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Esperar al resultado

Al mundo en guerra es mejor mirarlo en tiempo real, sin aguardar al final

Misiles volando sobre Tel Aviv (Israel) durante un ataque iraní. XINHUA vía Europa Press (XINHUA vía Europa Press)

A algunos partidos de fútbol o de baloncesto les acecha la tentación de verlos ya terminados. Dan ganas de no querer saber hasta que acaben, lo mismo que con las películas que te dejan revuelto el estómago. Hay gente que lo hace: espera al final y, cuando conoce el desenlace, se pone a ver lo que se ha perdido para evitar los nervios. Es una especie de poder en diferido, pero poder al cabo, ese de saber quién gana y quién pierde y cómo terminan las cosas, porque así se ven de otra manera: sin emoción aunque con más cabeza.

Le pasa al mundo que se ha vuelto cada vez más inestable y la di...

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A algunos partidos de fútbol o de baloncesto les acecha la tentación de verlos ya terminados. Dan ganas de no querer saber hasta que acaben, lo mismo que con las películas que te dejan revuelto el estómago. Hay gente que lo hace: espera al final y, cuando conoce el desenlace, se pone a ver lo que se ha perdido para evitar los nervios. Es una especie de poder en diferido, pero poder al cabo, ese de saber quién gana y quién pierde y cómo terminan las cosas, porque así se ven de otra manera: sin emoción aunque con más cabeza.

Le pasa al mundo que se ha vuelto cada vez más inestable y la dinámica del fútbol, tan polarizada, ya no está solo en la política y en su lenguaje, sino que se ha extendido a cualquier ámbito. Vivimos en un partido o dentro de una película de acción, en busca de héroes y villanos. Nos quedará siempre la duda de cuánto se quiere parecer la vida a la ficción y si el mundo sería distinto si las tramas de las series y las películas hubieran sido de otra manera.

Una mañana se habla de unas conversaciones de paz en Ginebra y, al otro día, la noticia es un ataque a Irán que desbarata el orden mundial y económico. Lo que más preguntaron a Donald Trump es cuánto iba a durar esta ofensiva. Él, que dijo al principio que la operación se alargaría dos o tres días, explicó después que estaba planeada para cuatro o cinco semanas y, al final, advirtió de que se prolongará todo lo necesario. Lo único cierto por ahora es que con lo de Furia Épica le ha puesto un nombre de película.

Uno pone a veces las noticias y le gustaría verlas como esos partidos que no ves hasta que no han acabado, para saber cuál fue el resultado. Pero no se puede, porque no se sabe ni cuándo ni cómo acaban las guerras. Ni siquiera se sabe a qué se refieren cuando emplazan a cumplir el objetivo. ¿Qué objetivo en concreto? ¿Y cuándo podrá darse por cumplido? Por eso al mundo es mejor mirarlo en tiempo real, sin aguardar al final. No por saber cómo ni cuándo acaban las cosas, sino por saber qué hicimos nosotros mientras tanto.

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