Andalucía merece altura política
La campaña electoral arranca con un PP que necesita mayoría absoluta para zafarse de Vox tras las cesiones en Aragón y Extremadura
La campaña en Andalucía para las elecciones parlamentarias del 17 de mayo comenzó ayer con el actual presidente, Juan Manuel Moreno, como claro favorito en las encuestas. El líder del PP aspira a revalidar su mayoría absoluta, que requiere de 55 escaños de los 109 que componen el Parlamento andaluz, y algunos sondeos se la dan. Tras él sitúan al PSOE, con la exvicepresidenta y exministra María Jesús Montero como candidata, seguida de Vox, que con un 10% de intención de votos según el CIS, podría tener la llave de Moreno al Palacio de San Telmo.
El contexto es complicado para el PSOE, que vería como un fracaso tanto la mayoría absoluta del PP como una pérdida propia de escaños en una comunidad que durante décadas fue su feudo electoral. Pero tampoco es sencillo para el candidato popular. En el último semestre se han celebrado cuatro elecciones autonómicas, dos de ellas, en Extremadura y Aragón. La debilidad de los populares ha terminado por reforzar a la extrema derecha, y el PP ha terminado por asumir algunas ideas y conceptos de Vox en asuntos clave como la inmigración o las políticas de género.
Andalucía, que con 8,7 millones de habitantes es la comunidad más poblada de España, no tiene por qué seguir la senda de las otras comunidades autónomas, donde en la campaña y en los pactos se ha impuesto una retórica de discriminación. Los andaluces merecen escuchar un debate sereno basado en argumentos y a candidatos que reconozcan sus problemas reales y propongan soluciones.
Andalucía arrastra desequilibrios estructurales que la sitúan por debajo de la media nacional: el 34,7% de la población vive en riesgo de pobreza o exclusión social, diez puntos por encima del conjunto del país. Su PIB per cápita ronda los 25.000 euros, también por debajo de la media. La tasa de paro el último trimestre era del 14,66%, casi cuatro puntos porcentuales más que el resto de España, con datos especialmente sangrantes en provincias como Cádiz, que alcanza un 21%. El desempleo juvenil, del 32,39%, es el más alto de España. La primera preocupación de los ciudadanos es la sanidad: el 42% de los encuestados por el CIS lo consideran el mayor problema de la región, por delante de la vivienda y el paro. Los fallos del cribado del cáncer de mama pusieron sobre la mesa las gravísimas deficiencias de un sistema sanitario tensionado, que requiere un replanteamiento político y de gestión profundo y que puede costar muchos votos a Moreno Bonilla.
El resultado en Andalucía se leerá inevitablemente como un examen al Gobierno de Pedro Sanchez en Madrid. También hay lecciones para el PP. El actual presidente de la Junta ha sido un verso suelto en este partido, con una actitud más institucional que partidista en su relación con el Gobierno central en momentos como las inundaciones de este invierno o el accidente ferroviario en Adamuz. Se ha distanciado además de la letra de los pactos de Génova con Vox y su “prioridad nacional”, eufemismo para designar la discriminación institucional.
Pero también los versos sueltos, como el presidente andaluz o la madrileña Isabel Díaz Ayuso, necesitan mayorías absoluta, y eso lo saben los andaluces. Fue Moreno Bonilla el primero en pactar con Vox para presidir la Junta tras su ajustado resultado en 2018. Y fue entonces cuando, por primera vez, Vox se sentó en un Parlamento. En aquellas elecciones comenzó del ascenso del partido de Santiago Abascal en las instituciones democráticas. El mejor resultado del 17 de mayo sería que las urnas certificasen su hundimiento.