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Análisis

2026, el año bisagra para Milei

Los grandes desafíos del presidente argentino son lograr un mayor descenso de la inflación mientras la actividad económica crece

El Gobierno de Milei ha completado la mitad de su mandato y es un buen momento para hacer un balance económico de su desempeño hasta aquí. Además, esto servirá para identificar los principales desafíos que enfrenta la economía argentina en 2026.

Arranquemos por la inflación, que es la variable por excelencia que mira el Gobierno. En 2025 la misma fue de 42% en promedio anual, muy por debajo del año anterior (220%) y hay que remontarse hasta 2018 para encontrar un valor menor. Pero, parafraseando una famosa frase, podríamos decir que el diablo está en los promedios; porque al comparar la inflación mensual de diciembre del 2025 (que fue del 2,8%), con la de diciembre del 2024 (2,7%), vemos que terminó en un nivel más elevado.

¿Cómo se pueden reconciliar estas dos explicaciones aparentemente contradictorias? Porque la inflación anual contiene la información de lo sucedido durante los últimos 12 meses (comparados contra el año anterior), mientras que la inflación mensual te muestra el dato de ese momento.

Pensemos en un auto que viajaba a 120 km/h y reduce su velocidad drásticamente a 40 km/h, para luego acelerar levemente a 50 km/h. Al comparar la velocidad actual contra los 120 km/h iniciales, es evidente que la velocidad se redujo de manera significativa. Pero al comparar contra la velocidad intermedia de 40 km/h, notamos que se incrementó. Esto mismo es lo que sucedió con la inflación, que bajó de manera drástica en 2024 y hasta los primeros meses del 2025, pero luego se incrementó hasta la actualidad.

Si uno mira todo el proceso desde que arrancó este gobierno, el resultado en materia de reducción de la inflación es sin dudas muy auspicioso. El tema es que la dinámica de los últimos meses genera incertidumbre. Para entender por qué sucedió esto (como también para identificar los desafíos que se vienen), hay que examinar la dinámica del precio del dólar, la variable por excelencia que mueve a los precios.

Dicha dinámica estuvo atravesada por las distintas modificaciones del esquema cambiario, reflejadas en el gráfico a continuación. Como pueden ver, durante 2024 el Banco Central mantuvo un esquema de tipo de cambio administrado (aumentaba 2% todos los meses), el cual fue clave para que bajara la inflación. El tema es que dicho esquema provocó una apreciación sostenida del tipo de cambio, dado que, si bien la inflación bajó de manera drástica, siempre se mantuvo por encima del 2%. Este abaratamiento del dólar impulsó la demanda de divisas y llevó a que, para inicios del 2025, el Banco Central comenzara a perder reservas, lo que generó muchas dudas respecto de la sostenibilidad del esquema.

Así, en abril el gobierno anunció otro préstamo con el FMI por USD 20.000 millones y un nuevo esquema cambiario, en el que el tipo de cambio se movía libremente entre bandas definidas por el Banco Central (dichas bandas se actualizaban al 1% mensual). Los anuncios fueron bien recibidos por el mercado, lo que llevó a que el tipo de cambio no se devalúe bruscamente tras el anuncio y a que la inflación bajara. Sin embargo, a medida que se acercaban las elecciones de medio término la presión sobre el dólar comenzó a reaparecer. Esto tuvo su pico máximo en septiembre, cuando el gobierno sufrió una derrota contundente frente al peronismo en las elecciones de la provincia de Buenos Aires, lo que llevó a que el tipo de cambio alcanzara el techo de la banda, obligando al Banco Central a tener que vender reservas para contenerlo.

A las pocas semanas el gobierno obtuvo una clara victoria en las elecciones nacionales de medio término, y si bien esto provocó que el tipo de cambio bajara, no fue suficiente para que se alejara de manera significativa del techo de la banda y, por lo tanto, tampoco para disipar todas las dudas del mercado (que sabían que ante el mínimo cimbronazo el tipo de cambio podía volver al techo de la banda), ni para frenar la dinámica alcista que exhibía la inflación desde hacía varios meses.

Frente a eso, el equipo económico anunció una modificación en el esquema de bandas, que a partir de enero del 2026 pasarían a ajustarse por la inflación, lo que significaba un ritmo más elevado de aumento, con el claro objetivo de generar mayor espacio entre el tipo de cambio y el techo de la banda.

