Sabíais que pasaría
En política, se asume que sucederán determinados hitos y se vive a la espera de que llegue un momento clave
Todo lo que pasó estaba escrito de antes: por eso hicieron que pasara. Todo lo que pasará está escrito también de alguna manera, y por eso quieren que pase. En la época más imprevisible, la vida política española se ha ido a sumir en una cadena de actos que las encuestas anticipan con cierta precisión. Ahora, las noches electorales ya no guardan sorpresas.
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Todo lo que pasó estaba escrito de antes: por eso hicieron que pasara. Todo lo que pasará está escrito también de alguna manera, y por eso quieren que pase. En la época más imprevisible, la vida política española se ha ido a sumir en una cadena de actos que las encuestas anticipan con cierta precisión. Ahora, las noches electorales ya no guardan sorpresas.
Se sabía que el PP ganaría las elecciones en Extremadura y que las ganaría en Aragón, aunque en el partido no contaban con dejarse dos escaños. Se sabía que el PSOE se hundiría en Extremadura y que en Aragón se asomaría al abismo de romper su peor registro. Se sabía que, en ambas comunidades, Vox se iba a disparar. Los sondeos apuntan tendencias similares para las próximas elecciones, que son las de Castilla y León, con la duda —la primera duda de verdad— de saber qué ocurrirá en Andalucía. Es decir, si Juanma Moreno revalidará la mayoría absoluta o quedará también en manos de Vox en la comunidad más poblada de España.
La política, que viene de tantos giros de guion, parece instalada en la irreversibilidad de los hechos: está pasando lo que ya se sabe. Se asume, pues, que sucederán determinados hitos y se vive a la espera de que llegue un momento clave. Lo será para Pedro Sánchez y para Alberto Núñez Feijóo: las próximas elecciones generales. En eso están, o eso parece. Están a la espera.
En el PSOE esperan que las alianzas entre el PP y Vox movilicen a un electorado que perdió la ilusión o el miedo. Por el camino, se van dejando votos y escaños territorio a territorio. En el PP esperan que el goteo de derrotas derribe a Sánchez. Por el camino, se atan al ideario de Vox, cada vez más fuerte. Los grandes partidos esperan el momento clave como si fuera el examen final, y quizá lo sea para sus líderes. Ocurre que, para cuando llegue el día, igual hasta se sorprenden de cuáles son sus propuestas y en qué estado han quedado sus partidos. Puede que entonces les llame la atención que, en este tiempo en el que esperaban, hayan pasado tantas cosas: aquellas que ellos ya sabían que iban a pasar.