Cómo protegerme frente a la difusión de un vídeo sexual en el que aparezco

El caso de Verónica, la trabajadora de Iveco que se ha suicidado tras difundirse entre sus compañeros (sin su consentimiento y por WhastApp) un vídeo de índole sexual en el que aparece, pone de relieve el calado de estos delitos.

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Una mujer graba un vídeo de contenido sexual y este es difundido por terceros sin su consentimiento. Verónica, la trabajadora de Iveco de 32 años cuyas imágenes fueron compartidas entre algunos de sus compañeros de trabajo a través de WhatsApp, es la última víctima conocida de una práctica delictiva cada vez más habitual. Hace apenas un mes se hacía público el caso de los cinco menores que en Málaga eran detenidos por difundir imágenes de índole sexual de sus compañeras de instituto a través de redes sociales. El de Verónica ha tenido el peor desenlace posible. Su suicidio el pasado sábado está siendo investigado por la Fiscalía tras haber abandonado el viernes su puesto de trabajo con un ataque de ansiedad a causa de la situación y el acoso que, supuestamente, habría sufrido en su puesto, en el distrito de San Blas-Canillejas (Madrid), en los días posteriores a la difusión de los contenidos.

Se desconoce aún cómo se compartió originariamente, si fue ella de manera accidental quien lo envió a un grupo o su ex pareja de hace cinco años, que trabajaba en la misma empresa, en lo que podría contemplarse como un caso de violencia de género en la red. Pero todos los que lo contribuyeron a su difusión compartiéndolo se enfrentarían a un delito contra la intimidad, según informaban fuentes de la Jefatura Superior de Policía de Madrid a El País. Lo confirma a S Moda Sara G. Antúnez, abogada y presidenta de la plataforma anti acoso en línea Stop Haters, que ha sido contactada a su vez por varios trabajadores de Iveco (en su mayoría hombres) que «quieren aclarar bajo anonimato que están sufriendo represalias cuando no todos los trabajadores han estado implicados, y que muchos habían denunciado la situación en la propia empresa y no se ha hecho caso«.

 ¿Qué pasa cuando, como a Verónica, esto nos ocurre en el ámbito laboral? “Ahí es la propia empresa quien se tiene que hacer responsable. Si se es víctima de este acoso, lo primero sería hablar con Recursos Humanos o con los superiores y que estos pasaran a aplicar el protocolo anti acoso laboral (cada empresa tiene el suyo propio)”, explica Antúnez. Según ha comunicado Comisiones Obreras, “el sindicato cree que [el caso de la trabajadora de Iveco] es un accidente laboral”, pues se habría puesto en conocimiento de la empresa lo ocurrido el jueves pasado, declinando esta que se tratara de un asunto laboral, sino personal, e incumpliendo la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. El País recoge también la información de otros medios que señalan que el equipo de Recursos Humanos de la empresa habría alentado a Verónica a denunciar los hechos como delito contra la intimidad ante la Policía y esta se negó.

La dificultad para dar el paso y denunciar ante una situación así es evidente. Miedo, ansiedad, estado de shock. “Denunciar significa en muchos casos sacar a la luz la existencia del vídeo, esto pasa mucho con personas menores de edad que no quieren hacerlo porque significa que lo van a ver en su entorno”, cuenta Jorge Flores de Pantallas Amigas, experto en uso seguro de las TIC especializado en grooming, ciberbullying y sexting. “En el momento en que tengas constancia de que se está compartiendo algo sobre ti hay que ir a denunciar con o sin pruebas”, señala Sara de Stop Haters. “En el caso de que alguien lo sepa y te lo diga, se le debe pedir que te acompañe y testifique o que enseñe la prueba en su móvil. La denuncia solo puede ponerla la víctima y, por desgracia, estos son delitos difíciles de probar. Más aún si, como en el caso de la trabajadora de Iveco, han sido compartidos a través de Whatsapp y no subidos directamente a la red (YouTube, redes sociales)”.

Ambos expertos señalan la importancia de recopilar todas las pruebas posibles y proceder tan rápido como sea factible. Otra advertencia que hace Antúnez: “Si sé que se ha compartido ese material sobre mí en un grupo de WhatsApp, lo más aconsejable es intentar que alguna persona que ya está dentro de él me facilite las pruebas, es preferible y tiene mayor validez que si soy yo quien acceda al grupo a por ellas (aunque se debe hacer si no hay otro recurso)”.

En muchos de estos casos en los que se comparte contenido íntimo de otros se ha dado previamente una situación de chantaje. A esto se le conoce como sextorsión, un fenómeno nacido con internet que capturó bien Black Mirror en el capítulo Shut Up and Dance y que se da, en cifras de la Agencia Nacional del Crimen británica, tres veces más que en 2015 (se registraron 1.034 casos en Reino Unido en 2017). Ocurría en el caso de los jóvenes de Málaga, que habrían amenazado a una de las chicas con publicar sus fotos y vídeos sin su consentimiento si no enviaba más contenido sexual a uno de ellos, y se baraja la posibilidad -así lo recogían en otros medios- de que la operaria de Iveco también hubiese recibido este tipo de amenazas por parte de su ex pareja. En esta tesitura, Jorge Flores de Pantallas Amigas recomienda “no ceder nunca ante el chantaje y guardar las pruebas de este, que es en sí mismo ya un delito. Así como «prevenir un mal mayor eliminando de donde podamos todas las imágenes sensibles, por si pudieran estar afectadas por un software que nos las robara y hacerle ver al acosador (mediante envío de noticias, por ejemplo) que eso que comete es un delito».

El ciberacoso encuentra sus víctimas, principalmente, entre las niñas y mujeres jóvenes. “Se da en mayor medida entre las que tienen 18 y 30 años y en colectivos como el LGTBIQ+, las personas racializadas o con discapacidad”, señalaba Sara G. Antúnez. Y el dictamen del Comité Económico y Social Europeo sobre La brecha digital de género, publicado en diciembre apuntaba, en datos del EIGE, que “el 51 % de las mujeres deben encarar el acoso en línea, frente al 42 % de los hombres”. Para prevenir el acoso en línea y la difusión de estas imágenes y contenidos de tipo sexual (o cualquier otro que atente contra la intimidad de la persona), además de hacer hincapié en una educación previa al respecto, la abogada recomienda “evitar enviar ese contenido que nos pueda poner en riesgo a través de redes sociales o mensajería instantánea. Si vamos a enviarlo, debemos cerciorarnos muy bien de que a quien se lo enviamos es una persona de confianza (no confundir amistad de dos días con una larga amistad) y hacerlo a través de aplicaciones que cifren el contenido o que lo borren en poco tiempo”. Asegurarnos de que nuestros ordenadores y dispositivos están protegidos es también fundamental, insiste, “se debe evitar acceder a redes wifi públicas y cambiar las contraseñas con frecuencia, haciéndolas lo más complejas y seguras posible”. En caso de que se quieran enviar esos nudes de todos modos, “hay que evitar que se vea el rostro o cualquier marca identificativa”, aclara.

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