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Tu empresa te quiere

Parte de los problemas de salud mental en el trabajo se solucionarían pagando mejor a los empleados

Peter Cade (Getty)

A una amiga le han puesto psicólogo 24 horas en el curro. Bueno, a ella y a sus compañeros. Les han dado un teléfono fijo y un WhatsApp donde pueden contarle sus penas y pedirle ayuda a un señor o señora terapeuta sin cargo a su nómina. Es su empresa, que los quiere, quien paga a otra firma de servicios de bienestar (sic) para que ofrezca a sus “colaboradores” un amplio abanico de soluciones para la vida moderna. Porque, además de por la mental, los nuevos partners también velan por la salud financiera (sic), el crecimiento personal y profesional y el acompañamiento en el ...

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A una amiga le han puesto psicólogo 24 horas en el curro. Bueno, a ella y a sus compañeros. Les han dado un teléfono fijo y un WhatsApp donde pueden contarle sus penas y pedirle ayuda a un señor o señora terapeuta sin cargo a su nómina. Es su empresa, que los quiere, quien paga a otra firma de servicios de bienestar (sic) para que ofrezca a sus “colaboradores” un amplio abanico de soluciones para la vida moderna. Porque, además de por la mental, los nuevos partners también velan por la salud financiera (sic), el crecimiento personal y profesional y el acompañamiento en el puritito día a día: desde ayudar con la declaración de la renta a buscar guardería para tu bebé o tanatorio para tu padre. Todo, con el fin último de lograr la felicidad en la compañía, en esa energética prosa de los gurús de negocios a mayor gloria del eufemismo que da ganas de desayunar lo mismo que ellos.

A ver, como le dije a mi amiga: yo me alegro por ella y por sus compañeros y sé que todo eso obedece a la responsabilidad social corporativa de su empresa, y a un legítimo deseo de fomentar el sentimiento de pertenencia y retener el talento, además de evitar el absentismo, las bajas por depresión y ansiedad y el síndrome del trabajador quemado. Pero, por lo que sea, no me veo llamando de madrugada a un desconocido subcontratado por mis patronos para contarle, qué sé yo, que el sueldo no me llega, que los horarios me están matando, o que un jefe me hace la vida imposible. Llámenme desagradecida, desconfiada, vieja pelleja, pero igual parte de esos problemas se paliarían, como les dijo el otro día Pedro Sánchez a los empresarios, pagando mejor a los trabajadores. Sobre todo, porque ese deseo de paz y amor en el tajo no es óbice ni cortapisa para que, cualquier día, en cualquier curro, recibas una llamada invitándote a irte por esa puerta con el argumento de que los trenes solo pasan una vez y hay que cogerlos. O igual todo esto es el futuro, digo el presente, y yo no soy más que una boomer resistente a los cambios. Estoy mayora.

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