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Javier Milei
Columna
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Confrontación y sesgos, los sellos de Milei en su Gobierno de eterno candidato

El presidente argentino ha abierto una nueva grieta, en la que sólo es válido quien piensa igual que él y al otro se lo descarta por traidor

El presidente de Argentina, Javier Milei
Javier Milei durante su reunión con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, en Roma, Italia, el 12 de febrero.Antonio Masiello (Getty Images)

¿Quién es Javier Milei? Suele creerse que un presidente habla a través de su legado. Pero el primer mandatario libertario en la historia de la Argentina habla por Twitter. Habla por Instagram. Y de tanto en tanto, a través de Youtube. Y lo hace en el mismo tono encendido que marcó el pulso de su campaña presidencial. En muchos aspectos, el jefe de Estado se sigue comportando como un candidato en vez de un presidente con todas las responsabilidades del cargo.

En los primeros días de su gobierno, el líder de La Libertad Avanza ha empezado a escribir su legado con un sesgo que contradice los postulados mismos de la filosofía anarcocapitalista a la que apela para construir su relato de poder. Mientras tanto, en vez de proponer una reconciliación en el marco de 40 años de democracia ininterrumpida para una Argentina que hace tiempo necesita reencontrarse, hunde su motosierra y abre un grieta distinta a todo lo que vivimos hasta ahora, en la que solo es válido quien piensa igual a él y al otro se lo descarta por traidor.

La derogación de garantías constitucionales adquiridas con décadas de lucha en las calles y la paulatina erosión de aspectos clave que hacen a los derechos humanos en nuestro país, disimulados dentro de un decreto y una ley de volumen inabarcable para un debate racional en los tiempos que demanda la pretensión de refundar un Estado, son el único camino posible de reconstrucción, a su entender. Pero es un camino estrecho por el que dos no caminan lado a lado.

“Acuerdo sí, no el consenso contra el cambio”, zanjó Milei en su primer discurso ante la Asamblea Legislativa del 1 de marzo, al dirigirse a los gobernadores presentes y ausentes. Su particular invitación a un entendimiento fue lo más parecido a un intento de edificar acuerdos, aunque suena más a imposición que a diálogo. Si bien su Ley de Bases y Puntos de Partidas para la Libertad de los Argentinos naufragó antes de zarpar –y el decreto 70/ 2023 se encuentra judicializado en un 80% con el capítulo laboral suspendido por los tribunales–, el Gobierno ya anunció que insistirá con su plan original de refundar el Estado.

Que algunos aspectos de su funcionamiento requieren modernización y mayor transparencia es un sentir común –solo eso explica que el discurso de la casta haya calado tan hondo en la sociedad– pero Milei califica directamente al Estado de “asociación criminal” y en el imaginario colectivo, el único lugar que le cabe a los criminales es la cárcel. Al margen quedan sus responsabilidades sociales en la redistribución de recursos para equilibrar las desigualdades de origen en la sociedad.

Argentinos rezan antes de recibir una bolsa de alimentos de caridad en Villa Fiorito, un barrio de clase trabajadora en las afueras de Buenos Aires, Argentina, el  27 de febrero.
Argentinos rezan antes de recibir una bolsa de alimentos de caridad en Villa Fiorito, un barrio de clase trabajadora en las afueras de Buenos Aires, Argentina, el 27 de febrero.Agustin Marcarian (REUTERS)

¿Cómo se vincula el cierre del Inadi –para lo cual requiere una ley y no un simple plumazo–, el primero de su tipo capaz de desarrollar políticas de diversidad e igualdad a nivel mundial, con los privilegios de la casta que Milei se propuso erradicar? El mandatario lo definió como “policía del pensamiento” porque, entre las funciones del instituto, uno de sus deberes es accionar contra el discurso público violento como el que él mismo suele enarbolar.

¿De qué forma se traduce su promesa de castigar a la casta con la suspensión de entrega de medicamentos oncológicos y para enfermedades raras o el despido de trabajadores de la Agencia Nacional de Discapacidad? Resulta sarcástico, si no reprensible, que solo unos días antes el propio mandatario contribuyera a divulgar una publicación de sus seguidores caracterizando a un gobernador opositor como una persona con síndrome de Down.

Los Estados son los principales responsables de garantizar los derechos humanos. Como jefe de una nación y firmante de los tratados internacionales, un Presidente no puede avalar discursos violentos y prácticas criminales que van diametralmente en el camino opuesto a una de sus funciones centrales.

Milei contra todos

En poco más de dos meses, Milei transfirió su estilo panelístico y tuitero de empatizar con la opinión pública, o una parte mayoritaria de ella, desde la platea mediática, a su despacho en la Casa Rosada y la Quinta de Olivos. E hizo de eso la impronta de su gestión. Likea y retuitea a quienes piensan como él o lo elogian. Descalifica o reproduce los insultos contra quienes lo hacen diferente. Insulta a los artistas y periodistas que dicen cosas que no le agradan. Y neutraliza cualquier asomo de negociación política, hasta con quienes se muestran dispuestos a respaldar sus medidas.

Cuando el revés político cercó a su Gobierno, recurrió a viejas estrategias políticas de distracción para desviar la conversación pública. La presentación de un proyecto para derogar la ley del aborto, respaldado por una columna pública con la firma del procurador del Tesoro, Rodolfo Barra, jefe de los abogados del Estado, es el ejemplo más evidente. Esto fue secundado por un discurso de Milei en la conferencia en Davos en donde se pronunció contra la planificación familiar, así como la declaración oficial de 2024 como el “año de defensa de la vida, la propiedad y la libertad” en los documentos oficiales.

