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Todos los grandes personajes del narrador Luis Landero: de ‘Juegos de la edad tardía’ a su nueva novela

Los espléndidos relatos reunidos en el último libro del escritor extremeño, ‘Coloquio de invierno’, suman nuevos antihéroes a su obra: criaturas caracterizadas por la irónica humanidad, entre la compasión y la condescendencia, y entre la perplejidad y la risa

El escritor Luis Landero, en una imagen de noviembre de 2015.LUIS SEVILLANO

La última lección del múltiple magisterio narrativo de Luis Landero —cuando menos, el forjado de sus criaturas imaginarias, la arquitectura del relato y la jugosidad de la prosa— se llama ...

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La última lección del múltiple magisterio narrativo de Luis Landero —cuando menos, el forjado de sus criaturas imaginarias, la arquitectura del relato y la jugosidad de la prosa— se llama Coloquio de invierno. Durante tres noches de enero de 2021, entre el 8 y el 11, siete personajes se ven atrapados en un hotelito de montaña a causa de la borrasca Filomena. Aislados por la nieve, a la espera de ser rescatados, deciden entretener las veladas hablando: van a contarse historias reales o inventadas, vividas u oídas, como en la casa de Fiesole en el Decamerón de Boccaccio o la venta de Juan Palomeque en el Quijote.

Los recluidos

Coloquio de invierno

Tusquets, 2026. 312 páginas. 21,90 euros

Los recluidos, a los que se une la pareja de hosteleros, restituyen a la narración oral su ancestral poder de anonadamiento y su capacidad para capturar con matizada sutileza los más variopintos destinos humanos. Entre ellos los de la inmensa y anónima mayoría de la “entrecana zona media”, donde la anodina monotonía del ir viviendo es desbaratada de pronto por un instante único, mágico y sublime o siniestro y oscuro. Todos, narradores y oyentes, interrumpen y glosan los relatos ajenos, comentan el valor ejemplar de las historias o el modo más eficaz de contarlas.

La idea del coloquio la propone el médico Santos León, que es quien lo abre con la historia del triste don Claudio, Valeria y el charlatán nómada Monroy, repitiéndola tal como ha sido urdida por la gente del barrio. Luego es Ginés, el ferroviario jubilado, quien refiere, en un desahogo de su conciencia, dos pecados imperdonables (el segundo se reserva para el final), y también habla de sí mismo Martín, profesor de lo que le echen, cuyos lances eróticos despiertan todas las suspicacias. El periodista Tomás, con afanes de escritor, resume dos casos, mientras que las amigas Adela y Nuria, librera y profesora de filosofía, cuentan al alimón lo ocurrido a don Leandro en el verano en que el hombre pisó la luna. También echa su cuarto a espadas el comandante Víctor, enemigo acérrimo de todo relato que no se ciña al laconismo de un informe militar, para descubrir que contar sin condimentos ni excursos no es tarea fácil. Las historia de todos ellos, y las de los hosteleros Jimena y Eladio, conforman una nebulosa de relatos espléndidos en los que reverberan no pocos de los temas y caracteres de las novelas de Landero (y hasta alguna facecia como la del abuelo que atemorizaba a su nieto con cuentos de terror). Y tan bien delineado está el primer plano de los excursionistas atrapados en el hotelito de montaña como las criaturas a las que dan carta de naturaleza en sus improvisadas narraciones.

Sería exagerado decir que todo Landero se da cita aquí, pero no mentira, porque aquí están sus antihéroes deseantes y extraviados, náufragos agarrados al madero de un afán irrealizable, zarandeados por su impotencia o sus sueños de salvación, por sus acciones desorbitadas y su pasado harapiento, con padres a menudo dañinos y memorias biográficas reducidas a jirones. Muchos están lastrados por el odio o el rencor, por la frustración de la gloria malograda o nunca gustada, por la mediocridad sin horizonte, que sin embargo intentan alzarse por encima de sí mismos tirando de su fantasía, mientras les ronda el fantasma de la tragedia. Otros son perdedores congénitos y mansos, a veces refugiados en los libros, que se desenvuelven en la realidad con enternecedora torpeza. Y Landero, creador magnífico de personajes, los construye con una irónica humanidad, entre la compasión y la condescendencia, pero también entre la perplejidad y la risa.

