Cae la nieve y los corderitos nacen
Portugal votó contra la ultraderecha por el miedo de un pueblo que no es rico ante la perspectiva de una pobreza peor: perder la libertad
1. Marie Descourtieux fue durante muchos años asistente de comunicación en Éditions Métailié. Dejó un perdurable legado en el sector gracias a su dedicación en cuerpo y alma al métier, en el que puso la fuerza de la disciplina adquirida en su formación como bailarina y un extraordinario don para la comprensión de los libros como la gran lectora que es. Hace unos años, dejó el mundo editorial y se hizo cargo del Prix Virginia en el campo de la fotografía, hasta que recientemente pudo asentarse en el espacio de sus sueños. Adquirió una mansión en ruinas en el sur de Francia, la rec...
1. Marie Descourtieux fue durante muchos años asistente de comunicación en Éditions Métailié. Dejó un perdurable legado en el sector gracias a su dedicación en cuerpo y alma al métier, en el que puso la fuerza de la disciplina adquirida en su formación como bailarina y un extraordinario don para la comprensión de los libros como la gran lectora que es. Hace unos años, dejó el mundo editorial y se hizo cargo del Prix Virginia en el campo de la fotografía, hasta que recientemente pudo asentarse en el espacio de sus sueños. Adquirió una mansión en ruinas en el sur de Francia, la reconstruyó alrededor del horno, la pieza central del edificio, y actualmente dirige un refugio para artistas visuales. Con el nombre de Le Four à Pain, es un proyecto cultural de extraordinaria relevancia. Estoy al tanto de esta gloriosa empresa gracias a que mantenemos correspondencia. La última vez que intercambiamos mensajes, Marie Descourtieux concluía el suyo con una conmovedora declaración, considerando los grandes desafíos ante los que la vida la ha colocado: “Aquí me siento en paz, feliz de vivir en la naturaleza al ritmo de la nieve que cae y de los corderitos que nacen”.
2. “Cae la nieve y los corderitos nacen”, me repetí muchas veces cuando cruzaba la casa a oscuras mientras las tormentas que precedieron a la borrasca Kristin empezaban a azotar Portugal, pero aún tenía ante mis ojos las imágenes de un documental que acababa de ver. ¿Cuántos niños huérfanos, deportados, robados, desaparecidos, expatriados, heridos y muertos, como consecuencia de las guerras, solo en Europa y Oriente Próximo, figuraban en los archivos de Unicef? La cifra era avasalladora. ¿Será que el mundo retrocede o se trata de la naturaleza misma de la vida, irremediable e incorregible? Ante este dilema, la rumana Ana Blandiana esgrime una idea de contrapeso que equilibra poéticamente con cierta ironía. Escribió: “Sé que la pureza no da frutos, / las vírgenes no alumbran criaturas, / así es la gran ley del ultraje, / el tributo que la vida estipula”.
Pero había otra razón para cruzar la casa a oscuras. Estábamos en plena campaña electoral, y en la última semana de la primera vuelta, la maquinaria corrosiva funcionaba a pleno pulmón. Eran ocho los candidatos con más posibilidades. Como era de esperar, en el esprint final, las antorchas iluminaron los rincones oscuros de cada uno: supuestas deudas, influencias, avidez de ganancias, mentiras, traiciones, episodios de acoso sexual publicados a última hora, sin posibilidad de verificación, todo ello tocando a rebato en los informativos en horario de máxima audiencia o, peor aún, en comunicaciones de bolsillo. Fuego cruzado. Quien no estaba embarrado ni siquiera existía. En medio del lodo, es poco probable que nadie se fije en quien no está enlodado. A quien no se embarra se le considera un ladino, un disimulador, alguien sin charme que no atrae la atención. Y, en esa condición excepcional, había uno.
