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Hasta que caiga la última persona

Cuatro años después, son muchos en Ucrania los que procuran resistir en esa maldita guerra, pues entienden que la represión de Putin sería todavía peor

Un soldado de Ucrania con un dron, en la región de Jersón en noviembre de 2022.HANNIBAL HANSCHKE (EFE)

Hace cuatro años el ejercito ruso invadió Ucrania. Se vieron entonces largas columnas de tanques y blindados que avanzaban con el propósito de conquistar los lugares decisivos del país y que Ucrania se derrumbara en un santiamén. La incursión fue acompañada de cazas, helicópteros y artillería de largo alcance, los instrumentos que sirven para machacar desde lejos,...

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Hace cuatro años el ejercito ruso invadió Ucrania. Se vieron entonces largas columnas de tanques y blindados que avanzaban con el propósito de conquistar los lugares decisivos del país y que Ucrania se derrumbara en un santiamén. La incursión fue acompañada de cazas, helicópteros y artillería de largo alcance, los instrumentos que sirven para machacar desde lejos, y luego estaba la soldadesca, claro, todos aquellos que caminaban hacia lo desconocido, medio asustados, curiosos, y que terminaron casi siempre mal. Son los que operan de cerca, sobre el terreno, los que caen. De eso van las guerras. Hay cifras de instituciones solventes que hablan de 1,2 millones de bajas rusas —entre muertos, heridos y desaparecidos— y de unos 600.000 por el lado de Ucrania. Las conversaciones de paz no consiguen progresar y los avances de Rusia en los campos de batalla no han sido lo suficientemente significativos como para que pueda proclamar que ha cumplido sus objetivos. Todo tiene el aire de estar estancado, pero el cansancio es evidente y habría que terminar de una vez esta maldita guerra.

Hay una mutación importante. Esos tanques y blindados del principio no tienen ahora peso en las disputas militares, los que mandan son los drones, se ha calculado que producen el 80% de las bajas. También se ha hecho uso de la inteligencia artificial, las labores de espionaje e información son decisivas ante cada movimiento, así como como las tecnologías de comunicación, los sistemas de internet por satélite: por ejemplo, Starlink. Su propietario es Elon Musk, también esta guerra está en manos de personajes como él. ¿Cómo acabar la guerra, atendiendo a tantos factores? ¿O atendiendo a iniciativas que no produjeron los efectos que se esperaban? Durante cuatro años, los países occidentales amigos de Ucrania pretendieron asfixiar a Moscú con sanciones de todo tipo. Durante 2023 y 2024, sin embargo, el crecimiento económico en Rusia fue de más del 4% y, aunque se ha ralentizado, no es el país arruinado que se pretendía que acudiera escuálido a la mesa de negociación.

La guerra sigue, este invierno ha sido atroz para la gente de Ucrania, temperaturas heladoras y las fuerzas de Putin aplicadas en conciencia para que los hogares no dispusieran de energía. Que se mueran de frío; eso por lo que toca a la retaguardia. En el frente están los drones. Los soldados que esperan al enemigo para batirse pueden ser identificados con cámaras térmicas, y en un instante un dron asoma para dejarles su regalo de destrucción. En este periódico, Gloria Rodríguez-Pina ha contado desde Kiev cómo en algunas posiciones, de los diez soldados que tenían allí ubicados, y que se relevaban cada dos o tres días, quedan uno o dos y pues pasarse semanas, y hasta meses, “sin salir de las trincheras y blindajes subterráneos”.

Es ahí donde hay que poner la mirada para no olvidar que la guerra sigue. En las familias que necesitan cada noche paliar el frío en las peores condiciones para aguantar y seguir adelante. Y en esos soldados, a quienes les toca lidiar con esas condiciones insoportables. En esas condiciones, haya dejado de servir no sirva el patriotismo para mantenerse firme. Lo que va permeando a todos es la ira y el reto de consumar la venganza. No acabarán con nosotros, se dicen, y es como si conocieran el verdadero rostro del enemigo, el verdadero rostro de Putin, y estuvieran seguros de que más vale caer en el campo de batalla que triturado por la represión que llegará después. Así que no tienen otra: resistir.

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