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Leer pasó de moda

Nadie lee más de unos escasos caracteres. Leer es cosa de desocupados. De vejestorios. Pero insistamos en recomendar lecturas. Leer, salva

Rafa Fernandez Torres (Getty Images)

De la tragedia de la corrupción en la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo se pueden decir muchas cosas, pero, sin “riesgo” de equivocación, una fundamental: será parte insoslayable de la forma en que recordaremos a una administración que pregonó el cambio transparente con lánguidas ganas de ejercerlo. La periodista Paula Bol...

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El desastre de los decentes (Paula Bolívar)

De la tragedia de la corrupción en la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo se pueden decir muchas cosas, pero, sin “riesgo” de equivocación, una fundamental: será parte insoslayable de la forma en que recordaremos a una administración que pregonó el cambio transparente con lánguidas ganas de ejercerlo. La periodista Paula Bolívar, que de manera juiciosa y dedicada fue jalando pitas y atando cabos, firma un libro que se lee como guion de película de acción. ¡Acción efectiva de los corruptos! La fuerza del petrismo es innegable, pero han quedado anotadas, a pie de página de nuestras vidas, otras corrientes más discretas, pero fundamentales para el desastre: olmedismo, sneyderismo, roserismo, peraltismo, velasquismo, sandrismo, namismo, bonillismo, callismo y carlosramoncismo. Nombres y apellidos perennes, que bien riman con cinismo. Olmedo López, ya detenido, le dijo a Paula Bolívar: “Utilizaré los dones que Dios me ha concedido, no para buscar riquezas terrenales, sino para el bien común”. ¡Hágame el favor!

El hijo del hombre (Juan Esteban Constaín)

De la “crucifixión” de tantos funcionarios del presidente Petro, a la de quien fuera un anónimo sujeto cuyas palabras han sido determinantes en la fuerza del amor que ha tocado a millones de seres humanos… y, sin proponérselo, también en el derramamiento de océanos de sangre durante siglos. La acostumbrada combinación erudición-agudeza de Juan Esteban Constaín invita a recorrer caminos que nos llevan al nacimiento de creencias ligadas a un puñado civilizaciones e imperios. El autor existe en cada página, pero sutilmente, con una sólida ética de respeto a las fuentes y, en tema tan delicado como la religión, un tacto digno de cancillerías de otros tiempos. Una y otra vez surge la polémica inherente a los choques entre dogmas y poderes. Polémica, como recuerda Constaín, es una palabra de origen griego que significa combate. El libro es un ameno campo de batalla temporal, al que asistimos con la tranquilidad de llegar indemnes a la página 505.

El olor del fin del mundo (Vanessa de la Torre)

Pendientes, como estamos, de la llegada de alguno de los muchos escenarios apocalípticos que se contemplan, no sobra saber a qué huele el fin del mundo. Vanessa de la Torre había aprovechado, hasta hoy, la tinta para el ejercicio de su oficio periodístico. Ahora, con genuino aprecio por la narrativa, nos presenta su primera novela, que gira alrededor del amor, uno de los motores más fuertes de la vida (y de la muerte) en el pale blue dot del que hablaba Carl Sagan. No es el amor en tiempos de cólera, pero sí en los del covid-19, en este relato magnético, descrito con franqueza (prima hermana de la crudeza). Apenas una frase para tentarlos a entrar en los terrenos de una relación clandestina que se fue fortaleciendo como única manera de sobrevivir: “El amor nunca termina bien, porque no se hizo para que terminara”.

Los santos óleos (Francisco José Lloreda)

Francisco José Lloreda sabe de luchas. Libró una, siendo joven, contra el cáncer. Y el registro de esos días quedó en Mis memorias del memorial, libro que publicó sin estrenar cédula. Otra, por él y por el país, la capitaneó desde la Asociación Colombiana de Petróleo y Gas. Y sigue comprometido con la causa. Lo prueba este libro que arranca con un par de frases que, para muchos, resultan más propias de un pasaje de terror: “Agoniza la industria del petróleo y el gas en Colombia. Se perdió la autosuficiencia en gas natural y, de continuar esa tendencia, es cuestión de pocos años para que ocurra lo mismo con el petróleo”. Documento primordial para entender, sin gritería de tarima, el riesgo económico y fiscal que nos pisa los talones. Un fuego atizado por aquellos que se presentan como heraldos de la prosperidad, mientras hacen trizas el futuro. Con argumentos, Lloreda desnuda a quienes, desde el maniqueísmo, hacen de sus ardores ideológicos una base porosa para conducir los destinos del país a punta de mentiras cósmicas (y cómicas). Sigamos con la charlatanería…

Charlatanes (Moisés Naím/Quico Toro)

Dos respetados líderes de la opinión y del trabajo en medios, unen humores para revelarnos una desoída verdad de Perogrullo: los charlatanes florecen porque los idiotas los regamos y abonamos. Los charlatanes de antes no contaban, como ahora, con los canales digitales y su desfile de algoritmos, todo debidamente sazonado por la inteligencia artificial. Eso, más el provecho de esa capacidad de soñar que caracteriza a la humanidad, hace que no tengan ya barreras para conectar con nuestras debilidades. El charlatán es Judá Ben-Hur, triunfante, liderando su cuadriga en el circo de arena. Y, qué paradoja, nosotros somos Judá Ben-Hur, sometidos, remando en las galeras. Los autores se esfuerzan en que entendamos cómo actúan los charlatanes, quizás con el íntimo deseo de que pase lo que nunca va a suceder: que los sorteemos sin caer en el engaño. El homo incautus es un homínido que suele repetir sus errores.

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Retaguardia. Si socavas la institucionalidad, siempre podrás actuar contra la ley y la Constitución, experimentando una odiosa impunidad. En la práctica: si deterioras la confianza en el sistema electoral, podrás dilatar y cuestionar una elección. Y, si lo requieres, incluso desconocerla. Eso pasa cuando te presentas como demócrata, pero lo tuyo es la autocracia. Lobo con piel de oveja. ¿Un therian del populismo?

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