Las dudas sobre la investigación del ataque a Kirchner avivan la división en Argentina

La Policía afirma que el teléfono del agresor, que se incautó la noche de su detención, fue formateado de fábrica

Una partidaria de Cristina Kirchner en la manifestación en Buenos Aires organizada por el peronismo en repudio de su intento de asesinato.
Una partidaria de Cristina Kirchner en la manifestación en Buenos Aires organizada por el peronismo en repudio de su intento de asesinato.Natacha Pisarenko (AP)

El intento de asesinato de Cristina Fernández de Kirchner tenía todos los ingredientes para ser un caso judicial de fácil resolución. El brasileño Fernando André Sabag Montiel gatilló un arma a centímetros de la cara de la vicepresidenta en medio de una multitud. El atentado fallido —porque la bala no salió— fue grabado por cámaras de televisión y teléfonos celulares y los vídeos dieron la vuelta al mundo. El agresor tiró el arma al suelo, fue reducido por un manifestante y después detenido por la policía. La única pregunta que quedaba por resolver era por qué Sabag Montiel había intentado acabar con la vida de la política más poderosa de Argentina en las últimas dos décadas y si había actuado sólo. Pero pasados tres días, no sólo no hay una respuesta a esa incógnita, sino que crecen las dudas. La unidad con la que la sociedad argentina repudió el ataque comienza también a resquebrajarse.

El fiscal Carlos Rívolo, a cargo de la investigación, confiaba en que el teléfono del detenido diese pistas sobre el móvil del intento de magnicidio, al permitir conocer sus últimos movimientos y conversaciones. Pero no será así: toda la información del teléfono ha sido borrada, según filtraciones difundidas por medios locales.

En el momento de su detención, el jueves por la noche, la Policía Federal Argentina incautó el teléfono de Sabag Montiel e intentó desbloquearlo. Tras varios intentos fallidos lo mandó a expertos de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, quienes aseguran que al abrirlo detectaron que había sido “reseteado de fábrica”. Aunque no descartan que la información pueda recuperarse, de conseguirlo, requerirá más tiempo del previsto.

El segundo revés para la investigación tiene que ver con la pistola Bersa semiautomática con la que se perpetró el intento de magnicidio. En los vídeos se ve con claridad que quien empuña el arma tiene la mano tatuada y un peritaje ha confirmado que se trata del mismo tatuaje nazi que Sabag Montiel tiene en su mano izquierda. La pistola tenía restos de pólvora, señal de que había sido disparada recientemente, pero no se encontraron en ella huellas del agresor, según publicó el diario Clarín. La hipótesis de que pudieron borrarse al ser pisoteada y manoseada no convence a todos.

Juicio por corrupción

Los contratiempos en la investigación han dado alas a las teorías conspirativas difundidas por quienes creen que el ataque fue un montaje destinado a desviar la atención mediática del juicio por presunta corrupción contra la expresidenta argentina y de la difícil situación económica que atraviesa el país, con una inflación anual superior al 70%. Los que defienden esa teoría recuerdan que mañana se reanuda el juicio de la causa conocida como Vialidad y es muy conveniente para Kirchner presentarse como víctima y tapar todas las novedades.

La movilización kirchnerista que permitió a Sabag Montiel pasar desapercibido ante la custodia a las puertas del domicilio de la vicepresidenta está vinculada a ese juicio. Comenzó el pasado 22 de agosto, cuando el fiscal pidió la inhabilitación de por vida de Kirchner y 12 años de cárcel. El fiscal sostiene que durante sus ocho años como presidenta de Argentina (2007-2015) encabezó una asociación ilícita que desvió fondos públicos de la obra pública de la provincia de Santa Cruz. En rechazo a la acusación y a los insultos recibidos por la vicepresidenta, cientos de militantes kirchneristas se acercaron esa misma noche al lujoso barrio de Recoleta donde vive la vicepresidenta y la concentración se mantiene desde entonces. La esquina de Juncal y Uruguay se ha convertido en la más famosa de Argentina, más aún que Segurola y Habana, la mítica dirección del astro del fútbol Diego Armando Maradona.

Entre los cánticos escuchados allí en las últimas dos semanas destaca aquel que advierte que “si la tocan a Cristina, qué quilombo se va armar”. Para los kirchneristas, entre ellos integrantes del Gobierno, el intento de asesinato está vinculado a los discursos de odio vertidos desde la oposición y los medios contra ella. Algunos referentes opositores han optado por bajar el nivel de confrontación y no responder, pero otros han acusado al Gobierno de usarlo políticamente y sobreactuar en su defensa de la democracia. Los legisladores de Propuesta Republicana se levantaron el sábado de la sesión extraordinaria convocada en la Cámara de Diputados en señal de protesta a la actuación gubernamental.

El líder de extrema derecha Javier Milei criticó que el presidente, Alberto Fernández, decretase festivo nacional el viernes y no se hubiese tomado la misma decisión ante otros incidentes que conmocionaron a la sociedad argentina, como la muerte del fiscal Alberto Nisman o el atentado contra la Embajada de Israel. Han pasado siete años desde el primero y treinta desde el segundo, pero los dos casos siguen sin esclarecerse. La desconfianza en la Justicia hace que parte de la población dude si en este caso se sabrá la verdad.

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