Campanadas 2025, de Pedroche a José Mota: baratas, escasas y recicladas
Puede que estemos la Nochevieja más económica de los últimos años. Tan solo TVE ha apostado por contenido original para despedir el año. En el resto de cadenas, refritos e incluso una reposición del programa emitido el día anterior
En TVE, José Mota ha hecho el programa de Nochevieja por vigesimoquinto año consecutivo. Con el título El juego del camelar, el hilo conductor ha sido el de la popular serie coreana El juego del calamar. Ha sido un placer ver de nuevo al actor Jaime Ordoñez en pantalla, esta vez como siniestro hombre de rojo. La premisa de los políticos atrapados en un siniestro juego a cambio de votos ha sido un buen hilo conductor para unos sketches q...
En TVE, José Mota ha hecho el programa de Nochevieja por vigesimoquinto año consecutivo. Con el título El juego del camelar, el hilo conductor ha sido el de la popular serie coreana El juego del calamar. Ha sido un placer ver de nuevo al actor Jaime Ordoñez en pantalla, esta vez como siniestro hombre de rojo. La premisa de los políticos atrapados en un siniestro juego a cambio de votos ha sido un buen hilo conductor para unos sketches que han sido unos mejores y otros peores.
No se puede ser brillante durante tantas nocheviejas seguidas, y aunque ha habido algunos momentos realmente buenos (el tren parado, el encuentro de asesinos), lo que más se le puede agradecer a Mota es intentar —y lograr— hacer un programa que no baila al son del poder. Debe ser el único humorista consciente de que los gobiernos pasan y de que la gente merece un respeto, vote lo que vote. El final del programa (con un momento en verso acompañado de música emotiva) no ha resultado tan potente como era la intención. Lo más difícil de los chistes es el remate, máxime si se quiere trascender el propio humor.
La 2 hace ya años que tiene Cachitos como la alternativa favorita de los españoles de menos de 60 años, y este año la cadena decidido darle una vuelta al formato. En las últimas temporadas hemos visto cómo aquellos descubrimientos musicales con cartelas ingeniosas daban paso a una plantilla que se resume en: música sobada hasta el desgaste, cartela sobre los estilismos de los artistas, y coletilla pelota con el gobierno a la par que coyuntural.
Es curioso que el programa que peor paga los guiones de toda la televisión en España sea el que más ganas tiene de complacer a quienes los encargan. En esta ocasión espero que hayan subido un poco los emolumentos, porque la marca Cachitos se ha expandido haciendo una ficción sobre los programas musicales. Ángel Carmona (presentador de la casa en Radio 3) se veía involucrado en un spoof de Matrix —la saga dosmilera por excelencia— para recuperar la música en televisión.
Esta iniciativa, como se nos ha dicho machaconamente, es en conjunto con una empresa privada dedicada a la organización de eventos. Pase si es para recuperar los programas musicales. Cachitos Love the twenties ha traído la nostalgia de los 2000. Para los veinteañeros es la música de su infancia, y aunque nos haga sentir mayores, agradecemos también que, por un año, no nos abrasen con los años ochenta y la movida madrileña. El espacio ha contado con los playbacks de King África, las Ketchup, Sonia y Selena o Rebeca entre otros. Todos ellos han aparecido tal y como están hoy, fingiendo cantar sus grandes éxitos.
Un poco como pasaba en los ochenta y noventa cuando nuestros padres veían a Celia Gámez cantando la Java de las viudas y soltaban un piadoso “¡Pero qué mayor está!” o el más demoledor “¿Pero no se había muerto?”. Si antes aparecían bailarines vestidos de la época de juventud del Dúo Dinámico, aquí hemos tenido a un público arrítmico y a unos bailarines algo descoordinados para devolvernos a la mente aquellas mañanas con Música Sí.
Mientras tanto, en Telecinco retransmitían un publirreportaje de Formigal presentado por Sandra Barneda y Xuxo Jones. ¿Por qué Xuxo Jones? Solo se explica si algún directivo perdió una apuesta en una timba de póker.
RTVE sí ha decidido apostar por la música en directo, al fin. Ha sido con La Casa de la Música, una cuidada producción emitida en TVE y La 2 donde artistas consagrados y artistas emergentes han actuado en diferentes puntos de España. Además de la preciosa versión que de Un año más ha hecho Ana Torroja (mientras que en Telecinco y Cuatro lo hacía Nacho Cano; el uno con Ayuso y la otra con José Pablo), el plato fuerte era el nuevo sencillo de La Oreja de Van Gogh, ya con Amaia de vuelta al combo. Una pena que fuera grabado; se ha perdido una gran oportunidad para ver cómo Amaia dejaba tirados a los otros en pleno directo. La canción empezaba con un “Yo creo en Dios, pero a mi manera”. Hay que acercarse a Hakuna, porque Hakuna está cerca del poder que viene, pero sin pasarse, no sea que luego no salga bien la cosa. Ni para ti ni para mí, todo sea que a Amaia se le cruce algún cable y cambie de opinión. Yo creo en Dios será tan agradable no solo para los fans del grupo donostiarra, sino también para los peregrinos de las próximas javieradas.
Las campanadas (lo gordo) se han dividido entre tres opciones: Chenoa con los Estopa en TVE, Sandra Barneda y Xuxo Jones, en Telecinco y Cuatro; y la Pedroche con Chicote en Antena 3 y La Sexta. Una declaración de intenciones respecto a la realidad de la televisión: aquí, sintonices lo que sintonices, todo es lo mismo. Ojalá hubiéramos podido ver las campanadas con las gafas de Están vivos (la de Carpenter, por supuesto) para enterarnos de qué va la película. Chenoa y los Estopa defendieron con muchísima dignidad y simpatía el marrón de última hora que les cayó con la retirada de Buenafuente y Silvia Abril. Bravo por ellos.
En cuanto a Pedroche y Chicote, pues un poco lo de siempre, pero ya sin competencia: Chicote, de traje, hace aproximaciones a lo que puede llevar puesto la vallecana. Ella, con las cejas cada vez más gruesas, con una capa abultada (hecha con piezas de sus anteriores trajes) dedicándole el traje y el “trabajo” a la causa del año (esta vez era el cáncer) antes de darle el minuto de oro a todo el holding. Como cada año ha venido Josie diciéndonos que iba a ser diferente y original. Cuando ya se barajaba la posibilidad de que Pedroche apareciera con un vestido hecho de productos caducados de la vending machine del aeropuerto de Barajas, nos ha sorprendido (es un decir) con otra variante del ir en pelotas. En esta Nochevieja ha aparecido como la Pinito del Oro del reciclaje. Las estrellitas del traje negro del segundo año, la caña de las botas del año del Covid, y piezas de estrás de otros momentos televisivos. Pues vale.
Las campanadas de Puerta del Sol han sido de algún modo patrocinadas por Netflix. La plataforma estadounidense ha puesto la tipografía de Stranger Things en el “Feliz 2026” y el Ayuntamiento de Madrid lo ha permitido. Además ha metido grafismos invasivos en el propio momento del cambio de año. Un atropello que no se debería haber permitido, pero de esto ha ido esta Nochevieja, de que todo da igual. Quizás sea porque la televisión se ve de verdad amenazada por el streaming ahora que los jóvenes espectadores prefieren ver a veinteañeros evasores de impuestos berreando desde sus sillas galácticas, o porque se nos viene otra crisis como la de 2009 y todavía no nos hemos dado cuenta. Cómo estará la cosa si hasta Pedroche tiene que reciclar la poca tela de sus vestidos.