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Así es como los científicos pretenden evitar que el alcohol y las drogas secuestren el cerebro

Dos estudios detectan los mecanismos neuronales que se activan al consumir cocaína y alcohol. Entenderlo, explican, podría ayudar a encontrar una medicina para erradicar la dependencia

Una técnico observa un escáner cerebralThe Washington Post (The Washington Post via Getty Images)

Cuando un adicto a la cocaína recae, no se trata de un fracaso personal: es el resultado de una reestructuración de su cerebro. Es lo que corrobora una investigación que se publica este miércoles en la revista Science Advances. El experimento, realizado en ratones, ha constatado cómo la cocaína altera el funcionamiento del núcleo accumbens, centro neurálgico del placer. Esto explicaría por qué la adicción es tan difícil de tratar, y según los autores, también abriría la puerta a desarrollar nuevas terapias farmacéuticas para hacerlo. “La adicción es una enfermedad en el mismo sentido que el cáncer”, explica A. J. Robison, profesor de neurociencia y fisiología y autor del estudio. “Necesitamos encontrar mejores tratamientos y ayudar a las personas con adicción, del mismo modo que necesitamos encontrar curas para el cáncer”.

El experimento se valió de la edición genética para bucear en el cerebro de los roedores. Usaron la técnica CRISPR, una especie de tijeras moleculares, con las que pudieron separar distintos circuitos neuronales. De esta forma pudieron ver cómo la cocaína afectaba en zonas concretas y trazaron la pista de un claro responsable: el ΔFosB. Esta proteína actúa como un interruptor genético, activa y desactiva genes en el circuito entre el centro de recompensa del cerebro y el hipocampo, el centro de la memoria. “El ΔFosB no solo está asociado con estos cambios, sino que es necesario para que se den”, explica en un intercambio de mensajes Andrew Eagle, neurocientífico del comportamiento que también participó en el estudio. “Sin ella, la cocaína no produce los mismos cambios en la actividad cerebral ni el mismo impulso para consumirla”.

El descubrimiento fue interesante, pero no sorprendente. Se sabe que ΔFosB se acumula en el cerebro tras exposiciones repetidas a estímulos adictivos (drogas, alcohol, nicotina y conductas placenteras). “A diferencia de otras proteínas de la misma familia, ΔFosB persiste durante largos períodos en las neuronas”, explica en conversación telefónica Rosario Moratalla, profesora de investigación del CSIC que lleva más de 30 años estudiando las adicciones. “Además, es acumulativo. Tiene una vida media alta y, si continúas consumiendo, se va acumulando y se alarga esa vida media. Y esto puede estar implicado en los mecanismos de recaída”. Por eso es tan difícil dejar de fumar, de consumir drogas o de darse atracones de comida basura. La adicción no desaparece tras un par de días de esfuerzo. Permanece latente, oculta en nuestro cerebro. Una vez que alguien se convierte en adicto, no se puede borrar este adjetivo de su vida. Al máximo se le puede añadir el prefijo ex.

Más de 100.000 personas en España tienen un consumo problemático de cocaína, según datos del Ministerio de Sanidad. Actualmente, no existe ningún medicamento aprobado para tratarla. Quienes dejan de consumirla no experimentan los mismos síntomas físicos de abstinencia que causan los opiáceos, pero eso no significa que sea fácil dejarla. La droga secuestra el cerebro, inundando los centros de recompensa con dopamina. Este refuerzo positivo engaña al cerebro para que sienta que está haciendo algo bueno en lugar de destructivo. Incluso si alguien logra dejarlo, las probabilidades no están a su favor. Alrededor del 24 % recae en el consumo semanal, y otro 18 % regresa a un programa de tratamiento al cabo de un año.

