La inflación en Argentina sube hasta el 71% anual y profundiza el malestar social

El IPC aumentó un 7,4% el mes pasado, impulsado por los precios desbocados que siguieron a la renuncia del ministro de Economía Martín Guzmán. El Banco Central eleva la tasa de interés hasta 69,5%

Miles de personas acampan en la Plaza de Mayo en reclamo de ser atendidos por el ministro de Economía, Sergio Massa, en Buenos Aires, el 10 de agosto de 2022.
Miles de personas acampan en la Plaza de Mayo en reclamo de ser atendidos por el ministro de Economía, Sergio Massa, en Buenos Aires, el 10 de agosto de 2022.Juan Ignacio Roncoroni (EFE)

La inflación se ha desbocado en Argentina. El IPC de julio subió 7,4%, según el dato difundido este jueves por el INDEC, la agencia pública de estadísticas. La cifra es la más alta para un solo mes desde abril de 2002, en plena crisis del corralito. La medición interanual alcanzó el 71%, mientras que el acumulado desde enero trepó hasta el 46,2%. Las previsiones privadas para 2022 ya oscilan entre el 95% y el 112%. El Gobierno de Alberto Fernández esperaba una disparada de la inflación, producto de la inestabilidad que produjo la intempestiva renuncia del ministro de Economía Martín Guzmán el 2 de julio pasado. El deterioro de la situación económica no se detiene y aviva la protesta social. El miércoles salieron a la calle los movimientos de izquierda, opositores al peronismo gobernante. La jornada terminó con un acampe en la mítica Plaza de Mayo. Unos 10.000 manifestantes durmieron frente a la Casa Rosada, a la espera de que los recibiese el nuevo ministro de Economía, Sergio Massa. El jueves por la mañana levantaron sus carpas y se fueron con las manos vacías.

En las horas previas a la difusión del índice, el Gobierno preparó el terreno para lo que ya anticipaba como una muy mala noticia. La vocera del Ejecutivo, Gabriela Cerruti, se quejó de los “movimientos especuladores” que, en los días que siguieron a la renuncia de Guzmán, trataron de “generar incertidumbre y provocar una devaluación”. El peso perdió durante las dos primeras semanas de julio el 40% de su valor frente al dólar en los mercados informales, mientras se disparaba el precio de los alimentos y se aceleraba la sangría de dólares del Banco Central. Fue común durante esos días agitados que los comercios suspendiesen la venta de algunos productos por no tener precios de referencia. La escalada le costó el cargo a la Silvina Batakis, sucesora de Guzmán, en poco más de 20 días. El presidente Fernández y si vice, Cristina Kirchner, abrieron entonces la puerta del Ejecutivo a Sergio Massa, líder de la tercera pata de la coalición de Gobierno, y lo nombraron “superministro” de Economía.

La llegada al Gabinete de un político con peso propio produjo lo que Cerruti definió este jueves como una “sensación de estabilización”. La vocera destacó que los dólares financieros cayeron un 15% y que los bonos de la deuda soberana subieron hasta 25%. Esta semana, Massa logró además posponer para después de 2023 bonos de deuda por dos billones de pesos (equivalentes a unos 14.000 millones de dólares) que vencían entre agosto y septiembre. El objetivo final es evitar una devaluación de la moneda nacional. El Banco Central intenta sin éxito detener la salida de dólares: durante la primera de agosto vendió más de 800 millones, mientras que sus reservas netas rondan apenas lo 1.000 millones. La cuestión para resolver es el déficit fiscal. Massa se comprometió a bajarlo hasta el 2,5% del PIB durante este año, en línea con lo acordado con el Fondo Monetario Internacional en el plan de refinanciación firmado en enero.

El Banco Central se anticipó al dato de inflación de este jueves con una subida de casi 10 puntos básicos de la tasa de interés, hasta el 69,5%. En lo que va del mes, el ajuste alcanzó los 1.750 puntos. Con una inflación proyectada por encima del 100%, la Casa Rosada todavía tiene camino por recorrer si pretende tener tasas positivas, otro de los compromisos asumidos ante el FMI. “Desde el Estado estamos haciendo los esfuerzos para resolver el problema inflacionario”, dijo el presidente, Alberto Fernández, horas antes de la estadística del Indec. “Sepan que conozco el problema, no me desentiendo. Y lucho todos los días para ver cómo encontrarle una salida a un problema que no es sólo de Argentina, sino que se desató en el mundo”, agregó durante un acto en norte del país.

Malestar piquetero

La disparada de los precios ha deteriorado poco a poco la relación del Gobierno peronista con los movimientos piqueteros. Si un sector se mantiene aún dentro de la estructura del Estado, a cargo del manejo de las ayudas que reparte el ministerio de Desarrollo Social entre los más pobres, los grupos más radicales han decidido llevar sus desacuerdos a la calle. El miércoles fue un día especialmente complicado para los habitantes de Buenos Aires. Decenas de miles de manifestantes marcharon por el centro de la ciudad en reclamo de “trabajo genuino” y un bono de emergencia que compense la inflación.

Detrás de la movilización estuvieron las organizaciones agrupadas en la llamada Unidad Piquetera, refractarias de aquellas más moderadas que negocian con el Ejecutivo. Durante toda la tarde del miércoles intentaron sin éxito una reunión con el ministro Massa. Por la noche decidieron pasar la noche en la Plaza de Mayo. Los manifestantes durmieron en carpas o simplemente enfrentaron el frío del invierno alrededor de fogatas improvisadas. “Este acampe es una lucha por el salario; acampamos hasta mañana a la mañana (por el jueves) y ahí decidiremos”, dijo Eduardo Belliboni, referente del movimiento piquetero Polo Obrero.

Cuando salió el sol comenzó el desarme del campamento. Ante la evidencia de que no habría reunión con Sergio Massa, los piqueteros levantaron la protesta al menos hasta la semana próxima, cuando prometieron volver a la calle. ¡Vamos a seguir protestando ministro! ¡Vamos a seguir haciendo piquetes y movilizaciones porque no vamos a aceptar el hambre!”, gritó Belliboni en una improvisada asamblea al pie de la casa de Gobierno.

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