A ese coloquio de invierno podrían haberse añadido todos los hijos de la fantasía de Landero. Estos por ejemplo:

Gregorio Olías

Juegos de la edad tardía

Tusquets, 1989. 456 páginas. 19 euros

Gregorio Olías es, como su tocayo Gregor Samsa, un empleado triste, aunque, a diferencia de él, sublima su mediocridad y frustración con ensoñaciones de grandeza literaria que cobran forma en la personalidad imaginaria del poeta maldito Faroni. Movido por el afán inculcado por su padre y su abuelo de ser un gran hombre, el apocado Olías construye una realidad paralela engendrando un alter ego, el fascinante Faroni, como Alonso Quijano creó a don Quijote. Pero lo fragua solo para un destinatario no menos menguado que él: Gil Gil Gil, el representante comercial con el que se comunica por teléfono y al que encandila haciéndole creer que Faroni no solo existe sino que lleva una vida tan intrépida y emocionante como heroica. La chaladura de Olías se acelera cuando Gil se traslada a la ciudad para conocer a Faroni. Tendrá que ingeniárselas para mantener la impostura mediante ocurrencias y triquiñuelas en las que Landero exhibió sus soberbias dotes de narrador y una mirada irónica hacia la prosaica menesterosidad de la naturaleza humana, necesitada imperiosamente del vuelo de la imaginación.

Nosotros

Caballeros de fortuna

Tusquets, 1994. 328 páginas. 15 euros

La voz popular que crea, mantiene y pule los relatos de la comunidad está encarnada aquí en un coro de ancianos —nosotros— que, sentados en un banco en la plaza de España de un pueblo innominado, recrean, allegando testimonios diversos, los sucesos que desencadenaron, tres lustros antes, un sonado crimen. La versión de lo sucedido se perpetúa en ese grupo de “observadores imparciales” que cuenta lo que se cuenta. En el ensamblaje de sus relatos quedan prendidos fantasmas del pasado como los del triángulo amoroso de la maestra Amalia Guzmán, el muchacho que iba para cura Luciano Obispo y el viejo erudito jubilado Belmiro Ventura. El coro contempla cómo maneja el Destino los hilos del azar, con la concurrencia de algún otro actor, como el patético Julio Martín Aguado, poseído por la pasión política y las ínfulas oratorias que le inspira su admiración por Ortega. Presidiendo el cónclave de narradores, la estatua del héroe local, don Quintín de Vargas, conquistador de Chile, uno de cuyos descendientes pobres, Esteban Tejero, aspira a redimirse del supuesto expolio secular sufrido por la familia.

Matías Moro

El mágico aprendiz

Tusquets, 1999. 416 páginas. 18 euros

Un hombre descreído y sin grandes ambiciones se asoma al balcón al principio y al final de la novela en un itinerario interior que lo lleva desde el aburrimiento vital hasta la reconquista de la alegría. Entre esas dos salidas al balcón, espacio que ni es intemperie ni resguardo —así lo definirá en el autobiográfico El balcón en invierno (2014)—, Moro experimenta la transformación al conocer a una comunidad de marginados e inmigrantes que viven en la misma comunidad que Martina, la hija de un asesino de la que se enamora platónicamente. Para ayudarlos, Moro pone en marcha una empresa de cartonajes en la que, junto a sus compañeros Martínez y Pacheco, encuentra una tabla de salvación para su propia existencia sumida en el tedio y la insustancialidad.

Emilio, el guitarrista

El guitarrista

Tusquets, 2002. 328 páginas. 16 euros

El narrador se llama Emilio (quizá por Emilio, o De la educación, de Rousseau) y narra, con tintes picarescos, el recorrido de su maduración, desde que, siendo muy joven, su primo Raimundo, artista en París, le enseñó a tocar la guitarra y le inoculó el sueño de amasar dinero y fama hasta que, después de muchas vicisitudes y escarmientos, se convirtió en escritor. En esta novela de formación, Emilio podría haberse llamado Luis, porque está fraguado en el horno autobiográfico del autor (“los mimbres son reales, aunque el cesto no lo sea”, declaró), con los ritos de ingreso en mundo adulto, los primeros escarceos y desencantos amorosos y el descubrimiento adictivo del universo absorbente de los libros.

Dámaso Méndez y Tomás Montejo

Hoy, Júpiter

Tusquets, 2007. 408 páginas. 20 euros

El odio y el amor de las historias de Dámaso y Tomás corren paralelos, se alternan y trenzan para derivar hacia un punto de confluencia final en esta novela clave en la que soplan vientos de tragedia clásica. Un odio ciego y una intensa sed de venganza corroen a Dámaso, cuyo padre destruyó su infancia y lo expulsó de la familia para sustituirlo en su favor por el encantador Bernardo. Dámaso es una de las más memorables personalidades fabuladas por Landero y sin duda el que mejor ha odiado. Tomás, por el contrario, ama. Aunque su amor de profesor de instituto esté desviado o condimentado por su feliz embebecimiento en la literatura, lo que le llevó a casarse con una alumna y a enamorarse de otra estudiante. Sus tropiezos amorosos y sus menudas ambiciones (publicar su tesis o sus manuscritos) pautan menesterosamente su existencia.