3. Además, en una extraña fusión de elecciones presidenciales y legislativas, cada candidato representaba una facción. En cuestión de facciones, la extrema derecha representaba la facción de las facciones. El candidato que la representaba no ocultaba a lo que venía: cambiar el régimen, erradicar la depravación democrática, expulsar a los inmigrantes a un lugar lejano, a un páramo donde no se oiga ni el sonido del amanecer ni un mechón de lana, como decían las brujas de antaño. En otras palabras, fuera los gitanos, los que llevan turbantes, los bangladesíes que nos reemplazan, hacen cola en nuestros hospitales, cuyos hijos invaden nuestras guarderías, y ellos en cuanto se hacen con un taxi, no hablan portugués, pero roban a hombres y violan a mujeres. Para poner fin a este desorden civilizatorio lusitano, sería necesario traer de vuelta no a uno, sino a tres Salazares, sic. Y de esta forma, cuando vengan a Portugal los presidentes de las repúblicas de Brasil y Angola, deberán ser tratados como merecen: como traidores, ladrones y criminales, sic. Hacía mucho tiempo que no se oía en tierras portuguesas una epopeya tan liberadora, de las que desatan nuestros impulsos reprimidos. En las pantallas, los jóvenes se agolpaban, libando el placer de insultar a la gente e impartir la justicia natural sin la mediación de la sofisticación de la ley. Era ahora y de inmediato, con las manos en los bolsillos y las conspiraciones en la Red. Cuantas más distorsiones y falsedades, más alentador y prometedor sería el radiante futuro para mañana por la mañana, sin tener que esperar un día más.
Ahora, unos días después, la tormenta Kristin, como un oráculo, se ha encargado de demostrar cómo, al igual que en el curso de más de 50 años de democracia, no ha sido posible evitar que la gente sea víctima de inundaciones, deslizamientos de tierra y tormentas eléctricas. Y así, las muertes que se producían, a ojos de la población desposeída, se transformaban en asesinatos perpetrados por los demócratas. Tras escuchar todo esto y oír los elogios a quienes hablaban así, por ensanchar de forma imparable su séquito de adeptos, como la leche que se desborda al hervir, crucé la casa a oscuras, repitiéndome, para que mi alma sobreviviera: “Y con todo, alrededor de Le Four à Pain, cae la nieve y los corderitos nacen”.
4. Repito ahora, de nuevo, que la primera vuelta de las presidenciales tuvo lugar el 18 de enero y la segunda el 8 de febrero; lo repito como un mantra. La historia es fácil de resumir. En la primera vuelta, resultaron elegidos dos candidatos: André Ventura, de extrema derecha, y António José Seguro, de centroizquierda, algo que, en determinado momento, empezó a ser lo esperado. Lo inesperado fue lo que ocurrió en la segunda vuelta. Desde la extrema izquierda hasta la derecha liberal y la derecha conservadora, pasando por los dos principales partidos de centro, silenciosamente, la población portuguesa se unió en torno al candidato que representaba la defensa incondicional de la Constitución y la democracia. Ni siquiera la etiqueta de socialista —hoy en día, una descalificación que roza lo odioso, como si estuviéramos en Estados Unidos— impidió que António José Seguro recibiera la mayor votación jamás obtenida en las elecciones a la presidencia de la República en Portugal.
Y, lo que es más importante, Seguro no había amenazado a nadie, ni hablado mal de ninguno de sus competidores, ni insultado, no había lanzado falacias, no se mostró agresivo ni grosero. La actividad de su candidatura en las redes sociales no arremetía contra los demás candidatos. Es decir, se había desvinculado por completo de la modernidad que hoy une a Oriente, Occidente y Europa en la misma exigencia histérica de un hombre fuerte, y aun así ganó. Un caso de estudio en el panorama del comportamiento antropológico actual, un resultado que provocó una alegría generalizada y que se explica por el miedo que, a fin de cuentas, experimenta un pueblo que no es rico ante la perspectiva de volver a un estado de pobreza aún más crítico, como sería la pérdida de la libertad, que en Portugal tanto nos costó conseguir.
5. Mientras tanto, la borrasca Kristin situó el país en estado de emergencia. Tres semanas después, aún se están evaluando los daños y los efectos de tanta calamidad son devastadores. Cientos de personas siguen desplazadas, miles de ellas carecen de techo, electricidad, agua, internet, teléfono, trabajo, puentes o carreteras. Gran parte del tejido empresarial ha quedado destruido. La tarea que le espera al nuevo presidente de la República no es fácil. Tantas esperanzas diversas, procedentes de tan distintos lugares, se reflejan en su rostro. Veremos. Lo indudable es que, en ciertos lugares de la Tierra, cae silenciosa la nieve y los corderitos nacen.