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Europa se enfrenta a una mortandad de árboles sin precedentes por los incendios y las plagas

Un macroestudio en ‘Science’ estima que los daños por estas causas en los bosques pueden duplicarse para final de siglo, si no se frena el cambio climático

Vecinos de Bendollo siguen la evolución del incendio que afectó a la sierra de O Courel el pasdo agosto.Adrián Irago

Los bosques europeos pueden sufrir una mortandad y daños sin precedentes por incendios y plagas si no se reducen las emisiones que causan el cambio climático. Esta es la seria advertencia de un macroestudio publicado este jueves en Science, en el que han participado 43 investigadores de una docena de países diferentes, liderados por la Universidad Técnica de Múnich (Alemania).

El trabajo científico estima con simulaciones informáticas la muerte y otras afecciones de árboles en el futuro sobre una amplia superficie forestal europea de 187 millones de hectáreas, considerando tres escenarios climáticos muy distintos: uno optimista en el que se reducen de forma drástica las emisiones para que el aumento de la temperatura del planeta se quede cerca de 1,5 grados, otro intermedio con políticas climáticas moderadas y un tercero más pesimista en el que se llega a 4 grados de calentamiento. La conclusión es que las perturbaciones causadas por incendios, plagas de insectos y el viento aumentan en todas las opciones, pudiendo en el caso más extremo duplicarse para final del siglo.

“Hay que estar preparados para daños forestales significativos en los próximos años”, advierte Rupert Seidl, uno de los autores principales de la Universidad Técnica de Múnich. “Por un lado, esto significa que debemos prepararnos y amortiguar fluctuaciones más fuertes en los servicios que prestan los bosques. Por otro lado, las perturbaciones también ofrecen la oportunidad de establecer nuevos bosques resilientes al clima”, afirma el investigador alemán. Como precisa por correo electrónico, aunque esto tiene importantes implicaciones para la biodiversidad o para los recursos que obtienen los humanos de las florestas, la muerte de unos árboles también abre espacio para otras especies mejor adaptadas. “Los bosques suelen cambiar poco a lo largo de décadas o siglos, pero una perturbación libera recursos y desencadena una reorganización de los ecosistemas. Así pues, si bien los efectos para los humanos son en gran medida negativos, las perturbaciones también influyen en la dinámica natural de los bosques y permiten su adaptación a las condiciones cambiantes”.

Una de las particularidades del estudio es que, para estimar los daños de forma más precisa, combina diferentes tipos de efectos que añaden mucha más complejidad a las modelizaciones. Temperaturas más cálidas pueden aumentar la producción de madera, lo que incrementa el posible impacto de los incendios y el viento. Si un fuego quema un bosque, esto elimina el combustible disponible y reduce el riesgo de que se produzcan perturbaciones significativas en los años siguientes. Del mismo modo, las coníferas abatidas por el viento contribuyen al aumento de plagas como los escarabajos perforadores de la madera, y los daños causados por los insectos pueden aumentar a su vez el peligro de incendios.

A partir de datos de satélite de las últimas décadas, los investigadores cuantifican los impactos de los incendios, las plagas y el viento en los bosques europeos. Y, posteriormente, predicen la evolución de estas afecciones con el cambio climático utilizando modelizaciones de alta resolución (bajando el foco hasta cuadrículas de 100 metros cuadrados) y los avances de aprendizaje profundo de la inteligencia artificial, con redes neuronales artificiales que permiten aprender de forma automática.

En el caso de los bosques españoles, como señala Josep Maria Espelta, científico del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) que ha participado en el estudio, “la zona mediterránea será una de las más afectadas y la afección puede ser masiva”. Según especifica, en el peor escenario climático, las tasas de perturbación aumentarán en el 90% de la superficie forestal. “Y hay que tener en cuenta que esto es tomando como referencia el periodo 2001-2020, una época en la que el aumento de las perturbaciones se ha incrementado muchísimo respecto al pasado; se está comparando con unos años en los que ya vamos lanzados”, destaca.

El estudio prevé que la perturbación más grave para las florestas europeas en las próximas décadas será el fuego, de forma particular en el área Mediterránea. Como ya se está viendo en España, los incendios forestales pueden ser espoleados por las temperaturas extremas y por la aridez, encontrándose además hoy en día con una mayor abundancia de vegetación disponible para arder. El segundo factor con más impacto son los escarabajos perforadores (como los de la especie Ips typographus), aunque en los países del sur no resulta tan grave su incidencia como en los bosques del centro y norte de Europa. Justamente, el propio trabajo reconoce como una limitación haber analizado únicamente los daños provocados por estos insectos y asegura que sus conclusiones deben considerarse conservadoras por no haber incluido otras plagas. “Si se hubiera valorado también el impacto de la procesionaria o de la lagarta peluda (Lymantria dispar), que afecta a los alcornocales y a los encinares, pues las conclusiones serían todavía peores“, afirma Espelta, que insiste en que hay margen de conseguir unas reducciones de emisiones que eviten los impactos más drásticos.

Bosques más jóvenes

Si bien el viento constituye históricamente uno de los principales causantes de daños en bosques del norte de Europa, donde los árboles tienen una mayor altura y resultan más vulnerables, el trabajo señala que existe una gran incertidumbre con respecto a la evolución del clima eólico del futuro y por ello sus previsiones son también cautas. Asimismo, el trabajo se centra en perturbaciones severas que provocan el reemplazo de las masas forestales, dejando de lado las afecciones menos intensas que, aunque también son importantes desde el punto de vista ecológico, resultan difíciles de detectar mediante teledetección para poder cuantificarlas en el estudio.

Como destaca el investigador del CREAF, el estudio prevé la aparición de paisajes forestales más abiertos en el futuro y un aumento de los bosques jóvenes, en perjuicio de las florestas más maduras. Según advierte Espelta, este aumento de las perturbaciones puede a su vez provocar una aceleración del cambio climático, ya sea por las emisiones causadas por los incendios o por la reducción del papel de las masas forestales como sumideros. “Se espera bosques mucho más jóvenes, bosques de mucho menor tamaño y, por lo tanto, bosques con menos capacidad para secuestrar CO2″, indica el investigador.

En comentarios a Science Media Center (SMC) España, José V. Roces-Díaz, del Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (IMIB) del CSIC-Universidad de Oviedo, asegura que este estudio aborda la cuestión de cómo el cambio climático puede alterar los bosques “con una ambición y un alcance poco habituales”. “Según sus resultados, aumentos de temperatura en torno a +3 ºC conllevarían un incremento de cerca del 18% en la proporción de bosques jóvenes en la región Mediterránea, y de cerca del 5% en toda Europa. Si estas proyecciones se confirman, no solo estaríamos ante un cambio en la frecuencia de incendios o plagas, sino ante una transformación profunda en la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas forestales europeos, y por extensión de los paisajes de los que forman parte, con implicaciones ecológicas y sociales de gran alcance”, afirma el investigador.

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