El mínimo común
Todavía no se han escuchado los argumentos que permitan entender con claridad qué ha llevado a Trump a atacar Irán
Cariño, dice la canción, sé que tú me mentiste. Tuvieron una cita cuando tenía 17 años, hubo un beso. Al final, todo fue quedando en nada, así que casi mejor no recordarlo. Lo que puede ocurrir también es que haya un viaje y una larga estancia en una ciudad lejana, incluso un amor, alguien que prepara buenas tortillas y guisos (por ej...
Cariño, dice la canción, sé que tú me mentiste. Tuvieron una cita cuando tenía 17 años, hubo un beso. Al final, todo fue quedando en nada, así que casi mejor no recordarlo. Lo que puede ocurrir también es que haya un viaje y una larga estancia en una ciudad lejana, incluso un amor, alguien que prepara buenas tortillas y guisos (por ejemplo), pero llega un momento en el que toca volver a casa, no hay otra, algo tira de ti. Podría ser que estuvieran los dos yendo de un lado a otro, que los recogiera un vehículo justo antes de ponerse a llover y que fueran cantando viejos blues, con el limpiaparabrisas moviéndose todo el rato. Luego una parada, y el otro se va, y entiendes que la libertad es solo otra palabra para nombrar todo lo que vas perdiendo. En fin, hay un lugar en alguna parte, allá lejos, donde protegerse del hambre y del frío, donde se dejan las preocupaciones atrás, donde brilla el sol.
Migajas de experiencias distintas, pequeñas historias que luego recoge una canción, y que cada cual tiene la impresión, al escucharlas, de que aquello que narran es en realidad cosa propia. De todo hace más de 50 años, y esas frases dispersas de canciones diferentes las cantaron en su día Aretha Franklin, Joni Mitchell, Janis Joplin y Carole King. Luego se hicieron un montón de versiones, y es que conectan, es como si dieran cuenta de algo que a todos nos concierne, de episodios por los que pasamos, y que si no se viven directamente, sí se conocen, están ahí. Tratan de ese mínimo común que toca a todos, más allá de religiones y culturas diferentes. El momento de descubrir el amor en la juventud y la desolación de perderlo más adelante, la vuelta a casa cuando se ha vivido lejos, el cómplice al que se pierde de pronto cuando se está rodando por la vida y todo parecía posible, el lugar al que te alejas y que te protege y te da cobijo y en el que te refugias ante cualquier tempestad.
En esta ribera occidental se sabe seguramente poco de lo que hay al otro lado, en Oriente; lo que sí parece es que las personas que viven allí son iguales que nosotros, tienen brazos y piernas y ojos con los que mirar el mundo. Su historia, y las cosas que les enseñaron, y las ideas y costumbres y tradiciones que bebieron desde niños acaso no sean las mismas, incluso pueden resultar extrañas para los de este lado, hasta incómodas. Pero con solo rascar un poco resulta que hay cuestiones comunes, esas que pertenecen al grado cero de la humanidad, que se llevan ya de serie, y sin las que no hay manera de estar en el mundo por diferente que sea el mundo en el que vivamos. Algunas de esas tienen que ver con lo que recogen esas canciones: un amor, un hogar, el vértigo de ir rondando, un lugar que queda más lejos en el que sentirse a salvo.
Todavía no se han escuchado los argumentos que permitan entender con claridad qué es lo que ha llevado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a atacar Irán. El régimen de los ayatolás es terrible, pero nada de cuanto ha pasado en las últimas semanas va a facilitar la lucha de quienes quieren acabar con sus crueldades y atrocidades, incluso les ha complicado una tarea tan difícil. Mientras tanto, están muriendo quienes también tuvieron un amor a los 17 años, los que alguna vez añoraron su hogar, los que quisieron comerse la vida, los que anhelaron ese lugar donde las inquietudes y los miedos se disipan. Furia Épica han bautizado la operación. Quién sabe lo que hay de heroico en esas bombas que caen sobre inocentes desde las alturas más remotas.