En busca de una cura a la adicción

El presente estudio tiene muchas fortalezas, pero también alguna limitación. Ha sido realizado en ratones. “Además, todos los ratones eran machos”, apunta Moratalla, lo cual plantea ciertos problemas a la hora de trasladar sus conclusiones a las personas, pues dejaría fuera a la mitad de la población. Muchos estudios científicos utilizan machos, pues de esta forma no tienen que lidiar con la menstruación de las hembras, que puede introducir interferencias biológicas y pervertir los resultados. Pero existen diferencias importantes entre hombres y mujeres que a menudo se pasan por alto. Por último, el estudio analiza qué pasa cuando se elimina el ΔFosB, pero no cuando se aumenta la dosis de esta proteína.

Este escenario, opina la experta, habría dado mayor robustez a sus conclusiones. A pesar de todas estas debilidades, Moratalla cree que nos encontramos ante un estudio “robusto” e “importante”. Incluso lo califica de “bonito” por la forma en la que usa las tijeras moleculares para aislar circuitos neuronales y estudiarlos de forma aislada.

Nathan Marchant, neurólogo especializado en adicciones de la Universidad de Ámsterdam, hace un análisis similar. En un intercambio de mensajes, recalca el mérito de haber identificado una vía molecular específica donde actúa la cocaína, pero lamenta que no se haya probado también en ratones hembra. Comparte con los autores del estudio la convicción de que tarde o temprano se descubrirá un fármaco para tratar la adicción. “Esto debería ser abordable, solo necesitamos descubrir el mecanismo”, apunta.

Marchant ha presentado esta misma semana su propio estudio sobre adicciones. La premisa era explorar por qué las personas con adicción al alcohol prefieren este a cualquier otra recompensa. Cómo las adicciones secuestran el cerebro, reduciendo los intereses de la persona, doblegando su voluntad y erosionando sus relaciones sociales. Su estudio se hizo en ratones y apuntaba a una región del cerebro, la ínsula anterior, como la responsable de sesgar los procesos de toma de decisiones para favorecer el alcohol sobre otras recompensas. “Esto es potencialmente crucial para explicar cómo y por qué las personas con alcoholismo eligen persistentemente el alcohol en lugar de alternativas saludables”, señala.

La idea que subyace tras todo esto es que la adicción no es un problema moral, de falta de carácter o fuerza de voluntad. Es una cuestión de raíz neuronal, un elemento externo que afecta a nuestro cerebro y parasita nuestro comportamiento.

Algunos expertos dicen que la adicción es una enfermedad, y como tal puede tener cura. Pero la adicción tiene componentes biológicos, psicológicos y sociales. Además, es arriesgado entender que todas las adicciones son iguales. Marchant, por ejemplo, pone el límite entre las drogas (donde incluye también el alcohol) y las recompensas naturales, como podría ser la comida basura. “Los sistemas sobre los que actúan las drogas existen para registrar y reconocer las recompensas naturales, por lo que existe una gran superposición. Sin embargo, las drogas suelen activar estos sistemas a niveles muy superiores a los de algo como el azúcar o alimentos muy apetecibles”, explica. Esta diferenciación no es baladí.

La única adicción a la que se habría encontrado algo parecido a una cura médica sería a la comida basura, y todo esto con muchos matices. Los agonistas del GLP1, medicamentos como Ozemepic o Wegovy han supuesto una revolución a la hora de tratar ciertos trastornos alimenticios. En un primer momento, al trastocar estos medicamentos el circuito de recompensa, se pensó que podrían tener algún efecto sobre el consumo de alcohol (algunos estudios apuntan débilmente en ese sentido). Pero su uso en otras adicciones es mucho más discutido. “En la cocaína no han demostrado ser eficaces”, explica Rosario Moratalla. Por lo pronto, parece que ese hipotético medicamento para atajar las adicciones no es fácil de conseguir. Pero distintos expertos en el mundo siguen analizando qué es lo que hacen las sustancias adictivas en nuestro cerebro. Y qué podemos hacer nosotros para evitarlo.

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