En el fondo, una jugada desesperada en el marco del fracaso de su ambiciosa ley ómnibus, con dejo revanchista, que no solo carece de consenso alguno en el Congreso para avanzar sino que hasta entra en tensión con las ideas libertarias que dice defender. El teórico estadounidense Murray Rothbard, de quien Milei se dice un seguidor, apunta en el manifiesto libertario que “no hay derecho más personal, una libertad más preciada para cualquier mujer que decidir si tener, o no tener, un bebé. Y cualquier gobierno que pretenda negarle ese derecho actúa de forma extremadamente totalitaria”. Dichas contradicciones no pasan desapercibidas en la prensa internacional que busca aún comprender la elección de millones de argentinos y argentinas.

Así y todo, nada de eso hace mella en la burbuja informativa que el presidente levantó a su alrededor y de quienes piensan igual a él. El término fue acuñado hace más de una década por el activista digital y emprendedor Eli Pariser y hace alusión a los filtros que condicionan el acceso libre a la información causando el denominado sesgo de confirmación. Así funcionan en gran medida las redes sociales que retroalimentan a sus usuarios con la información filtrada que ratifica su forma de pensar.

El presidente mide el éxito de sus decisiones en base a impresiones de sus posteos en las redes sociales y eso no es un secreto de Estado. En más de una ocasión llegó a responder con esas estadísticas cuando lo consultaron en alguna entrevista acerca de sus medidas: si el cruce público en la arena virtual con un gobernador le generó aprobación o visibilidad suficiente, lo cita como argumento que valida la conducta. Los que discrepan son descalificados: el juicio y la condena se consuma desde la platea digital donde el presidente es fiscal , juez y verdugo a la vez.

Por supuesto, nada es permanente, si se mide con la duración efímera de un timeline. Y las más duras sentencias se pueden revertir, haciendo gala de un pragmatismo que también caracterizó la construcción política de Milei.

Mujeres argentinas durante una protesta en apoyo del acceso al aborto seguro y legal en Buenos Aires, en septiembre 2023.
Mujeres argentinas durante una protesta en apoyo del acceso al aborto seguro y legal en Buenos Aires, en septiembre 2023.MARIANA NEDELCU (REUTERS)

Una síntesis de todo esto se vio con la publicación del ya histórico meme de un león abrazando a un pato que el jefe de Estado usó para dar a conocer su alianza con Patricia Bullrich, ex rival en la campaña electoral de quien difundió falsas acusaciones sobre su responsabilidad en un atentado en un jardín de infantes durante su militancia en organizaciones armadas en los ‘70s para luego abrazarse a ella y designarla su ministra de Seguridad.

Cuando ambos fueron invitados a una cadena de noticias para formalizar el pacto, luego de la primera vuelta electoral de octubre de 2023, se lo comentó por lo bajo al saludarla. La actual responsable de impulsar un protocolo que pone coto a la protesta social y cuya constitucionalidad debe dirimir la Justicia, no supo qué responder.

Una épica a medida

En este escenario, el círculo de confidentes de Javier Milei se acota a un grupo muy reducido que lo acompaña desde hace tiempo y que, paradójicamente, son los que nunca hablan en público. Los pocos que intentan hacerlo por él, fuera de este grupo, a menudo terminan descalificados por el propio jefe de Estado que suele imprimir a su misión presidencial un marco de gesta mesiánica. Toda la parafernalia de su relato se adorna de épica bíblica en un escenario en el que las discrepancias resultan planteadas en términos del bien contra la inmoralidad, sin admisión de tibiezas ni dilaciones.

Nada de eso es casual. Si en definitiva, la estrategia del outsider al sistema le resultó funcional en una campaña en la que el presidente consolidó su tercio de poder entre las PASO y la primera vuelta, aunque prefiera volver una y otra vez al 56% del balotaje para arrogarse una mayor representatividad y el derecho a polarizar sin medias tintas con quien lo desafíe.

Cierto es que Milei todavía retiene un elevado núcleo de apoyo social y eso lo impulsa a seguir adelante con su política de reformas así impacten sobre las posibilidades de vida y los derechos de los más vulnerables, con una pobreza y una indigencia que treparon hasta el 57,4% y el 14% en enero, respectivamente. Son ya 27 millones las personas bajo la línea de vulnerabilidad y siete millones los que no consiguen lo mínimo para alimentarse en la Argentina. Entre las y los niños, de 0 a 17 años, el porcentaje de pobres asciende al 63,9%.

Del mismo modo, 4 de cada 10 jubilados viven bajo la línea de pobreza. Y al menos 3,5 millones cobran el haber mínimo, de $204,445, lo que no alcanza para cubrir la canasta básica de una persona jubilada que a octubre de 2023 era de $313.185. Y en el medio la inflación dio dos saltos que superaron el acumulado del 50% solo en los dos primeros meses de gobierno.

Rumbo a los primeros tres meses de gestión, la construcción de poder del presidente reposa en la entronización de enemigos con los que confrontar y justificar, en última instancias, sus propias falencias en la gestión. Al Congreso lo definió como un “nido de ratas” cuando fracasaron todas las gestiones para sacar adelante su ley, producto en gran medida de su intransigencia. Así las cosas, en estos primeros 100 días, el apoyo social y el movimiento del mapa político marcarán el futuro de los días que siguen.

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