solo tengo agradecida memoria de dos películas en la ya cuantiosa filmografía de la hipersensible directora Isabel Coixet. Aunque casi todas se me olviden rápido y me resulten tan intensas como empalagosas, dos de ellas me parecieron conmovedoras. Son Cosas que nunca te dije (hasta el título es sugerente y bonito ) y La librería. Que se haya especializado ancestralmente en el retrato de los sentimientos amorosos, de soledades diversas, también en sus consecuencias, y que su estilo narrativo le haya proporcionado un hueco en el cine internacional, incluidas estrellas de la actuación que parecen estar encantadas de trabajar con ella, otorga cierto prestigio a su reconocida firma y estilo. Lo posee, por supuesto, pero casi siempre me siento inmune, e incluso me irrita a veces.

En Tres adioses, Isabel Coixet se traslada a Roma, en una producción enteramente italiana, para contar otra historia de ruptura amorosa y de la aparición, en medio del desconsuelo y la desolación, en la abandonada, de un pegajoso monstruo llamado cáncer. En circunstancias tan infames, esa mujer descubre que el tiempo que le queda puede ser vivido con serenidad aliciente. Hará las paces con su sufrimiento, encontrará sentido y nuevos alicientes a su existencia, cicatrizará las heridas provocadas por el abandono que sufrió, estará dispuesta a aceptar el milagro de una venturosa relación cuando todo parecía extinguido, se pondrá de acuerdo con la vida durante el tiempo que le quede, descubrirá el valor de tantas pequeñas cosas.

El mapa emocional, en estas circunstancias, se presta a la intensidad, a la poetización. El sufrimiento da mucho juego artístico. Y la resurrección, encontrar luminosidad cuando todo era oscuro, sirve para elevar no ya el ánimo de la sufriente protagonista sino también el de los espectadores de su desventura.

Isabel Coixet narra esta historia correctamente, buscando sutileza, intentando no chantajear ni abrumar sentimentalmente al espectador. Se agradece. Pero tengo un problema con la protagonista y con la gente que la rodea. Y es que carecen de atractivo. Lamento las desgracias que padece esa mujer y deseo que le vaya muy bien, que su cuerpo espante a la enfermedad, que vuelva a enamorarse de alguien dulce y muy normal, que no acepte el retorno que le propone aquel arrepentido señor que la dejó tirada, que encuentre la paz interior y la degustación de nuevas y líricas sensaciones. Pero es que la dama no me provoca ninguna emoción, escasa simpatía, ni pizca de misterio aunque posea un mundo interior tan rico. Maniático irreflexivo que es uno.

La interpreta Alba Rohwacher. Y parece ser que todo dios está de acuerdo en que es la mejor actriz del actual cine italiano. Y me citan un montón de títulos en los que ella estaba eminente. Me suena mucho su rostro, pero no recuerdo esas películas en la que ella desplegaba su arte. Si las he visto antes, no me han dejado huella.

En Tres adioses, lamiendo sus soledad mientras recorre el Trastevere a bordo de una bicicleta, en su gestualidad sobria, en su expresión nada quejumbrosa aunque esté rota por dentro, esta dolorida señora no me provoca ni frío ni calor. Será alguien de verdad, pero eso no es suficiente para que me que me sienta cautivado.

Tres adioses

Dirección: Isabel Coixet.

Intérpretes: Alba Rohrwacher, Francesco Carril, Elio Germano, Sarita Choudhury, Pietro Sparvoli.

Género: drama. Italia, 2025.

Duración: 120 minutos.

Estreno: 6 de febrero.

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