Crecimiento heterogéneo y menos trabajo

Pasemos al otro frente relevante, el de la actividad económica y el empleo. Como muestra el gráfico debajo, con el PBI sucedió algo similar a lo que mostramos antes de la inflación. El programa de estabilización que aplicó Milei ni bien asumió implicó un duro ajuste sobre la actividad económica durante la primera parte del 2024, pero a partir de ahí se observó una vigorosa recuperación hasta febrero del 2025, que hizo que el PIB se ubicara muy por encima (4,4%) comparado respecto del inicio de su gestión. El tema es que, a partir de allí, la actividad económica se frenó y lo que vemos es que prácticamente no aumentó en todo 2025.

Acá tenemos nuevamente una cuestión estadística, porque la manera más frecuente de medir el crecimiento del PBI es comparar el promedio de un año contra el anterior (las líneas punteadas). Al hacerlo así, vemos que la actividad creció 4,3% (dato que lógicamente es el que repite el gobierno). Pero, como mostramos antes, si tomamos el acumulado del año el crecimiento es prácticamente nulo (0,5%).

Otra cuestión a advertir en este caso es que la mejora de la actividad no fue homogénea. Hubo sectores ganadores (bancos, minería, petróleo, hotelería y gastronomía) y un claro perdedor, la industria manufacturera (la construcción sigue en niveles muy bajos, pero observó un repunte en 2025). El ajuste que llevó a cabo el gobierno en el empleo público, sumado al hecho de que los sectores ganadores no son trabajo intensivos -mientras que la industria sí- llevó a que el mercado laboral terminara con 62.300 puestos de trabajo menos (una caída del 0,5%).

Al profundizar en la composición del empleo, lo que observamos es una caída importante de todas las categorías (los autónomos son personas individuales o microempresas formales de elevada facturación), que fue parcialmente compensada por el incremento de los monotributistas (un tipo de empleo de baja calidad, dado que no cuenta con la mayoría de los derechos laborales y aporta muy poco a la seguridad social; como referencia, en este tipo de categoría entra todo el empleo de plataformas). O sea, no solo el mercado laboral terminó con menos puestos de trabajo, sino que además se observó un deterioro en términos de la calidad del empleo.

En definitiva, el desempeño de la actividad económica -al igual que el de la inflación- presenta dos planos de análisis. Al poner en perspectiva todo el proceso, se observa un repunte muy fuerte del PBI que incluso se ubica por encima del que había previo al momento de que asumiera Milei. Sin embargo, la dinámica de los últimos meses muestra un nivel de actividad prácticamente estancado. Por el lado del empleo, ahí no hay dudas: a lo largo de estos 2 años el mercado laboral sufrió un claro deterioro, marcado tanto por la caída sistemática del empleo en el sector privado, como por un aumento de la precariedad y la informalidad laboral.

Los desafíos de 2026

A partir de lo anterior, el principal objetivo del gobierno es indudablemente retomar la baja de la inflación. Para que eso suceda, la condición necesaria –y me arriesgaría a decir que suficiente- es mantener el tipo de cambio estable. En este sentido, para el equipo económico es crucial lograr el (re)acceso a los mercados financieros internacionales, para poder refinanciar los abultados vencimientos de deuda que enfrenta (aproximadamente unos USD 18.000 millones), tanto con el FMI como con capitales privados.

A fines de diciembre del 2025 hizo un primer testeo de colocación de deuda en moneda extranjera, por un monto pequeño –USD 1.000 millones- y en el mercado local, cuyo resultado estuvo por debajo de lo esperado, dado que la tasa a la que obtuvo el financiamiento fue relativamente alta, del 9,3%. El gobierno tomó nota y anunció un programa para fortalecer las reservas internacionales del Banco Central (de modo de mejorar la capacidad de pago y que eso lleve a la baja del costo de financiamiento), algo que buena parte de los economistas venía reclamando desde hace tiempo.

El otro desafío es el impulso de la actividad económica, con el agregado de que eso genere empleo. Si el gobierno logra mantener el tipo de cambio estable y la inflación baja, eso ya de por sí tendrá un efecto positivo en la actividad a través de la mejora del poder adquisitivo, pero como vimos, no es suficiente. Es por ello que el gobierno apuesta a una reforma laboral (con un sesgo muy marcado a favor de las empresas), que en las próximas semanas se va a debatir en el Congreso y que, de ser aprobada, además le dará un espaldarazo en lo político.

2026 es el año bisagra de Milei. Por un lado, porque hace tiempo que se terminó el “período de gracia” que tiene todo gobierno entrante. Después de dos años de ajuste y promesas de normalización, la sociedad ahora exige resultados, sobre todo en materia de empleo e ingresos. Por el otro, los resultados también son necesarios, pero por un motivo político, ya que en 2027 son las elecciones presidenciales. Si Milei logra consolidar la baja de la inflación y el repunte de la actividad, sus chances de reelección quedarán intactas.

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