Talento

Algunas series han demostrado que la duración de las mismas es inversamente proporcional a la calidad: cuanto mejores son, más cortas se hacen. 'Narcos' es un claro ejemplo

Cuando en 1976 Bernardo Bertolucci presentó en Cannes Novecento con sus 314 minutos de duración algo cambió en la industria del espectáculo. Al margen de su maestría, Bertolucci demostró que la duración habitual de una película, 90 minutos, era un convencionalismo superable, que la clave era el talento. Años más tarde, algunas series televisivas han demostrado que la duración de las mismas es inversamente proporcional a la calidad: cuanto mejores son, más cortas se hacen.

Narcos (Netflix) es un claro ejemplo. Su primera temporada (10 capítulos de 50 minutos) se hace co...

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Cuando en 1976 Bernardo Bertolucci presentó en Cannes Novecento con sus 314 minutos de duración algo cambió en la industria del espectáculo. Al margen de su maestría, Bertolucci demostró que la duración habitual de una película, 90 minutos, era un convencionalismo superable, que la clave era el talento. Años más tarde, algunas series televisivas han demostrado que la duración de las mismas es inversamente proporcional a la calidad: cuanto mejores son, más cortas se hacen.

Narcos (Netflix) es un claro ejemplo. Su primera temporada (10 capítulos de 50 minutos) se hace corta. La serie creada por Chris Brancato, Carlo Bernard y Doug Miro es un extraordinario ejercicio narrativo en torno a la figura de Pablo Escobar. En realidad es mucho mas: es un retrato coral del mundo de los narcotraficantes, de la política colombiana del último tercio del siglo XX y del intervencionismo de EE UU en su doble y contradictorio papel de Ángel Exterminador y Gran Consumidor de la cocaína.

Una serie que muestra una vertiente didáctica, en la que se intercalan muy selectivamente datos y material de archivo para explicar un fenómeno político, económico y social que mueve millones de dólares con la misma naturalidad que provoca decenas de miles de muertes. Un pastel tan apetitoso que resulta fácil promover la corrupción y el delirio entre sus protagonistas. Piénsese, por ejemplo, que cuando Escobar se sentía más acorralado se ofreció a pagar la deuda del Estado colombiano a cambio de que se derogara la ley de extradición de los narcos a EE UU.

Rodada en Colombia, por allí deambulan con nombres y apellidos los Ochoa, César Gaviria, Julio César Turbay, el Gacha o Rodrigo Lara y las mansiones de los capos de Cali o Medellín en contraste con Las Comunas, unas favelas colombianas. Una extraordinaria serie en la que la tensión dramática encuentra en la documentación su complemento perfecto.

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