El inmaduro innombrado

Retrato de un hombre inmaduro

Tusquets, 2009. 240 páginas. 17 euros

Algo esencial ha cambiado: Landero se aleja de la exploración de la infancia y la juventud para encerrarse en la habitación de un hospital, donde un anciano postrado y sin nombre aguarda la muerte. Mientras tanto repasa en voz alta su vida, sin orden ni cohesión, mientras le escucha una mujer: toda su existencia sincopada se resume en un rimero de sucesos descabalados sin conexión entre sí ni interés para nadie, una inversión lúgubre de la idea orteguiana —¡cuántos lectores de Ortega en estas novelas!— de la vida como proyecto vital. El monólogo es torrencial y atropellado, ensarta anécdotas chuscas y vivencias triviales como ruinas de una vida inútil. La amargura del agonizante inmaduro no desluce la deliberada comicidad de la novela en beneficio del efecto grotesco sobre el lector.

Lino

Absolución

Tusquets, 2012. 320 páginas. 19 euros

Lino es un hombre perdido, otro sujeto que oposita a ser alguien, extraviado en una peregrinación que debería conducirle a saber quién es él mismo. Su desasosiego es una forma de tedio vital y se canaliza a través de la huida constante, escapando de quien cree ser y del lugar donde se encuentra. Así, ha sido chatarrero, encuestador, teleoperador, vendedor de perfumes, de seguros, de pulseras, camarero o recepcionista. Su vida itinerante de fugitivo se parece a la de quien se aleja de un delito (involuntario en su caso) en busca de algún refugio que lo absuelva, aunque para Lino es más bien una condena dictada por el azar que transforma sus días en una errancia absurda y sin objeto. La familiaridad con las criaturas de Kafka y Beckett saltan a la vista.

Hugo Bayo

La vida negociable

Tusquets, 2017. 336 páginas. 19 euros

Hugo Bayo es otro hombre inútil o superfluo, inseguro de su lugar en el mundo, que se presenta teatralmente a sí mismo ante nosotros. Lleva consigo la profunda decepción que le ocasionaron sus padres en su adolescencia, de quienes aprendió que todo es negociable, incluida la corrupción, la doblez y la mentira. Esa lección de cinismo es su ley de conducta, la de los marrulleros y canallas, la de matones y medradores, pero a él le rinde pocos resultados. Él ha descubierto la golosina de los sueños desaforados que, invariablemente, fracasan y le devuelven, en un incesante boicoteo de su futuro, a lo único que sabe hacer bien: el oficio de barbero que aprendió en su paso por el ejército.

Aurora (o el coro familiar)

Lluvia fina

Tusquets, 2019. 272 páginas. 19 euros

Aurora es un personaje funcional: es la esponja que absorbe los discursos quejumbrosos de cuantos la rodean. En el fuego cruzado de rencores, ofensas y recriminaciones entre su marido Gabriel, sus cuñadas Andrea y Sonia y su suegra, Aurora escucha y abnegadamente calla. Es el vertedero de las quejas y retahílas envenenadas de los otros, que llueven sobre ella plagadas de desdicha y violencia, de sufrimiento inane y de hastío. Aurora posibilita que oigamos las voces de una familia desdichada (como todas) y se vaya componiendo el cuadro deforme en el que la madre insensible puso los primeros trazos y en cuya figura final se barrunta la tragedia. En la fiesta familiar que se anuncia durante toda la novela, Aurora, que todo lo ha oído y lo sabe, alcanzará su punto de saturación.

Marcial Pérez Armel

Una historia ridícula

Tusquets, 2022. 284 páginas, 19 euros

La extravagancia de Marcial reside tanto en su chaladura locuaz como en su condición de pícaro. Como tal, pretende justificar con sus desventuras pasadas la indignidad a la que ha llegado en su vida. Desequilibrado y embaucador, Marcial colorea con vistosa facundia su autobiografía para aparecer como una víctima inocente y desamparada, sin lograr ocultar el sacamuelas desvergonzado y fullero que es realmente. El doctor Gómez le ha pedido que cuente su vida y él obedece, enhebrando episodios disparatados y delirantes con disquisiciones pomposas y huecas. Una muestra jocosa y por momentos hilarante de la capacidad de la palabra para levantar gruesas cortinas de humo.

Lea aquí la crítica de Domingo Ródenas de Moya (25/02/2022)

Tito Gil y Paula

La última función

Tusquets, 2024. 224 páginas. 20,50 euros

Otros dos personajes destinados a confluir en una misma trama: el antaño triunfador Tito Gil, el portentoso rapsoda infantil que desapareció muchos años atrás de su pueblo de San Albín y ahora, apagado su fulgor, regresa, y Paula, la mujer sin vida que se pasa los días en tren del trabajo a casa y viceversa, mientras la aplasta la montaña de tareas que debe realizar. Tito Gil se propone rescatar la leyenda medieval de la Santa Niña Rosalba con que reveló de niño su voz portentosa. La iniciativa resucita la ilusión de los lugareños y ofrece a Paula un motivo para redimirse de su existencia fatigosa y anodina. Todo será una ilusión colectiva efímera, pero la felicidad que lleva consigo un afán realizable será cierta por mucho tiempo. Como la de los lectores de Landero.

Lea aquí la crítica de Domingo Ródenas de Moya (16/02/2024)

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