Un cura pederasta reapareció en el funeral de las víctimas de Adamuz
El padre Ángel Escapa, supuestamente apartado de “cualquier responsabilidad pastoral” por abusar de dos menores en Alicante, acudió al homenaje de los fallecidos
EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos...
EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es
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Un cura pederasta reapareció el viernes pasado en el funeral de las víctimas del accidente de Adamuz celebrado en Huelva. Ángel Escapa, de los agustinos, estaba sentado en la segunda fila, con su hábito, rodeado de otros sacerdotes. El cura, ahora de 82 años, que fue provincial de la orden, profesor, director del colegio Agustinos de Alicante y fundador del equipo de balonmano de ese centro educativo en 1972, fue denunciado ante la orden por abusos sexuales por dos víctimas, cuando eran menores de edad, en el colegio de Alicante. El caso fue destapado por este periódico en abril del año pasado y la orden admitió los abusos del que fuera el padre del balonmano español e indemnizó y dio validez al testimonio de las dos víctimas. “Aunque no ha habido proceso ni sentencia, damos credibilidad a la denuncia de abusos sexuales contra el padre Ángel Escapa”, se lee en el acuerdo de compensación. Al estar los delitos prescritos, sin embargo, el caso no tuvo recorrido judicial.
El mismo día que este periódico publicó el caso de los abusos, el Ayuntamiento de Alicante decidió retirar del callejero la avenida dedicada al padre Ángel Escapa. La orden, que llevó a cabo una investigación canónica, informó en su día a este periódico de que Escapa, destinado a Huelva desde 2021, estaba como colaborador “sin oficio pastoral” en tres comunidades rurales de Huelva y con la prohibición de realizar actividades con menores.
Una de las dos víctimas se ha puesto en contacto con este periódico tras ver que Escapa estaba presente como cura en el funeral. “Sentí asco y una indignación que no puedo explicar con palabras”, relata.
Este periódico ha preguntado a los agustinos qué hacía un cura que abusó, según reconoció la propia orden, de dos menores y por el que está apartado del oficio pastoral en un funeral-homenaje. Esta ha sido su respuesta: “Las medidas que él tiene es que está apartado de cualquier responsabilidad pastoral. Eso quiere decir que no puede ser párroco en una parroquia, que no puede coordinar un proyecto pastoral en un colegio, que no puede tener ninguna actividad con menores. Pero no le impide celebrar misa, por ejemplo, o concelebrar. Él vive en una comunidad y la Eucaristía la celebra. Sigue siendo religioso, rezando en comunidad. Si vive en una comunidad, hace vida con el resto de la comunidad”.
“No podría trabajar en un colegio o dar catequesis en una parroquia. Pero una Eucaristía como la del otro día, no hay ninguna medida cautelar que le impida participar”, añaden. ¿Y las víctimas? “De las víctimas nosotros no podemos hablar”, responden. A pregunta de si no había otro cura que no fuera pederasta para enviar a un funeral, desde la orden contestan: “En la Eucaristía estaba toda la comunidad de agustinos que viven en Huelva. Él no era el que presidía la celebración, estaba con un montón de sacerdotes en la celebración”.
A las dos víctimas, sin embargo, les ha dolido verle en un acto homenaje. Este fue el relato de una de ellas, que ahora tiene en torno a 60 años, a este periódico. “El padre Ángel era un monstruo, un depredador que se aprovechó de mi debilidad”, contó Juan, nombre ficticio, que fue estudiante del colegio y jugador del equipo de balonmano fundado por el cura. “Yo era muy pequeño y él era amigo personal de la familia, llegó a ser mentor nuestro. Creía que me estaba ayudando en mi formación y protegiendo a nivel personal como mentor que era. Pero, del abrazo de protección pasó al abrazo lascivo, a los tocamientos... No fui capaz de contárselo a mi familia”, confesó sentado en una cafetería de un hotel en Alicante.
“Los abusos empezaron en su habitación, luego pasaron a su despacho y al vestuario de balonmano, más adelante ya usaba cualquier rincón del colegio para arrimarse. Empezaba con abrazos, besos en las mejillas, me levantaba la camiseta, me acariciaba. Se llevaba mi mano a sus genitales. Le gustaba sentarme en sus rodillas, besarme y tocarme. Me tenía desnudo totalmente”, detalla. Juan nunca se lo contó a nadie. Primero, por no ser consciente, a esa edad, de lo que estaba sufriendo eran abusos sexuales. Segundo, porque, ya mayor, dice que no quería revivir un pasado amargo y doloroso. “Lo llevé en silencio”.