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CRÍTICA i

El hermoso e intenso último Guinjoan

El pianista Javier Perianes interpretó la obra póstuma del compositor catalán

Perianes, al piano, en una fotografía de archivo.
Perianes, al piano, en una fotografía de archivo.

Disfruta una buena racha el pianista andaluz Javier Perianes y eso se nota en la calidez y madurez artística que transmite en cada nueva actuación. El pasado 16 de febrero tocó de forma magistral el Concierto para piano núm. 3de Beethoven, con la Filarmónica de Londres y Juanjo Mena, y el martes ha vuelto a saborear las mieles del éxito en su regreso al Palau. Tocó de maravilla obras de referencia de Frédéric Mompou, Claude Debussy y Manuel de Falla y convirtió el estreno de la última obra Joan Guinjoan en un emotivo homenaje al gran compositor catalán fallecido el pasado uno de enero.

Javier Perianes

Javier Perianes, piano. Obras de Chopin, Debussy, Falla y Guinjoan. Palau. Barcelona, 26 de marzo.

Acompañado en el escenario, en funciones de pasapáginas, por Victor García de Gomar, director artístico adjunto del Palau —asumirá en septiembre la dirección artística del Liceo—, Perianes transformó el estreno de La llum naixent, obra póstuma de Guinjoan, en un momento inolvidable. Micrófono en mano, explicó cómo conoció al gran músico de Riudoms, por mediación de su maestro, el gran pianista Josep Colom. Guinjoan le dijo que iba a dedicarle una pieza y, al final, el destino ha convertido ese regalo anunciado en su última obra.

La llum naixent encierra sabiduría, ternura expresiva y un lirismo interior bañado en luces de colores impresionistas y guiños sutiles a su amado mundo del jazz; algo en sus inflexiones rítmicas recordaba al mejor Keith Jarret. Es una pieza corta, pero tan hermosa e intensa que deja huella. Su estreno, con la presencia en la sala del hijo de Guinjoan, estuvo lleno de emoción y buenos augurios porque, como aseguró Perianes, piensa seguir interpretando esta obra con los consejos que, con su habitual buen humor, le enviará desde el más allá el añorado compositor.

Hay en el talento pianístico de Perianes generosidad y una nunca fingida modestia que añade a la precisión de sus dedos y al buen gusto musical una sinceridad expresiva que rompe cualquier barrera. No necesita poses de divo ni gestualidades histéricas frente al teclado: hace música desde el amor y la pasión por la música que interpreta, y así lo transmite al público. Por ello su Chopin sonó con fuerza, brillo, destreza y belleza sonora. Y eso que, junto a los dos líricos Nocturnos, op. 48, tocó, de forma maravillosa, la Sonata núm. 3, posiblemente la obra más dificil del compositor polaco.

La lección de estilo continuó con los sutiles colores de las Estampes soñadas por Debussy y los acentos y ritmos populares que suenan, con sello propio, en las Cuatro piezas españolas y las danzas de El sombrero de tres picos, de Falla. Actualmente, pocos pianistas son capaces de recrear estos repertorios con la naturalidad, el dominio del estilo y el brillo que lució Perianes en una velada encantadora.

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